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La globalización destruye la agricultura
¿De dónde viene tu comida?

por Marcia Merry Baker

La globalización —un desastre comprobado— será la prioridad número uno en Nashville, Tennessee, cuando el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos inaugure el primero de una larga serie de “Foros Agrícolas” de consulta pública sobre la orientación de una nueva ley agrícola de cinco años de duración, que entrará en vigor en el 2007. En el primero de los seis temas a debatir que el Departamento de Agricultura dio a conocer en junio, se pregunta: “¿Cómo debe delinearse la política agrícola para maximizar la competitividad de los EU y la capacidad de nuestro país para competir con efectividad en los mercados globales?”

En realidad, el cambio de los últimos 30 años en el abasto de alimentos, de un modelo de granjas agrícolas nacionales a la “tercerización global” —como se conoce en la jerga librecambista—, ha tenido un impacto mortal, como era predecible. África sufre una escasez de alimentos que raya en el genocidio. México, que era un exportador cerealero neto en los 1960, hoy tiene enormes “zonas de hambruna”.

En los EU, las regiones agropecuarias otrora altamente productivas y capitalizadas, y de infraestructura avanzada —desde granjas lecheras y de ganado de engorda, hasta las que producen cereales, frutas y vegetales—, han sido desmanteladas, al grado que los condados rurales experimentan una despoblación generalizada. Los pocos centros nuevos de producción de alimentos en los EU dependen de la mano de obra barata de los inmigrantes. Para junio del 2004 los EU ya eran, en términos monetarios, un importador neto de alimentos; o sea, que el valor de los alimentos que importan excedió el de las exportaciones. En el caso de muchos alimentos básicos, el grueso del consumo estadounidense depende ahora de la producción extrajera.

Desde julio, por órdenes de Lyndon LaRouche, como parte de su movilización de legisladores y ciudadanos para entender la economía física e intervenir con medidas de emergencia en el proceso de derrumbe que ahora vive la economía y la superestructura financiera en general, EIR viene elaborando una serie de mapas y animaciones sobre el comportamiento económico y las fuentes de abasto de alimentos de los EU (ver “Recreating Our Economy” en www.larouchepac.com).

Hay dos aspectos centrales que caracterizan la caída de los últimos 35 años en la capacidad de producción de alimentos y la agricultura estadounidense. Ambos implican la imposición de prácticas agrícolas y comerciales que sirven a los intereses de unas cuantas multinacionales selectas que comercializan productos básicos, y grupos financieros relacionados, por encima del de las naciones soberanas. En primer lugar, hubo una deslocalización de la producción en el nombre del “libre” comercio (amañado) y la “competencia” internacional, en especial con los cambios internacionales sucesivos impuestos a través de la Ronda de Uruguay del GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio de la ONU) en los 1980, el Tratado de Libre Comercio entre Canadá y los EU en 1989, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en enero de 1995. En segundo lugar, la producción agropecuaria nacional estadounidense tradicional de infraestructura avanzada ha pasado por un desmantelamiento generalizado, en favor de los centros de producción de mano de obra barata controlados por los carteles.

La dependencia alimentaria de los EU

La tabla 1 muestra un cuadro general, por grupo alimenticio, del grado cada vez mayor del que los EU vienen dependiendo de los proveedores extranjeros para su abasto básico de alimentos en los últimos 20 años. Desde que fueron recabadas estas cifras (febrero del 2004), la tendencia se ha intensificado. Las cifras muestran la proporción de las importaciones en el consumo en términos del volumen, no del valor monetario. Así, la dependencia de las importaciones en el consumo de pescados y mariscos, por ejemplo, ha aumentado a cerca del 80%; la proporción importada en el consumo estadounidense de frutas, jugos y nueces rebasa ahora el 33%.

Esta última categoría, además de muchas verduras, comprende los llamados “productos hortícolas”, que han venido encabezando el auge importador de los EU en los últimos diez años. Un 43% de todas las importaciones agrícolas de los EU en el 2003 fueron hortalizas (tomates, chiles, espárragos, cebollas, etc.). Ya para el 2001 México era la fuente, por sí solo, del 27% de todas las importaciones de frutas de los EU, y del 38% de las de vegetales. Las peculiaridades de este flujo de importaciones demuestran la desorganización que esta suerte de comercio y producción representa para la agricultura, el transporte, el manejo y distribución, y otros aspectos de la economía física de los EU, México y otras naciones que son socias en este “libre” cambio destructivo.

Los EU tiene el potencial agroclimático necesario para lograr la autosuficiencia en todos los cultivos, casi todo el año, salvo algunos que son tropicales o especializados, como el plátano, la piña, el café, etc. Estos vienen en su mayoría de la producción a campo abierto y, por supuesto, también de la agricultura “protegida” (con vidrio, plástico y de otras formas). Los condados que producen cultivos invernales están en California, Arizona, Texas y Florida, además de Hawái y Puerto Rico.

