Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

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EL PRINCIPIO DEL FLANCO:

Victoria o Infierno

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.

13 de junio de 2011


El antiguo ejército romano fue destruido por Aníbal mediante una operación de doble flanqueo. Una fuerza superior de austríacos fue derrotada en su copia bien diseñada de la derrota propinada por Aníbal a los militares romanos, una copia que se ejecutó exitosamente con la derrota de la masa superior de las fuerzas austríacas por medio de una fuerza menor dirigida por Federico el Grande, en Leuthen. El principio en ambos casos ejemplares se aseguró no mediante las fuerzas militares como tal, sino por medio del principio de las estrategias que son inherentes a la mente humana, no mediante la fuerza nominal de las tropas como tal. La cuestión en tales casos, no son las fuerzas como tal, sino el principio superior que haya tenido la mente del comandante y sus fuerzas. La guerra se gana mejor por otros medios.

Un ejemplo fundamental de este principio se demostró con el consejo del general Douglas MacArthur al presidente John F. Kennedy de no permitir una guerra terrestre prolongada de los Estados Unidos en Asia; el presidente Kennedy estuvo de acuerdo, y Kennedy fue asesinado porque se oponía a esa guerra que los británicos concibieron como un medio de arruinar al rival más capaz de Gran Bretaña, nuestro Estados Unidos. La guerra siguió su marcha mediante el asesinato de Kennedy, y desde entonces Estados Unidos ha estado arruinado para gran satisfacción de los británicos. Esos asuntos son, esencialmente, expresiones de batallas mentales, como que ciertos presidentes estadounidenses le han servido a las intenciones imperiales británicas desde el asesinato del presidente Kennedy y de su hermano Robert.

De igual forma, Estados Unidos ha sido arruinado con la ayuda de presidentes como Barack Obama, cuyas lealtades esenciales se expresaron en sus apasionados lazos con la reina imperial británica.


La única cuestión propia al librar una guerra, es que no haya otra alternativa. Considerando el riesgo y los costos de entrar en un estado de guerra, sería mejor que nunca necesitáramos la guerra en lo absoluto. Si es necesario, hay que desarrollar las capacidades necesarias para derrotar a un enemigo cuyas intenciones depredadoras no se puedan contener por un medio de contención menor; en estos asuntos, como han sostenido los maestros del ajedrez, la amenaza es más poderosa que el ataque.

Como lo había advertido el canciller Bismarck, Alemania no debía apoyar al Imperio Austro Húngaro en una nueva guerra de los Balcanes, porque un ataque austríaco a las fuerzas más débiles de los Balcanes provocaría un despliegue masivo de las fuerza rusas contra el Imperio Austro Húngaro. Una vez que Alemania fuese lo suficientemente estúpida para no chantajear al káiser austríaco para que retirara el apoyo de Austria a la guerra de los Balcanes dirigida por Londres, lo único que necesitaba Londres era eliminar al canciller Bismarck de su cargo para asegurar que la guerra geopolítica británica en el continente europeo produjera la ruina de la Europa continental bañada en la guerra. Las manos de la familia real británica sacaron a Bismarck de su cargo, y la Primera Guerra Mundial, y las premisas para la Segunda Guerra Mundial, por decirlo así, ya estaban "en el paquete". El respaldo de la monarquía británica al ascenso de Adolfo Hitler en Alemania aseguró la virtual inevitabilidad de la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias de esa guerra.

En particular, como había advertido el ex canciller Bismarck desde su retiro forzado, la Primera Guerra Mundial, que de modo previsible ya era inevitable, y también el derrocamiento del zar de Rusia, constituyó principalmente la reacción de los británicos a la victoria de los Estados Unidos bajo el presidente Abraham Lincoln contra las operaciones de los servicios diplomáticos británicos de encender la guerra civil apoyada por los británicos en los Estados Unidos. Hay dos motivos principales de la campaña de la monarquía británica imperial de 1890-1917 para destrozar al conjunto de naciones de Europa continental mediante una guerra concebida como una gran estrategia a semejanza del triunfo británico en su instrumentación de la llamada "Guerra de los Siete Años". Bismarck, en su retiro forzado antes de la Primera Guerra Mundial, afirmó exactamente esto.

