Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

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2007 fue ya un año de crisis mundial:

Como fue sorprendida Rusia

por Lyndon H. LaRouche, Jr.

27 de diciembre de 2008

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El siguiente informe se enfoca sobre la situación indicada en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia; pero el tema, no obstante, es el destino inmediato de la humanidad en su conjunto, cuyo resultado favorable dependerá significativamente de la participación de Rusia en su criterio urgentemente necesario, pero corregido, de la situación global presente. Si el mundo ha de evitar la amenaza presente de sumergirse en una ‘nueva era de tinieblas’ prolongada, planetaria, de toda la humanidad, cuatro potencias prominentes –E.U.A., Rusia, China e India— deben actuar pronto, en concierto, para crear un nuevo sistema global para todas las naciones prácticamente, un sistema de cooperación antiimperialista entre los Estados nacionales soberanos. Que Rusia haga su parte en esta iniciativa de cuatro potencias, es de importancia decisiva para las naciones en su conjunto. Consecuentemente, en este informe se pone el acento en Rusia.

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Prefacio:

ADAM SMITH Y KARL MARX

Desde finales de 2007 y principios de 2008, parece, cada vez más, que a pesar de mi pronóstico del 25 de julio de 2007, de amplia circulación internacionalmente y confirmado sólidamente, del comienzo inmediato de una crisis de desintegración financiero-monetaria global, una parte significativa del actual liderato de Rusia, le ha faltado, hasta ahora, aparentemente, una comprensión competente de lo que se ha convertido, en realidad, una crisis de desintegración general acelerada del actual sistema monetario-financiero mundial. Esto ha sido una crisis que no solo ha estallado tres días después de mi videoconferencia internacional por Internet del 25 de Julio de 2007, sobre este acontecimiento histórico, sino que ha sido el aspecto más característico de los acontecimientos económicos más destacados del mundo, y a una escala mundial, durante todo el período que va desde el 28 de julio de 2007. La falsa ilusión aparente de parte de algunos elementos de los círculos dirigentes de Rusia, se mostró en la forma de cierta convicción sin fundamento de que el ingreso de Rusia procedente de las ventas de energía y otras materias primas a naciones extranjeras, aislaría a Rusia de la ola de crisis financiera global que golpea ya a Estados Unidos y a otros.

A pesar de los intentos fraudulentos de ciertos dirigentes necios de Estados Unidos y de otras naciones por describir el pánico financiero global del presente como el inicio de una simple ‘crisis de hipotecas de alto riesgo’, lo que ocurrió realmente a fines de julio de 2007 fue que la expansión de suyo ‘geométrica’ e inherentemente hiperinflacionaria de los miles de billones equivalentes en dólares estadounidenses de esos activos financieros puramente ficticios llamados ‘derivados financieros’, había alcanzado un punto en el que la proporción de autoinflación de derivados financieros especulativos puramente nominales, que se contaban como obligaciones financieras del sistema monetario-financiero mundial, un sistema basado en los derivados, había alcanzado un ritmo de autoexpansión que había hecho inevitable una crisis de desintegración del sistema financiero-monetario existente en todo el mundo. La locura total de los actos de ‘salvataje’ del Presidente estadounidense y los desquiciados líderes del Congreso estadounidense, desde entonces, esta impulsando la proporción de obligaciones existentes con los activos reales hacia un punto de fuga hiperinflacionario.

El ejemplo más próximo del precedente anterior de una forma similar de crisis de desintegración internacional, se halla en el derrumbe genocida de la Europa del siglo 14 en una gran nueva era de tinieblas, en la cual la población de Europa se derrumbó aproximadamente en una tercera parte.

En una situación tal como esta crisis presente, las opciones son, o terminar con todo el actual sistema mundial mediante una reorganización de bancarrota general, o, por dejar de hacer eso, acarrear una ‘nueva era de tinieblas’ prolongada, mundial, a todos los pueblos y sus naciones. Ese cambio en el sistema mundial es tu única opción. Rechaza ese cambio y tu nación y tu familia están condenados, sin alternativas opcionales en absoluto. Ni siquiera hables de ‘reformas’; o eliminas al sistema mundial presente, y lo substituyes con un sistema nuevo, de cabo a rabo, como de un solo respiro mundial, o tú personalmente, y tu nación, están acabados desde ahora. El conteo es ya.

Ya los controladores del mercado financiero mundial, ejemplificados simplemente en el codiciosamente estúpido gobierno de Bush y la cosecha de un pequeño núcleo de triunfalistas, y de los líderes a menudo mentirosos del Congreso estadounidense, en vez de permitir que se adopte mis reformas propuestas en julio de 2007, que hubiesen salvado a la civilización, han preferido recurrir a la aceleración del ritmo de hiperinflación de las obligaciones financieras, mientras saquean la base de activos físicos de las economías reales.

Obviamente, lo que se requiere es nada menos que la terminación abrupta y arrolladora del sistema presente. Los intentos actuales, en todo el mundo, de ‘rescatar’ al sistema, solo lo podían haber hecho necios patéticos o delincuentes monstruosos.

