Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

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¡Sodoma y Gomorra llaman a la puerta!

¡La orientación necesaria!

Por Lyndon H. LaRouche, Jr.

Jueves 28 de octubre de 2010

Nos hemos adentrado a la fase de desintegración de "la prometida crisis de desintegración mundial". Como es común en circunstancias sociales de tales cualidades relativamente excepcionales y más o menos globales, el inicio de dicho tipo específico de crisis incita reacciones desorbitadas entre las poblaciones, probablemente ahora la población mundial, que la gente tenderá a leer, erróneamente, como aberraciones personales de individuos o grupos muy pequeños, pero que son, en realidad, solo manifestaciones de un fenómeno de masas, tales como los fenómenos de masas globales. Estos son los efectos legendarios que llegan en la forma de reacciones desorbitadas de los individuos, reacciones que a algunos parecen como explosiones repentinas de comportamiento demencial de individuos o grupos pequeños, pero que son, en realidad, fenómenos globales de un tipo que golpean bajo condiciones del brote de alguna forma de "nueva era de tinieblas".

En tales casos, a menudo es necesario tratar el comportamiento aberrante de individuos o grupos pequeños como si ese comportamiento fuese específico del individuo, o pequeño grupo, pero que se trata realmente de manifestaciones localizadas de fenómenos de masas más o menos globales.

La primera norma de comportamiento cuerdo en tal acontecimiento de masas excepcional, es no perder la cabeza, ni suponer que la génesis de los fenómenos aberrantes es la de un individuo, o un pequeño grupo, cuando, en realidad, es parte integral de lo que ha surgido como fenómeno social de masas de algo que se acerca o alcanza realmente el estado de un efecto de masas netamente global. Las aberraciones individuales se han de considerar, ante todo, como un fenómeno de masas, semejante a una tormenta global de fuerza excepcionalmente grande.

El miedo que tales acontecimientos provocan en la agrupación local se debe reconocer como precisamente eso en lo esencial. El fenómeno local en sí mismo causará un comportamiento en el que las víctimas del tumulto tenderán histéricamente a agarrarse a formas aberrantes de comportamiento que reaccionan a la tormenta global como si fuese un efecto local con causas específicamente locales, en vez de solo parecerle a algunos un efecto con causas específicamente locales, cuando, en realidad, se trata de un fenómeno más o menos global con causas globales y efectos globales.

Por ejemplo, en tales casos, hay que esperar una situación en que, en un momento imponentemente sosegado, hay una incidencia en alza de "arranques desquiciados" locales esencialmente inexplicables en cierto número de casos de pequeños grupos o de individuos aislados. El clima de ese momento es imponentemente quieto, excepto por los casos aparentemente aislados de la garra de una locura como los gemidos de la llorona y los brotes homicidas repentinos de individuos aislados o entre grupos pequeños. Ésta es la naturaleza de la tormenta global que ya se nos viene encima, que afecta casos individuales en este patrón de tipo especial.

En situaciones tales como la presente, no hay realmente causas individuales en el patrón de crisis de personas; hay aberraciones personales que ocurren como productos de un fenómeno social más o menos global.

En situaciones tales, crece un período de efectos de masas aislados que comienza como anomalías de comportamiento individual con toques de locura, hasta llegar a algo semejante al proceso de huelga de masas que actualmente se desarrolla en Francia. Luego, una tormenta creciente que se apodera de la sociedad como en la cúspide de la ola ascendente de terror en el verano de 1789 en Francia.

En tanto se acerca la próxima semana ahora, las explosiones de incidentes de locura individuales o localizados, como el del Presidente de EU Obama, reflejan, de hecho, factores latentes de demencia de masas que se acerca, pero que no son significativos por su aspecto en tanto acontecimientos aislados; son ya los efectos de masas de la locura general que se avecina. Se les debe reconocer y tratar como demencia de masas; no hay que cometer el error potencialmente fatal de interpretar lo que son realmente efectos de masas, como una mera incidencia de demencia local.

Piénsese en una pandemia como la que barre por regiones cada vez mayores de Haití ahora. Un patrón de formas sociales análogas de una tormenta creciente de locura de masas, surge ahora por todo el planeta. El patrón semeja ya al patrón de comportamiento de masas del inicio del fenómeno de muerte en masa del siglo 14 en Europa, como en el cuadro del "Jardín de los placeres terrenales" de Hieronymous Bosch.

Recuérdese esto: Los efectos de masas requieren remedios en masa; estos no son tiempos para "trabajadores sociales" ordinarios.