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Resumen electrónico de EIR, Vol.XXII, núm. 10
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En memoria de Jorge Carrillo:
El
ministro obrero que se jugó la carta LaRouche


Jorge Carrillo, su amigo y colaborador Pedro Rubio (centro, a la izquierda de Carrillo)
y Manuel Carulias (der.), de Argentina, participan el 24 de noviembre de 1984 en la
tercera conferencia internacional del Instituto Schiller. Helga Zepp–LaRouche, la
fundadora del Instituto Schiller y esposa de Lyndon LaRouche, aplaude de pie.
(Foto: Stuart Lewis/EIRNS).

por Maximiliano Londoño Penilla

El 20 de marzo falleció el destacado dirigente sindical colombiano y ex ministro de Trabajo, Jorge Carrillo Rojas, a los 69 años de edad, cuando se desempeñaba como director de la Caja de Compensación campesina, Comcaja, cargo al que fue nombrado por el presidente Álvaro Uribe. En los diversos cargos que ocupó, desde obrero raso, hasta ministro de Trabajo y embajador de Colombia en Guatemala, Carrillo siempre fue el hombre sencillo que todos conocimos, pero profundamente apasionado y vigoroso en la defensa del interés legítimo de los seres humanos: el derecho inalienable a un trabajo digno, estable y bien remunerado. Carrillo respondió con efectividad y presteza a los desafíos de su tiempo enarbolando la bandera de la Iglesia católica de la justicia social, expresada en particular en la enseñanza y obra de los papas León XIII, Juan XXIII, Paulo VI y Juan Pablo II. Esta visión de Carrillo comprometida con el cambio social y el progreso de los pueblos, se vio potenciada por la relación de amistad y cooperación estrecha que en los últimos casi 30 años sostuvo con el estadista norteamericano Lyndon H. LaRouche y con su esposa, la dirigente política alemana Helga Zepp–LaRouche.

Quien escribe estas líneas, en su doble condición privilegiada de amigo personal y colaborador directo de Carrillo, por un lado, y de representante político de LaRouche en Colombia, por el otro, durante casi tres décadas, puede afirmar con conocimiento de causa que Carrillo se jugó la carta LaRouche hasta sus últimas consecuencias, a pesar de las amenazas y presiones a que fue sometido, en sentido contrario, desde Wall Street y la City de Londres, por parte de diversos voceros del actual cartel financiero internacional que rige al mundo.

El libro Las tesis de un ministro obrero frente a la problemática del desempleo: Memoria 1985–1986, publicado en abril de 1986 por el Ministerio de Trabajo de Colombia, recopila varios de los discursos y documentos más relevantes de la gestión de Carrillo como ministro de Trabajo y Seguridad Social. Ubiquémonos, pues, en el estrado de la historia universal. ¿Cómo llegó a convertirse Jorge Carrillo en ministro de Trabajo en el Gobierno de Belisario Betancur, cuando el ministro de Hacienda, Roberto Junguito, por tres años había ejecutado el más ortodoxo y salvaje de los designios del Fondo Monetario Internacional (FMI)? Más aun, ¿cómo fue posible que Carrillo, quien como dirigente sindical de la Unión de Trabajadores de Colombia (UTC) fue el principal opositor de la política del FMI aplicada por Junguito, pudiera llegar a ser parte del mismo gabinete ministerial donde existirían entonces dos programas económicos totalmente antagónicos? Y para completar, ¿cómo es que Carrillo nombra como su asesor económico en el Ministerio de Trabajo a Maximiliano Londoño Penilla, vocero público en Colombia de las políticas de Lyndon H. LaRouche?

Conflicto con López Michelsen y los narcotraficantes

En dos de sus libros, el ex presidente y mensajero de los carteles de la droga Alfonso López Michelsen refiere con extrañeza al nombramiento de Londoño en el Ministerio de Trabajo, y señala que le hizo los reclamos correspondientes al entonces presidente Belisario Betancur. En el libro Parábola del Retorno, en el marco de tratar de justificar por qué se había reunido con los jefes de los carteles del narcotráfico colombiano en Panamá, a escasa una semana de que asesinaran al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, el ex presidente López señala: “Pocos meses después, un tal Maximiliano Londoño, a quien no he visto en mi vida, comenzó a acusarme de narcotraficante, de haber secuestrado a su mujer y de haber sido cómplice de los episodios relacionados con el Banco de Colombia y el grupo Grancolombiano. . . Es la táctica conocida de un político norteamericano, de nombre LaRouche, que le suministra fondos a un llamado ‘Movimiento Andino de Coalición Antidroga’ ”.

López refiere el secuestro de mi esposa Patricia, a escasos dos meses de que el activo y combatiente ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla fuera asesinado por los capos del narcotráfico, los mismos con los que López se reunió en Panamá, dizque para traer la propuesta de que ellos estaban incluso dispuestos a pagar la deuda externa de Colombia si no los extraditaban a Estados Unidos y firmaban con ellos una “paz honorable”. Con el asesinato de Lara, los narcotraficantes pretendían poner de rodillas al Gobierno de Betancur, pero les salió el tiro por la culata, porque en lugar de aflojarse, la política antidrogas se endureció.