Desafortunadamente, el gobierno de Rusia, en vez de hacer caso a mis advertencias que circulan por el mundo, se dejó despistar pretendiendo que el inevitable, en realidad, desbordamiento de esta crisis sobre la economía de Rusia, no la golpearía en grande. Ese desbordamiento ya golpeó a Rusia, duramente. La libertad quizás incluye la libertad de cometer errores, como ha hecho Rusia en este respecto recientemente. Desafortunadamente, eso constituye también la libertad de sufrir las consecuencias de esos errores, tal como, en el caso extremo, la libertad de cometer suicido nacional.

En parte, la omisión del liderato de Rusia, hasta ahora, para corregir su erróneo desdén hacia mi pronóstico plenamente confirmado, se ha convertido en una fuente cada vez más visible de una desorientación, quizás aportada, en parte, por ciertas piezas ostensiblemente británicas conocidas para mi como provenientes de fuera de Rusia misma. Esta ‘desorientación asistida’ es la que han padecido recientemente algunos sectores destacados de las instituciones de Rusia. Este error de Rusia en la estimación de la situación mundial actual, no es solo un bochorno y una amenaza a los intereses de Rusia misma; un cierto rechazo obcecado a enfrentar esta realidad en algunos círculos notables rusos, es una fuente adicional de peligro, no solo para Rusia, sino para todo el planeta.

De este modo, en el transcurso de 2007 a 2008, la política económica del liderato de Rusia parece trastabillar, con algunos zigzagueos agudos, a medida que trascurren estos dos años. Bajo condiciones en que es imperativo evitar una nueva era de tinieblas a nivel planetario, comparable, pero peor, a la ‘Nueva Era de Tinieblas’ de Europa a mediados del siglo 14, las indecisa directrices económicas y las perspectivas de Rusia recientemente, son tanto una amenaza, tipo reacción en cadena, como para empeorar la situación del mundo en su conjunto, así como a la misma Rusia.

La aparente negativa de Rusia a reconocer, a tiempo, que su papel reciente ha resultado en una fe ciega en un mercado sumamente sobrevalorado para sus materias primas de suministro de energía, desorientó a los dirigentes rusos hacia la opinión de que su margen de ganancia temporal proveniente de las exportaciones era permanente. Esta ilusión contribuyó a llevar a Rusia engañada hacia su crisis actual. La evidencia sólida de esto, es que Rusia se desorientó tanto que actuó como si no necesitara poner prioridad en la inversión en una expansión vigorosa de su producción industrial y conexa.

Juicios erróneos similares de naciones distintas a Rusia, se han convertido en el talón de Aquiles de lo que ha llegado a ser ya una economía mundial en su conjunto agobiada por la crisis, incluyendo, por supuesto, lo que casi ocho años de un gobierno prácticamente demente clínico del Presidente George W. Bush, Jr. ha hecho en destruir no sólo al mismo Estados Unidos, sino a otras naciones embaucadas en el acatamiento de medidas dementes similares a las diseñadas por Londres, pero adoptadas por el gobierno de Bush.

La interrogante, ‘¿Qué sucede luego con el precio de mercado de esas materias primas?’ es peor que una mera desviación de la verdad de las cosas. La cuestión sobre la cual hay que enfocar la atención, es la identidad de los mecanismos que se emplearon para despistar al gobierno de Rusia hacia una confianza totalmente injustificada en lo que parecía, temporalmente, que era su situación económica ventajosa. Sin embargo, que la culpa de eso recaiga donde debe; la cuestión decisiva para los planificadores de Rusia y otros atinentes del mundo, ahora, es la ausencia permanente de una competencia urgentemente necesaria, una falta de decisiones competentes, que se ha de reconocer a partir del modo en que Rusia permitió que malos asesores la hicieron caer en una evaluación económica estratégica despistada por lo que va hasta recientemente.

Ahora bien, la interrogante realmente seria que se tiene que plantear, y contestar, es: ¿Cuál es por ende, mi consejo para el Gobierno estadounidense entrante del Presidente Barack Obama sobre la política estadounidense hacia Rusia? ¿Cómo debe conformer su política hacia Rusia el Presidente electo Obama en el momento en que Rusia actúa torpemente de modo en que su gobierno claramente no pudo prever, y todavía, por lo pronto, parece no comprender? ¿Cómo se debe rescatar a nuestro necesario socio de EU, Rusia, de ésta situación?

Por ejemplo, ¿qué se le debe decir al Presidente electo Obama?

I. EL LEGADO DE KARL MARX

El Presidente electo Obama se tiene que asegurar que, a pesar de las asociaciones derechistas estadounidenses que cambiaron de nombre y domicilio, cuando las asociaciones fascistas que habían estado descaradamente a favor de Hitler antes del 7 de diciembre de 1941, (temporalmente, por conveniencia) cambiaron su ropaje político exterior, pero no sus interiores, ellos ya no tienen el control de la formulación de la política nacional estadounidense.

Mientras tanto, hoy Rusia ya no es comunista. Sin embargo, para tratar el tema de la política económica de Rusia, hoy todavía, sigue siendo esencial no solo tomar en cuenta la cuestión de Karl Marx en tanto economista, del modo en que yo lo hago aquí; pero, también es necesario considerar los efectos permanentes de algunas de las mitologías todavía existentes excesivamente sobre el tema de Marx como personaje de la mayor parte de un siglo y medio de la historia moderna reciente, y también, su influencia directa e indirecta en el pensamiento, hoy aún, del tema de la economía política del mundo en general. Ahora bien, hablando de modo práctico, el marxismo está muerte, pero los lobos de Wall Street y de Londres no; pero, como los historiadores y demás tienen todavía, de vez en cuando, hacer visitas de cortesía a la tumba política de Marx, la interrogante que a veces les plantea a esos visitantes la actual situación de crisis que amenaza al mundo, es, ¿será también esa tumba, pronto, la suya propia?