Es esencial entender que el imperio británico es un imperio, un imperio que no se fundamenta esencialmente en colonias como tales, sino en la capacidad de sus diplomáticos, servicios de inteligencia asociados, y sus aliados y cómplices británicos, tanto concientes como estúpidos, en la instrumentación de guerras libradas con un costo enorme para las regiones respectivas del mundo en ese momento. En el caso de la orquestación del imperio británico de la primera y la segunda "Guerras Mundiales", la cuestión central fue el efecto combinado del establecimiento del sistema ferroviario transcontinental de Estados Unidos y el eco de la misma cualidad de intención no solo dentro de Europa continental sino también con ramificaciones al Asia: de allí se desprenden las "intenciones geopolíticas" declaradas de Gran Bretaña.

En esencia, el patrón continúa -desde el predominio y azote de los representantes del Nuevo Partido Veneciano, Guillermo de Orange, en Gran Bretaña, mediante mucho más que dos "Guerras Mundiales" mentadas- en la conducción de la monarquía británica del estado inminentemente terminal del derrumbe económico general de Estados Unidos y muchas otras naciones, un derrumbe que está ingresando en su fase terminal bajo la dirección de la actual monarquía Británica. Si no se les detiene ahora, dentro de un período breve de semanas, o si acaso de algunos meses, el planeta entero será arrastrado a la más monstruosa orgía de muerte y de otras ruinas en la historia conocida.

De esta manera, en el momento actual, todo depende del restablecimiento de la ley Glass-Steagall de 1933 del presidente Franklin Delano Roosevelt. Hay un deseo profundamente arraigado y con una base amplia en la población de Estados Unidos de que el actual presidente estadounidense, Barack Obama, sea sacado cuanto antes de su cargo, por los motivos contenidos en la 25ava Enmienda Constitucional; los motivos son la pruebas contundentes de la inestabilidad mental de este presidente, lo cual cae dentro de las cláusulas de esa enmienda. Obama, un declarado agente de facto de una potencia extranjera, la monarquía británica actual.

Esto ocurre en medio de una crisis de desintegración general ya en marcha, de las economías de la región transatlántica en general. Un caída cada vez mayor de la producción física y de la riqueza de Estados Unidos, per cápita y por kilómetro cuadrado, en que la economía estadounidense está profundamente en bancarrota desde el punto de vista de los activos tanto financieros como físicos per cápita y los ingresos físicos por kilómetro cuadrado, ha creado una condición en todas la regiones transatlánticas, incluyendo el interior de Europa, lo cuál está ahora al borde de una implosión económica física explosiva, y si se permite sería el fin de la civilización transatlántica, un desplome comparable en características de forma a lo que se hizo en la Alemania de Weimar en 1923, pero esta vez a escala transatlántica, y no en una sola nación.

La única acción que podría tomarse para impedir la precipitación en una prolongada "nueva era de tinieblas" del planeta, dependería de ciertas acciones que se inicien desde Estados Unidos y por Estados Unidos: el restablecimiento de la ley Glass-Steagall de 1933, con los mismo términos exactos especificados durante la década de los años 1930 por el Presidente Franklin D. Roosevelt. Si esto se lleva a cabo, entonces tiene que haber una segunda acción: un regreso a las medidas de protección económica empleadas por Estados Unidos entonces como respuesta a la Segunda Guerra Mundial, pero ahora necesaria simplemente como una acción de recuperación de la economía: Controles de precios y otros controles relacionados para prevenir la amenaza activa de una inflación galopante. La intención sería que Estados Unidos y a las naciones socias regresaran al propósito tradicional agroindustrial de los Estados Unidos que elaboró en detalle el secretario del tesoro estadounidense Alexander Hamilton: el propósito que se había establecido como las implicaciones esencialmente estratégicas de la Constitución Federal estadounidense.

