Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

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Un punto de inflexión en la historia actual:

TAMBORES SOBRE LIBIA

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.

26 de junio de 2011

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El pronto enjuiciamiento político y destitución del Presidente Barack Obama es un acontecimiento casi inevitable antes o durante los meses venideros del verano, a menos que los patrocinadores de Obama, en especial desde Londres, copiasen la opción de Adolfo Hitler con la semejanza de la creación británica, el Ermächtigungsgesetz del 23 de marzo de 1933 de Adolfo Hitler. El peligro de este acontecimiento se acaba de elevar enormemente debido al voto oportunista en el Senado de EU, un voto dado en oposición de facto a mis principios, de la política declarada por otros para esta ocasión.

La mayoría del Senado, de este modo, ha cometido un errorzaso despampanante, un error que se puede caracterizar justamente de algo que revela mucho, muchísimo de la mezquindad de la que son capaces algunos legisladores, un error comparable, en los anales del humor macabro, a cortarse la cara para salvar el trasero, o de manera alternativa, la pérdida del trasero para salvar la apariencia de una cara.

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La región transatlántica, en la cual se sitúa nuestro Estados Unidos, todavía, a pesar de los Presidentes George W. Bush, Jr. y Barack Obama, como parte decisivamente importante de la misma, es ahora ese objetivo de destrucción en gran parte inflingida por sí misma, a la que estaría condenada si siguiese dejando de efectuar la expulsión relativamente inmediata del cargo al cada vez más odiado Presidente Barack Obama.

A diferencia de muchos otros dirigentes actualmente en funciones, que procuran transigir con un sinvergüenza enjuiciable, yo vengo de una generación más recia, de la Segunda Guerra Mundial. Hay algún margen de duda respecto a si la mayoría de los ciudadanos estadounidenses ven la cuestión exactamente en esos términos; pero, subsiste el hecho común de que el pueblo aborrece al Presidente Obama popularmente, y cada vez más, y a un ritmo acelerado. El meollo del asunto es que el actual sistema transatlántico, incluyendo al propio Estados Unidos, está ahora en una trayectoria de su propia destrucción, condenado a una crisis de desintegración general comparable a la crisis de desintegración hiperinflacionaria de la Alemania de Weimar en 1923.

Este comentario mío significa el hecho, en efecto, de que el único modo en que Obama se las podría arreglar para permanecer en el cargo, sería imitar la toma del poder fascista del gobierno de Hitler, por otra parte condenado a desaparecer. De tal modo que, así como en Alemania entonces, como el Presidente de EU Barack Obama ahora, personalidades destacadas dentro de la legislatura nacional se negaron a reconocer la virtual traición de un Presidente en funciones. Así, nuestra república está al borde de la capitulación a la ocupación del cargo de un Presidente cuyas acciones en contra del pueblo de nuestro Estados Unidos exigen su pronta expulsión, un Presidente cuya cualidad prácticamente traidora de las últimas acciones demanda su enjuiciamiento político. Como esos notables estadounidenses que habían estado del lado de los patrocinadores de Hitler entonces, esos importantes personajes británicos y de Wall Street, como el gobierno británico de esa época, habían llevado a Hitler al poder, y fueron quienes habían orquestado el proceso que condujo hasta el incendio del Reichstag, que se hizo como medio para imponer una dictadura nazi de partido único sobre Alemania. Ésa es la situación exactamente en que tienden a ubicarse los defensores del títere británico Presidente de EU Obama, ahora con respecto a las semanas próximas inmediatas.

No puede haber duda de ese hecho sobre algunos personajes descollantes propios de nuestra nación hoy. La crisis de desintegración general de la región transatlántica del mundo, ha alcanzado ahora una etapa crítica de desintegración que no les deja a quienes sostienen al gobierno de Obama ninguna opción a la mano para su existencia continuada en su forma presente, excepto como una dictadura fascista modelada en la que el Banco de Inglaterra y el Brown Brothers Harriman de Prescott Bush crearon para Adolfo Hitler, y el uso que dio el régimen de Hitler al incendio del Reichstag, eso muy probablemente bajo la dirección de Hermann Göring, para establecer una dictadura fascista sobre Alemania.