No obstante, las doctrinas de Karl Marx sobre economía nunca fueron científicas realmente en y de si mismas. Eran un elemento subordinado dentro de un sistema internacional del liberalismo angloholandés, imperialista, posterior a febrero de 1763 en la tradición de Paolo Sarpi, un elemento que incluía las dos variedades principales de las variedades imperialistas británicas del dogma principal sobre la economía, la versión dizque ‘capitalista’ de la ideología británica por un lado, y la versión ‘socialista’ de la misma ideología británica por el otro. Todos los grupos de jugadores estaban obligados a repartir y tomar cartas de la misma mesa de un liberalismo moderno dominante globalmente. Con excepción del Sistema Americano de economía política, con la excepción mas notable del intervalo del Presidente Franklin Roosevelt, todos los aspectos prominentes de la economía mundial de 1890 a 2008 han sido una reunión de los dos tipos de jugadores en competencia, de la misma mesa liberal angloholandesa. Quienes entre ustedes hoy sean más sesudos que la mayoría, desearían identificarla como la mesa de Satanás.

Todos jugábamos de acuerdo a las reglas prevalecientes en esa época. Yo también jugué en esa mesa, en lo personal, aunque era, no obstante, seguidor, en cuestiones de objetivos de política económica, de Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, Henry C. Carey, el Presidente Abraham Lincoln, y del Presidente Franklin Roosevelt. Jugué en esa mesa, y presenté pronósticos a esa luz, no porque creyese en la doctrina de la práctica prevaleciente, sino porque esa era la única mesa en la que se jugaba el juego mundial de la economía prácticamente por todos los jugadores prominentes del mundo, en esa época.

Sin embargo, durante las décadas atinentes del intervalo posterior a la Segunda Guerra Mundial, yo pronostiqué el comportamiento de gobiernos, y más, sobre la base de conocer no solo la realidad física de esa situación, sino también, en base al conocimiento (a veces mejor que el que ellos tenían) de las reglas a las que se sometían los jugadores principales, ya sea que fuese plenamente concientes de esas reglas del juego en esa época o no. Durante el intervalo de 1956 a 2008, cada uno de mis pronósticos se han demostrado como los de mejor calidad de cualquier fuente prominente en esa época. Ahora ese juego se acabó, probablemente para siempre; el juego, y también sus reglas, han cambiado, para siempre.

Entonces, mientras que ese juego sucio estaba en el proceso de llegar a su fin actual, la casi década reciente del derrumbe de la antigua Unión Soviética y su secuela de Rusia, hasta la elección del Presidente Vladimir Putin de Rusia, llegaba y se iba. Ha surgido una nueva cualidad en los acontecimientos de Rusia con el efecto de dejar al margen el tema de Karl Marx (pero, ojalá, no a la tan necesaria Academia de Ciencias); el gobierno de Rusia se ve amenazado, en lo más inmediato, por su adopción de la suposición desorientada de que Rusia se escaparía de la mayor parte de esa depresión económica que les parecía, erróneamente, irradiar desde los miembros de la economía trasatlántica. Ahora la realidad a confrontado en breve a los dirigentes de Rusia con la fea verdad, de que no era la economía estadounidense la que estaba condenada, sino el sistema mundial del cual Rusia dependía también en absoluto.

De este modo, ahora la economía de Rusia misma se ve amenazada por los efectos de su exceso desorientado de confianza en las suposiciones mal aconsejadas, a veces místicas, de que había factores, aparte de los poderes místicos de algún dios del viento antiguo, que le permitiría a Rusia evitar cualquier cosa peor que una experiencia pasajera de incomodidad causada por la terrible crisis vista que golpea, principalmente, a la economía estadounidense y demás comunidades trasatlánticas.

El factor de la 'Guerra de los siete años’

La pifia formal de ese exceso de confianza que expresaron prominentes círculos rusos, consistió en el radical juicio erróneo del gobierno ruso a mi advertencia sobre una nueva crisis de desintegración económica global del actual sistema monetario mundial, en contra de la cual advertí en mi videoconferencia internacional por Internet de tres horas, el 25 de julio de 2007, a la cual ya me referí. Esta videoconferencia transmitió la advertencia que se ha confirmado de modo consistente con la evidencia pertinente, de que ya estaban en marcha un conjunto de acontecimientos, que habrían de reventar tres días después de mi pronóstico del 25 de julio de 2007. Mientras que yo había advertido que la crisis esperada inmediata en el mercado hipotecario de bienes raíces adoptaría un modo sistémico de desintegración general de la masa de miles de billones de dólares de derivados financieros especulativos que dominan la economía mundial en su conjunto, los creyentes deseosos y los abiertamente idiotas del mundo, quisieron engañarse a sí mismos con el pensamiento consolador de que esto se podía considerar simplemente como ‘una crisis de hipotecas riesgosas’. Desde entonces, todo lo que se ha desarrollado en los mercados financieros internacionales y semejantes, ha procedido realmente, contrario los necios cuentos de hadas de la ‘crisis hipotecaria’, de acuerdo a la forma del proceso y al itinerario estimado por mí, del derrumbe del sistema mundial en su conjunto.