Sin embargo, una vez que el TLCAN fue eliminando los aranceles en la importación de frutas y verduras mexicanas a los EU, varias empresas de las redes de los carteles globales emprendieron operaciones de exportación enormes en México. Esto aplica a los alimentos congelados y a algunos de los procesados, así como a los frescos. Consiguientemente, disminuyeron los condados agrícolas estadounidenses que concentraban la producción de frutas y verduras. Bajo la misma pauta, la producción de hortalizas de temporal que había alrededor de las ciudades también desapareció, conforme la expansión suburbana desplazó a las granjas.

El gran auge de las importaciones de tomate de México y Canadá ilustra el proceso, como lo muestra el mapa 1.


La subversión de las regiones agrícolas de los EU

Aparte de la dependencia de la importación de alimentos instaurada en los EU, y de la orientación exportadora impuesta en México, Canadá y otras partes para ciertos productos alimenticios, que ha remplazado grandes sectores de la agricultura estadounidense, hay algunos otros productos que siguen produciéndose en los EU, pero con métodos retrógrados. Ha habido cambios generales, lejos de la agricultura tradicional altamente organizada de los condados, hacia los “nuevos” centros de producción de mano de obra barata administrados por los carteles globalizadores.

En especial, éste es el caso de los productos lácteos, porcícolas, avícolas, y de ciertos cultivos como el frijol de soya. Por ejemplo, para los 1960 la producción de puerco estaba concentrada en el “cinturón porcino”, que iba desde Ohio hacia el oeste, y se concentraba en Iowa e Illinois. En 1981, de 58 millones de cerdos en pie que había de los EU, 16 millones estaban en Iowa. Le seguían Illinois, Minnesota, Nebraska y Misurí, con 18 millones. Las granjas familiares eran lo que predominaba. En Iowa, donde casi 90% de la tierra es cultivable, las aguas residuales de los cerdos servían de fertilizante y para otros usos. Había plantas procesadoras en toda la región. El cultivo de forraje para cerdos también aumentó. Hasta los 1970 las granjas aún usaban el ferrocarril para la comercialización y el abasto de insumos.

Luego, en los 25 años que siguieron, unas cuantas compañías globales consolidaron su control del cerdo —y de todo el procesamiento de carnes— y, a su vez, montaron sus propias “fábricas pecuarias” o dictaron en qué términos comprarían los animales (especies, precios). Miles de granjas familiares de los EU quebraron. Al mismo tiempo, el procesador de cerdo más grande del mundo, Smithfield, con sede en Virginia, decidió montar una operación porcícola gigantesca en Carolina del Norte, junto con otras cuantas multinacionales.

En 1981 Carolina del Norte tenía 1,98 millones de cerdos criados en granjas familiares del cinturón pecuario de Piedmont; hoy llegan a 9,7 millones, la mayoría criados por Smithfield y otros miembros del consorcio. El alimento para cerdo se importa de Brasil, a través de un puerto nuevo que el consorcio empacador estableció en Wilmington. Grupos de trabajadores inmigrantes atienden las porquerizas. En caso de que brote alguna enfermedad entre los animales, el resultado automático será un golpe al abasto nacional de alimentos.

El volumen de aguas residuales de los cerdos es tan grande en relación a la tierra cultivable de Carolina del Norte —la mitad del estado son montañas y bosques—, que aun aplicando toda la mezcla de heces fecales y orina a los campos agrícolas con la más alta tecnología en el manejo del subsuelo, simplemente no hay suficiente superficie para darle uso a ese volumen de inmundicia. En junio de 1995, durante la temporada de inundaciones, una gran cantidad de desechos de cerdo saturó el río New.

En el oeste medio de los EU, los condados otrora dedicados a la cría del cerdo han experimentado una pérdida general de granjas familiares e infraestructura —ferrovías, hospitales, centros urbanos—, y empiezan a despoblarse. Iowa mismo aún tiene el mismo número de cerdos que en 1981, 16 millones, pero muchos más se crían en operaciones familiares mayores, donde los miembros de la familia tienen que trabajar fuera de la granja en busca de ingresos, o en las instalaciones de megaemporios porcícolas. Los estados vecinos tienen 2 millones de cerdos menos que en los 1980.

Las implicaciones del descenso en la producción nacional de alimentos en los EU fue el tema de un reportaje de Jack Coffman y George Anthan, que el Kansas City Star publicó el 29 de mayo (kansascity.com): “Las viejas tradiciones de las planicies de pastoreo y cultivo están desapareciendo”. “ ‘Ahora tenemos un sistema de entrega de alimentos justo a tiempo’, es la descripción de la vulnerabilidad del abasto de alimentos de los EU a la escasez, que hace el doctor William Heffernan de la Universidad de Misurí. ‘Cualquier cosa que altere ese sistema, aun un ataque terrorista, es algo con lo que chocamos muy pronto’ ”.

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