El mismo peligro para nuestra civilización hoy es inevitable a menos que se vuelva a promulgar la ley Glass-Steagall de Estados Unidos en las semanas inmediatamente próximas. El gobierno de Obama no podría seguir existiendo en este momento, a menos que se impusiera una dictadura fascista mediante la dirección de ciertas fuerzas por parte de la monarquía británica, como esas del entorno de Obama, en contra de Estados Unidos ya sea a principios de julio, o a más tardar, en agosto de estos meses de verano. Quienes proponen que se siga con el apoyo al régimen de Obama serán denunciados en la historia futura, si es que esta nación nuestra tiene algún futuro real. Quienes consienten a Obama fomentan tal crimen en contra de nuestra república con sus vacilaciones actuales.

Así que, el aspecto más peligroso de esta situación que ahora amenaza con una dictadura de Obama como la de los nazis en Estados Unidos, es la cobardía mostrada por los demócratas del Senado, al capitular a la arremetida hacia una dictadura fascista encabezada por Obama y dirigida por los británicos que amenaza en lo inmediato en Estados Unidos mismo. De repente, me temo, soy yo, por este momento, el único dirigente de sustancia obvio en apoyo de la misión debida de nuestra república que opera actualmente en el marco del actual gobierno de nuestro Estados Unidos. Sin embargo, uno puede esperar, no sin fundamentos, un giro menos pesimista, una vez que el sobrecogimiento inmediato de esos dirigentes asustados pueda dar paso a una perspectiva más cuerda y sensata.

Afortunadamente, en un sentido, soy una figura prominente y veterana de nuestra república más discernidora que esos que titubean frente a la virtual traición. Yo llevo la bandera que dirigentes más jóvenes han soltado, cuando menos por el momento actual. Se puede decir de quienes les ha fallado el temple a su modo, que esperamos sea solo temporalmente, que podemos decir que son, en cierto sentido, víctimas del profundo pesimismo cultural que ha imperado, desde la guerra estadounidense en el sudoeste de Asia que fue desatada con el encubrimiento de la verdadera autoría que consintió el asesinato del Presidente John F. Kennedy.

A consecuencia de las acciones que consintió la Comisión Warren, se puso a nuestra república en la ruta de la destrucción subsecuente por la monarquía británica, un asqueroso rol británico del cual muchos veteranos de esa guerra habían regresado, no en espíritu, sino en edad. Casi todos los dirigentes activos de esta nación de otros tiempos han fallecido. La mía es en ese sentido, una devoción relativamente solitaria, pero una devoción que me veo obligado a servir, venga lo que venga. El supuesto marginado puede de este modo llegar a ser, el héroe de esta ocasión, todavía en pie para dirigir en defensa de nuestra república, cuando tantos dirigentes electos y otros en funciones han fallado de modo tan trágico.

Yo me sostendré, en tanto viva, aun y como patriota dirigente por ausencia de otros, si no mártir, en defensa de nuestra república, venga lo que venga. Entiendo el principio de la vida después de la muerte de modo mucho más eficiente en la práctica que la mayoría de nuestros dirigentes políticos y religiosos obvios actuales, y no temo nada tanto como las consecuencias mundiales de la destrucción de nuestra nación y sus patriotas ahora.

No soy ningún patriota de buen tiempo, que simplemente regatearía con el Diablo en vez de dedicarse a arruinar su causa; soy de disposición patriota. Esto es solo como deberían de ser por su propia cuenta algunos dirigentes de nuestro sistema. Nuestro pueblo clama por justicia, mientras que el gobierno necio promete pastel Habsburgo.