La mejor comparación que se puede hacer, ante los antecedentes dentro de los límites de la historia europea moderna desde la crisis de desintegración general de la economía medieval de la Europa del siglo 14, es comparar y contrastar esta crisis de desintegración global que ya se nos echó encima con la de la Alemania de Weimer en 1923. Los dos casos, el de 1923, y desde el 28 de julio de 2007, tienen similitudes obvias, pero tienen diferencias más decisivas todavía.

La diferencia esencial entre la crisis de desintegración global que ya tenemos encima y la de la Alemania Weimar de 1923, es que la crisis de Alemania de 1923 hecha a la medida y gestionada por las potencias del Tratado de Versalles, desde arriba, principalmente por esa monarquía británica que había sido, en realidad, la autora original exclusiva de la Primera Guerra Mundial, hasta abajo. Esta inflación de Weimar la impusieron Londres y sus aliados, a tal efecto de que Alemania quedaba cautiva de su crisis inducida, por motivos geopolíticos, de forma gestionada externamente en la arena gladiatoria prácticamente, contenida, en esencia, a las fronteras nacionales de Alemania. Ahora bien, hoy, ha ocurrido una forma diferente, pero algo similar, de crisis de desintegración mundial, pero fuera de todas las fronteras nacionales. En consecuencia, la evolución de los diversos aspectos de la crisis en marcha, alterna entre tendencias deflacionarias en los mercados de bienes de consumo, por un lado, y sigue tendencias hiperinflacionarias en la burbuja de los derivados financieros por el orden de los miles de billones de dólares, por otro lado.

En esencia, la burbuja no es inflacionaria ni deflacionaria, sino más bien, ambas, simultáneamente. Se trata de una crisis de desintegración global del actual sistema mundial en su conjunto, incluyendo a todas las partes del mundo, tanto a Rusia como a China. El mundo revolotea, en realidad, en la orilla desmoronándose de una nueva era de tinieblas planetaria de toda la humanidad. Esta crisis no está gestionada artificialmente, no dentro de una sola economía nacional en lo esencial, como fue la hiperinflación de la Alemania de Weimar en 1923. Esta es una crisis sistémica producida con la complicidad necia, durante más de 40 años, de 1968 a 2008, en especial durante los últimos 35 años, de todas las naciones prominentes del mundo. Hay soluciones a la mano para esta crisis, que se podrían adoptar incluso en esta fase avanzada de la desintegración global en marcha, pero la existencia de cualquier solución requiere un cambio drástico en el sistema económico del mundo, el cambio de cualquier sistema monetario, incluyendo las variedades marxistas, a un sistema crediticio de tipos de cambio fijo basado precisamente en el modelo que había especificado realmente el Presidente estadounidense Franklin Roosevelt durante la conferencia monetaria de 1944 en Bretton Woods. Cualquier tipo de reforma keynesiana ahora, bajo las actuales condiciones de crisis, por ejemplo, sería una enfermedad peor que la dolencia actual. Toda componenda con el keynesianismo, como el que se adoptó internacionalmente bajo la influencia del Gobierno estadounidense de Truman, están categóricamente proscritas, como esfuerzos fútiles para revivir un mundo que ha dejado de existir.

El rol de Marx

Para comprender la realidad de la situación mundial presente, es indispensable que hagamos a un lado muchas de las suposiciones académicas acostumbradas y cosas comparables con respecto al rol de Marx en la historia. Algunas de estas suposiciones eran razonables en la práctica, aunque disputadas, en épocas pasadas atinentes. Otras suposiciones populares nunca fueron ciertas, aunque excesivamente creídas. Ahora, se ha suscitado un cambio en todas las reglas del juego mundial. Ahora, las nuevas condiciones mundiales en el mundo, están en el proceso de actuar en contra de cualquiera que sea lo suficientemente necio como para jugar de acuerdo al conjunto de reglas económicas globales que cualquiera supusiese antes.

Para apreciar los factores que han conducido al mundo hasta su presente desastre, es necesario decir que, a pesar del arranque emocional de Karl Marx de exaltación al estafador farsante Adam Smith, debemos conceder que Marx no era tan menso en cuestiones de ciencia de la economía como el mismo se hace parecer a menudo. No obstante, Marx nunca representó nada que semejase una cualidad de competencia realmente científica en el campo de la economía política; el marxismo nunca funcionó realmente, y nunca podía haber funcionado; el caso es que a menudo sucedía que los antimarxistas eran más mensos que los marxistas.