De nuevo, en su libro Palabras pendientes: Conversaciones con Enrique Santos Calderón, publicado en abril de 2001, López insiste en preguntarse por qué Betancur permitió el nombramiento de Londoño en el Ministerio de Trabajo. El asunto fundamental es que el secuestro de mi esposa, efectuado para intentar destruir las actividades organizativas larouchistas en Colombia —actividades que, entre otras cosas, habían contribuido a que López no pudiera ser presidente de nuevo, ya que el Partido Laboral andino (asociado a LaRouche) había denunciado a López como el “pollo que pone huevos de coca”—, recibió una respuesta por parte de LaRouche que López y los narcos no se esperaban. LaRouche dirigió una campaña internacional en las principales capitales del mundo, denunciando la implicación de López en gestionar un “proceso de paz” con los carteles de Cali y Medellín. LaRouche dio instrucciones para que la entrevista que López le dio al diario El Tiempo luego de reunirse con los capos de la droga, fuera reproducida a nivel internacional. En esa entrevista López se declaraba como mensajero de la mafia, y exigía que el Gobierno de Colombia se sometiera a los intereses de los narcotraficantes.

Claro, cual no sería la sorpresa de López cuando unos pocos meses después del asesinato de Lara Bonilla y del secuestro de mi esposa, Jorge Carrillo, amigo de LaRouche, en su posición de ministro de Trabajo, me nombraba su asesor económico. En síntesis, LaRouche en su defensa de Colombia había logrado: 1) contribuir de menera decisiva a impedir que López Michelsen volviera ser Presidente de Colombia; 2) destruir la operación de López y los carteles del narcotráfico para obligar al Estado colombiano a someterse a sangre y fuego a las condiciones dictadas por los narcos; y, 3) que su vocero en Colombia fuera nombrado asesor económico del ministro de Trabajo Jorge Carrillo, quien a su vez también era amigo y colaborador de LaRouche.

La integración iberoamericana

En 1982 LaRouche publicó su memorando estratégico Operación Juárez, en el que elaboraba una política alternativa a la demencial austeridad fiscal del FMI. LaRouche se reunió en mayo de 1982 con el entonces Presidente de México, José López Portillo, y como parte de sus propuestas surgió el documento Operación Juárez. En agosto de 1982 el presidente López Portillo, en defensa del interés legítimo y soberano de su nación, declaró una moratoria a la deuda externa, que en su momento no fue respaldada por Brasil y Argentina, pero que causó un pánico de lo más grande al cartel de acreedores, los pretendidos amos del Olimpo que dominaban al mundo. Para septiembre de 1982, López Portillo había impuesto el control de cambios y nacionalizado la banca mexicana. López Portillo lanzó así la bomba de la deuda y, como secuela de este proceso, LaRouche comisionó la elaboración y publicación del libro La integración iberoamericana: ¡Cien millones de nuevos empleos para el año 2000!, del cual, tan sólo en su primera edición, circularon más de 50.000 ejemplares. LaRouche escribió la introducción a este libro en abril de 1986. En él se detallaban las grandes obras de infraestructura que debían emprenderse en la región para erradicar de forma definitiva la pobreza.

En la actualidad, la médula de las propuestas de este libro sigue siendo el verdadero programa para la sobrevivencia de los países de Centro y Sudamérica. Allí se detallan los corredores ferroviarios necesarios para articular al continente; los grandes proyectos hidráulicos para conectar las cuencas del Orinoco, el Amazonas y el Paraná en Sudamérica; el Plan Hidráulico del Noroeste (PLHINO) y el Plan Hidráulico del Golfo Norte (PLHIGON), para llevar agua de los ríos del sur de México a la zona norte; los canales interoceánicos para unir al Pacífico y al Atlántico; los grandes proyectos agrícolas, mineros e industriales para la región; el uso industrial de la energía nuclear, los rayos láser y los plasmas de alta densidad energética; y los fundamentos para establecer un Mercado Común Iberoamericano, proyectos, todos estos, que deberían iniciarse poniendo coto a la sangría de las naciones que se realiza mediante el creciente y usurero servicio de la deuda.

El reciente llamado a la integración iberoamericana por parte de los presidentes Luiz Inácio Lula Da Silva de Brasil, Hugo Chávez de Venezuela, Álvaro Uribe de Colombia y José Luis Rodríguez Zapatero de España, sólo puede entenderse en su verdadera dimensión si se comprende el impacto profundo que ha tenido en la región y en el mundo, como lo manifestara López Portillo, “la sabia palabra de Lyndon LaRouche”.

En noviembre de 1984, durante la III Conferencia Internacional del Instituto Schiller que tuvo lugar en Washington, fue creada la Comisión Sindical del instituto. Jorge Carrillo fue uno de los fundadores. En julio de 1985 se realizó la Primera Conferencia Sindical Continental en la Ciudad de México, donde quedó establecida la Comisión Sindical Iberoamericana. Entre los coordinadores de esta nueva entidad estaba Pedro Rubio, compañero y representante de Carrillo. El 2 de septiembre de 1985 Carrillo fue nombrado ministro de Trabajo de Colombia. En agosto de 1986 se publica el libro La Integración Iberoamericana, del cual, tan sólo en su primera edición, circularon más de 50.000 ejemplares. En octubre de 1987 viene el crac de Wall Street que LaRouche había pronosticado que ocurriría. Desde entonces ha arreciado la densidad de quiebras bancarias, comerciales e industriales, y el estallido de diversas burbujas financieras.

Jorge Carrillo fue un pionero en la batalla por la integración física de nuestras naciones. Su legado tiene ahora más vigencia que nunca; lo extrañaremos, pero el faro de su coraje y de sus enseñanzas nos seguirá iluminando.