Europa, a la cuál nos vemos impulsados a ayudar con las mismas medidas de alivio que tomamos en nuestro propio interés estadounidense, necesitaría salirse de su forma particular de desorden financiero, adoptando un sistema crediticio comparable a las intenciones de Glass-Steagal y sus efectos. El objetivo apropiado de esta reconstrucción de la política económica es restablecer un sistema crediticio de tipos de cambio fijo entre las naciones, con una visión de facilitar la cooperación extendida globalmente en el salto ascendente de la productividad física de modos intensivos de capital a largo plazo en todo el planeta.

Tenemos que reconocer, al mismo tiempo, que la historia no existe en lo que muchos identifican, simbólicamente como un plano recto. Esto nos lleva a la intención particular de clarificar por qué necesitamos regresar a un sistema de lo que son los estados nacionales respectivamente soberanos.

 

Vacas, caballos, gallinas y cerdos

La noción de una sociedad "unimundista", significa que seamos, inevitablemente, un imperio mundial de la peor calidad posible. Significaría una dictadura mundial de forma afianzada de tiranía e imperio que sería, con respecto a todos los aspectos que generan objeción, una forma de tenaza imperial y con proclividades genocidas, llamada "gobernabilidad", comparable, pero probablemente peor que el Imperio Romano en sus momentos más crueles. Hoy, son principalmente Estados Unidos, China, India, las principales baluartes todavía en pie en contra de la amenaza de una tiranía "verde" inherentemente genocida que ya procura dirigir el mundo.

Para asegurar una forma práctica de entender este desafío para simplemente continuar la existencia del mismo grado de niveles humanos de vida en este planeta, tenemos que examinar el caso del principio del sistema de Estados nacionales soberanos. Ese sistema define implícitamente una calidad específica de interés humano del cual dependen los esfuerzos actuales para defender una cualidad realmente humana de existencia.

¿Cuál es, en resumen, la diferencia entre el ser humano y las especies comestibles de vacas, cerdos, pollos, y semejantes? La respuesta es: nada, excepto los poderes creativos de la razón, poderes que las demás formas de vida que actualmente conocemos, no tienen. Es, en resumen, los poderes específicamente noéticos de los individuos humanos, el poder de hacer desarrollos revolucionarios de avances en la condición general de la humanidad, y eso universalmente si decidimos adoptar ese estándar de práctica.

Los poderes creativos de la razón específicos de la especie humana, se encuentran habitualmente en las expresiones de composición artística clásicas, aunque no son la norma prevaleciente del arte que se practica entre las poblaciones desde la adopción europea en 1950 de la doctrina existencialista del Congreso para la Libertad Cultural. El desarrollo de los poderes creativos del individuo, y el compartir esas cualidades y frutos de estos tipos de poderes específicos, es lo que proporciona el desarrollo esencial del carácter personal del individuo humano. La función clásica de las metáforas tanto en el arte como en la creación de los descubrimientos de lo que son realmente principios universales físicos verdaderos, define la forma verdaderamente humana del prototipo biológico como lo hizo el académico ruso V. I. Vernadsky con la llegada de su desarrollo del concepto de la noosfera.

Nuestra guerra de hoy, es una guerra de defensa del principio que separa al individuo verdaderamente humano de las formas de vida inferiores. La creatividad, como he referenciado ese concepto aquí y en otros trabajos publicados, es el verdadero estándar de la humanidad, la cualidad que expresa la distinción esencial del hombre ante los vegetales y los animales.

Por lo tanto, defiendan la verdadera naturaleza de la humanidad, mientras seamos todavía capaces de hacerlo. El tiempo es corto, y la oportunidad es pequeña. Actúa ahora, sin las capitulaciones motivadas por el miedo ante el mal que nos acecha en el momento.