Observando ese estado de cosas pasado, debemos decir que, aunque algunos economistas reconocidamente marxistas han mostrado capacidades científicas, el crédito le pertenece, como en el caso de Rosa Luxemburgo, a que prefieren ver las cuestiones de las categorías de Marx desde el punto de vista de la historia europea antigua hasta la moderna, y de la ciencia moderna, en vez de, en tanto ideólogos, los escritos de Karl Marx.[1] Nunca se justificó la noción de que había algo de ‘ciencia’ tras las concepciones de Marx sobre la economía; Marx como economista fue, en lo esencial, simplemente, como el mismo insistía, estudiante de la Escuela Haileybury de la Compañía de Indias Orientales británica, que expresaba los supuestos axiomáticos de gente como Adam Smith, Jeremy Bentham, Thomas Malthus, y David Ricardo. Sin embargo, bajo las circunstancias de la secuela de la llamada Revolución de 1848 que orquestó Londres, el movimiento que había organizado para convertirse en la consecuencia natural del trabajo de la criatura de la cancillería de lord Shelburne, Jeremy Bentham, y que había sido organizado por el protegido de Bentham y su sucesor lord Palmerston, este arreglo ha quedado como un factor histórico para forjar las directrices principales de la historia europea extendida por el globo de esa época, una situación general que persistió hasta el desplome de la Unión Soviética de 1989 a 1991.

La Tésis Bismarck

El entonces Canciller alemán Otto von Bismarck, había previsto, y lo informó posteriormente, que el plan de Gran Bretaña para lo que se convirtió en el plan de 1980-1914 para desatar la Primera Guerra Mundial, empezaría realmente con la salida de Bismarck, propiciada por los británicos.[2] De este modo, a la salida de Bismarck le había seguido el asesinato del Presidente de Francia Sadi Carnot (como también el subsecuente asesinato, estratégicamente decisivo, del Presidente estadounidense William McKinley), y habría una reedición de la misma política imperial de la Compañía de Indias Orientales británica de lord Shelburn, que había establecido a esa compañía privada liberal angloholandesa, en París, en febrero de 1763, como un ‘Imperio Británico’. Este fue un imperio diseñado, en realidad, por lord Shelburne, que se proponía en la semejanza panteónica del emperador romano Juliano el Apóstata.

No fue nunca el imperio del pueblo británico. Gran Bretaña como tal es meramente un reino, no un imperio. El imperio, como el de la Antigua Roma, Bizancio, o el de la oligarquía financiera veneciana medieval, es el imperio de una forma de oligarquía financiera mundial ‘como moho lamoso’, el imperio políglota de una cábala de intereses familiar-financieros, oligárquico-financieros. La intención de la forma actual liberal angloholandesa del imperio, diseñada bajo la conducción de Paolo Sarpi, fue siempre la de crear un sistema malthusianoide de lo que hoy se denomina ‘globalización’; un nuevo imperio global, como un burujo, a imagen de la bíblica ‘Torre de Babel’.

Dada la ignorancia general de la historia prevaleciente entre los historiadores académicos dizque prominentes de hoy, es indispensable la siguiente descripción interpolada del marco estratégico de la historia mundial de 1890 a 2008, para cualquiera que quiera ser considerado como estratega competente ante las circunstancias que ahora enfrenta el mundo en general.

Con la muerte de lord Palmerston, y el incidente consecuente de la Comuna de París, la Cancillería británica, Mazzini, desechó a Karl Marx, al igual que hicieron los socialistas alemanes notables y otros de esa época. Nada que hiciera Marx mismo tuvo nada que ver con el lanzamiento posterior del renacimiento de su fama. Entonces, más tarde, en la tradición de las directrices de Juliano el Apóstata del Imperio Romano, se restauró el nombre Karl Marx de manera póstuma al panteón religioso pagano que representaba al polígloto conocido como Imperio Británico.

Las circunstancias posteriores a 1890 bajo las cuales las fuerzas ligadas al plan del príncipe de Gales Edward Albert para una guerra imperial, orquestaron lo que se convirtió en la llamada ‘Primera Guerra Mundial’, fueron las circunstancias que Londres reconoció como el efecto de la victoria del Presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln sobre los planes que se proponían destruir a EUA, planes que habían sido iniciados originalmente por la recién creado cancillería británica de 1782, y desarrollada, primero, a nombre de lord Shelburne bajo la dirección del Comité Secreto de la criatura de Shelburne, Jeremy Bentham, y luego, el sucesor entrenado por Bentham, lord Palmerston.[3]

La derrota de los esfuerzos de la cancillería británica a manos del Presidente Abraham Lincoln, esfuerzos dirigidos sucesivamente por Bentham y Palmerston, con el fin de desmembrar a Estados Unidos, no solo resultaron en el asesinato inmediato, dirigido por los británicos, del Presidente Lincoln en ese momento, sino del inicio de todo un nuevo tipo de esfuerzo británico para acarrear la destrucción de EUA. Lo que vio el imperio británico como nuevo peligro que representaba EUA para las fuerzas imperiales angloholandesas, fue el peligro que representaban acontecimientos ‘geopolíticos’ tales como el sistema ferroviario transcontinental de EUA, como expresión del surgimiento de Estados Unidos como se había propuesto bajo el entonces Secretario de Estado John Quincy Adams, proyectada a ser una república transcontinental definida entre las fronteras canadiense y mexicana y los Océanos Atlántico y Pacífico. La Restauración Meyi en Japón fue una expresión directa de esto, así como las reformas a fines de los 1870 conducidas por el Canciller Bismarck en Alemania, los acontecimientos similares asociados a la obra de Mendeleyev en Rusia, y en la Francia posterior a Napoleón III.

En ese marco, con el descrédito y la muerte de Palmerston, Karl Marx parecía, por el momento, casi desaparecer de la escena.

Sin embargo, en tales asuntos, adviértase que, se puede decir, que si mañana por la mañana, algún ideólogo subnormal inventa una nueva religión, o, del mismo modo, ocasiona el renacimiento de una vieja de décadas o más de oscuridad, como lo hizo Paolo Sarpi con el muerto medieval Guillermo de Ocam, la respuesta académica predecible sería probablemente una versión nueva de economía política al estilo británico, y luego, si un número de personas se confiesan como sus verdaderos creyentes, se gastaría indudablemente una esfuerzo enorme en producir una nueva escuela de comentarios publicados sobre el tema de esa creencia y sus implicaciones sociales para la psiquiatría, la teoría social académica, el comportamiento sexual y las campañas políticas en general. En realidad, la mayoría de las especialidades por las cuales se han concedido grados académicos en las últimas décadas, han tenido aproximadamente esa cualidad de origen y de competencia dudosa.

Justo así, como lo he señalado, después de la muerte de Palmerston y del asunto de la Comuna de París, Karl Marx había sido desechado en lo esencial por los sucesores de lord Palmerston, así como también por el otrora patrocinador de Marx, y luego notable de la Sociedad Fabiana, Federico Engels.[4] Sin embargo, algunos años después, años después de la muerte de un Karl Marx que se había desvanecido prácticamente en la irrelevancia en la mayor parte de los 1880, el británico Federico Engels revivió el nombre y la influencia de Karl Marx, esta vez bajo el patrocinio de lo que se convirtió en la rabiosamente proimperialista y profascista Sociedad Fabiana británica, de la cual Engels surgió como figura prominente a principios de los 1890.[5]

La resurreción de un Karl Marx muerto

Lo que había sucedido para dar lugar a este cambio en la resurrección británica del tema de Karl Marx, fue la salida del Canciller Bismarck de Alemania, a solicitud del príncipe de Gales (‘tío’) Edward Albert, un príncipe que veía a Bismarck, correctamente, como el principal impedimento a la resolución del príncipe de Gales de organizar una nueva ‘Guerra de Siete Años’, entre Alemania y Rusia, sobre el continente eurasiático. No toleren el balbuceo común del salón de clases y demás sobre el tema de los principales conflictos nacionales e internacionales del intervalo 1890-2008 a la fecha, ni tampoco en el asunto de las guerras y asesinatos descollantes del intervalo 1890-1945, ni la escalada hacia una nueva imitación del paradigma de 1945-2008 de una nueva ‘Guerra de los Siete Años’.

La verdad de la historia mundial con centro en Europa desde la Paz de París de 1763, se ubica más fácilmente en el hecho sintomático de que, Karl Marx fue de hecho, una pieza del protegido de la cancillería británica de Jeremy Bentham, el lord Palmerston que, de hecho, tenía al muy confuso Karl Marx como pieza de las asociaciones Joven América y Joven Europa.[6] Giuseppe Mazzini, completamente propiedad de lord Palmerston, era el jefe de la organización Joven Europa, dirigida por Palmerston, y fue el agente de Palmerston que, junto a David Urquhart del Museo Británico, ejemplifican a las personas controlaban directamente a Karl Marx durante todo el período de la estancia de Marx en Londres hasta la muerte de Palmerston y después.

Por ejemplo, aunque en ciertas ocasiones notables, antes y después de la estancia de Marx en Londres, había mostrado algún interés en la obra de los principales economistas del mundo de esa época, Federico List y Henry C. Carey, el británico Federico Engels intervino rápidamente, en ambas ocasiones, para desviar a Marx de dichos estudios. No he encontrado nunca una atención seria de Marx a la obra de economistas competentes; todos sus ‘héroes’ en este campo eran representantes o productos de la escuela veneciana descendiente del fundador del liberalismo moderno, Paolo Sarpi, como los seguidores de Giovanni Botero,[7] el cartesiano Abbe Antonio Conti, William Petty, y Giammaria Ortes, además de los representantes de la Escuela Haileybury encabezada por Adam Smith, y Jeremy Bentham.

La importancia de la promoción revivida del nombre de Marx se ubica en el proceso, dirigido desde Londres, por el príncipe de Gales Edward Albert, para allanar el camino a ‘una Nueva Guerra de los Siete Años’ en el continente europeo, mediante una serie de medidas. Estas medidas incluían, notablemente, la salida del Canciller Bismarck de Alemania, el asesinato del Presidente Sadi Carnot de Francia, el caso Dreyfus, el lanzamiento de Japón por parte de los británicos a una serie de guerras entre 1895 y 1945 contra China, la guerra ruso-japonesa relacionada de 1905, y lo más decisivo, el asesinato coordinado por Londres del Presidente McKinley de Estados Unidos.

Ese asesinato de McKinley tuvo la función crucial de cambiar el control de la política exterior de la Presidencia de EU, de la orientación tradicional estadounidense de amistad hacia la Alemania de Bismarck y Rusia, poniendo la Presidencia de EU en las manos de un anuente sobrino de un agente traidor de la inteligencia británica y espía confederado, Theodore Roosevelt, y un poco después, de un fervoroso campeón del traidor Ku Klux Klan, Woodrow Wilson, una pieza de Londres. Fue solo hasta la elección del Presidente Franklin Roosevelt, que la Presidencia de EU cayó de nuevo en en las manos firmes de un verdadero patriota estadounidense, en tanto que la muerte de Franklin Roosevelt regresó la Presidencia a las manos de lo que rápidamente se llegó a considerar prácticamente un traidor, Harry S Truman, una herramienta de Wall Street y proimperialista británico, cómplice de Churchill. Tales son las prácticas del reflujo y resurgimiento de religiones y teorías sociales semejantes bajo el dominio de los imperios.

Exactamente el mismo conjunto de cuestiones y juegos geopolíticos constituyen la substancia del conflicto que expresa la crisis mundial de la instancia presente. Sin embargo, como mostraré adelante, el juego viejo termina. La economía en tanto objeto de ese nombre que se ha enseñado en los siglos anteriores, ha llegado a su punto final. La economía, ahora, esencialmente como expresión de una ciencia física propiamente definida, debe sustituir ahora lo que han sido los hábitos anteriores del gobierno y la práctica económica en general hasta ahora. La nueva forma va a retener los aspectos esenciales de lo que ha estipulado la Constitución Federal de EU, menos la corrupción ejemplificada por las prácticas liberales angloholandesas de la usura.

Ha llegado el momento de enterrar a Juliano el Apóstata, de modo permanente. Es el momento de vaciar ese depósito de basura de sus mentes, que los crédulos de nuestra época han llegado a llamar erróneamente ‘historia’. ———————————————————-

II. LA CIENCIA FISICA DE LA ECONOMIA

Sería apropiado que dedicase las presentes páginas y sucesivas de este capítulo a la discusión de una serie de tópicos, tópicos que pertenecen en si mismos y de si mismos, a la naturaleza de la puesta en escena necesaria del drama en el que se presenta una forma clásica de una gran tragedia, actual, en vivo. Tengan paciencia conmigo en tanto se colocan en su lugar estos necesarios preparativos como escenarios esenciales. Llegaremos a lo macizo del núcleo de este drama y el de los capítulos siguientes en su debido momento.

Por lo tanto, en cuanto antecedentes:

El origen principal del gran daño ocasionado a las economías europeas, incluyendo a la Rusia soviética y post soviética, es el daño causado principalmente por las influencias imperialistas (e.g., liberal angloholandés saudita) filosóficas británicas de hoy día. Este tipo de daño ha sido lo que debemos señalar como causa extendida de problemas subyacientes profundamente, lo cual se expresa en las diferencias sistémicas entre lo que se ha de reconocer, por un lado, como tendencias degradadas en los sistemas sociales y económicos europeos, y por el lado opuesto, una tradición que ha establecido su punto de apoyo inicial al interior de lo que después devino en los Estados Unidos de América, en los establecimientos de los Peregrinos y de la Bahía de Massachusetts de los Winthrops y los Mathers en Nueva Inglaterra.

Para ubicar esas diferencias históricamente, debemos preparar el terreno para mostrar las influencias relativamente benéficas en toda la civilización europea moderna del gran Renacimiento europeo de mediados del siglo 15, que giró en torno al gran Concilio Ecuménico de Florencia. Estos beneficios se ejemplifican en las iniciativas de Filippo Brunelleschi y Nicolás de Cusa en la refundación de todos los fundamentos principales de una forma competente de ciencia física moderna. Sin embargo, también debemos tomar en cuenta los efectos contrarios, malignos, del rol de la oligarquía financiera veneciana en orquestar la Caída de Constantinopla, y la degeneración múltiple que se introdujo con las guerras religiosas que dominaron a toda Europa desde el momento de la expulsión de los judíos de España en 1492, hasta la Paz de Westfalia de 1648.

Principalmente ha habido dos acontecimientos encontrados en la civilización europea moderna en su conjunto. Por un lado, el Renacimiento que su fundación de la ciencia física moderna y el arte clásico inveterado en los remanentes restaurados de la escuela de los antiguos pitagóricos y Platón. Del lado opuesto, el descenso de Europa a nuevas formas de barbarie recurrente. De este lado, hubo guerras religiosas y la influencia dañina expresada en la efusión del imperialismo liberal angloholandés a partir de las entrañas de Paolo Sarpi. Fue el ascenso de éste, el modo de sofistería del liberalismo angloholandés a partir de Sarpi y sus descendientes los ‘materialistas del siglo 18’, lo que llegó a representarse, también, con el caso de la influencia de Karl Marx, en el rol de Marx como discípulo del dogma empirista imperial de la Compañía de Indias Orientales británica.[8]

Este conflicto, esbozado de este modo, estableció la importancia de las Américas, en especial lo que devino en los Estados Unidos, como el lugar en donde los mejores productos de Europa podían hallar refugio de ese tipo de corrupción específico del liberalismo, el liberalismo que ha estado centrado, desde esa época, en el mismo sistema liberal angloholandés que ha hundido a Europa en guerras continentales y males afines, como la llamada ‘Guerra de los Siete Años’ mediante la cual estableció su poder imperial la Compañía de Indias Orientales británica, en la Paz de París de febrero de 1763.

Para entender esto de modo competente, nos debemos enfocar, como en este informe, en un concepto poco entendido de la ciencia física, la dinámica, como se expresa en el antiguo término griego dynamis, o el término moderno de dinámica de Leibniz, Bernhard Riemann, Max Planck, Albert Einstein, y del académico V.I. Vernadsky.

Todo esto dicho a modo de antecedentes, y ahora tenemos los siguientes elementos decisivos del caso que se desarrollará en el transcurso de este capítulo.

La añeja raíz del mal

Para comprender el presente hundimiento, desde julio de 2007, de el planeta entero, en lo que se esta convirtiendo en una nueva era de tinieblas prolongada, primero debemos ver estos horrores modernos como reflejo de un mal todavía más antiguo, una forma de maldad en contra de la cual debimos haber estado advertidos mediante el estudio de la IIíada homérica, la autodestrucción de la civilización de Grecia a manos de la sofistería expresada en las Guerras del Peloponeso. Debemos ubicar la naturaleza de ese mal añejo como lo retrata, hoy todavía, cualquier lectura intuitiva del fragmento existente del (Prometeo encadenado) de la trilogía de Prometeo de Esquilo. Era un mal de cualidad específica, la resonancia de la raíz Antigua del ‘neomalthusianismo’ de hoy que se expresa en el relato de Esquilo sobre el Zeus olímpico que prohíbe el descubrimiento científico físico de la práctica de la sociedad, que ha sido la raíz añeja de la gran crisis de desintegración económica que ahora golpea al planeta en su totalidad, incluso a Rusia, hoy día. A menos que se erradique esa forma sistémica de ‘neomalthusianismo’ oligárquico incontrolado, inherente al rol de ‘los sesentaiocheros’, el mundo ha alcanzado un punto de decadencia, ahora, en el cual sería prácticamente inevitable un desplome rápido de la población Huacana desde los seis mil millones y medio de ahora, a menos de dos mil millones en unas dos generaciones, o menos.

Lo que debemos considerar, además del hecho de la obvia maldad del Fondo Mundial para la Vida Silvestre del príncipe Felipe de Gran Bretaña y del finado veterano notable de la Waffen-SS, el príncipe Bernhard, es que esta forma de imperialismo liberal angloholandés salvajemente contrario a la ciencia, llamado con nombres tales como ‘ambientalismo’ y la farsa lunática de ‘parar el calentamiento global’ de hoy, es la fuente principal de los males que sufre la humanidad, como el genocidio imperial sistémico británico contra África, hoy día.

En el caso de la misma Rusia, el legado de la Academia de Ciencias de Rusia (y la de Ucrania), es una de las grandes banderas de la humanidad en torno a la cual se debe unir la gente honesta de las naciones para repeler el aluvión del ‘malthusianismo’ genocida que constituye la esencia del derrumbe genocida de la civilización global ya puesto a toda marcha hoy día.

La expresión competente más simple de la distinción precisa entre el sistema británico de economía política, incluyendo la del otrora pelele de lord Palmerston, Karl Marx, del lado británico, y el Sistema Americano de Alexander Hamilton, en el lado opuesto, es la oposición de la ciencia física rigurosa de Gottfried Leibniz a lo que era, específicamente, la sofistería meramente matemática de René Descartes. La distinción de las dos, es precisamente la que planteó el propio Leibniz durante los 1690 y después. Los principios generales de la dinámica física de Leibniz los sistematizó Bernhard Riemann en su disertación de habilitación de 1854, y Albert Einstein en sus planteamientos sobre las cuestiones de los descubrimientos sistémicamente congruentes de Johannes Kepler y Riemann.

Una ilustración pertinente

Para una ilustración simple del conflicto global que continúa al presente, entre esos dos sistemas opuestos en la civilización europea moderna, señalo una parte atinente de un libro escrito hace 30 años por mi colaborador, el finado Allen Salisbury. The Civil War and the American System (La Guerra Civil y el Sistema Americano) de 1978 de Salisbury, incluye el siguiente párrafo pertinente, un párrafo que sirve ahora para señalar la diferencia entre el sistema imperial británico adoptado por Karl Marx, para sus enseñanzas de economía, y la política contraria al imperialismo británico sobre la cual se fundó la república de los Estados Unidos de América, la Declaración de Independencia y la Constitución Federal, la cual es todavía, en principio, el mayor enemigo del Imperio Británico.[9]

Los próceres se guiaban por una teoría del valor del trabajo, una teoría atribuida por lo común a Karl Marx, pero desarrollada años antes por Alexander Hamilton, en particular en su Informe al Congreso sobre el tema de las manufacturas de 1791. Los avances en la sociedad no son resultado de alguna variación biológica o genética (del mismo modo en que alguna gente dignifica la adaptabilidad constante de la cucaracha casera común a las circunstancias ambientales cambiantes). Todos los grandes avance de la humanidad se han debido a la intervención de humanistas que han entendido, junto a Platón y sus sucesores neoplatónicos, que el hombre tiene las cualidades creativas para dominar deliberadamente las leyes de la naturaleza y efectuar su propia evolución.

En suma, el Sistema Americano de economía política, que se desarrolló sobre la base del descubrimiento de la ciencia de la economía física moderna por el mismo Gottfried Leibniz que fundó el cálculo moderno a mediados de los 1670, durante el intervalo, sigue siendo, en principio, el único fundamento con base en principios para escapar de la crisis de desintegración económica-física global que ya se nos echó encima y está en marcha. La distinción del Sistema Americano de economía política, que fue adoptado por los patriotas de EUA como el antídoto necesario para el sistema imperial británico de los círculos del lord Shelburne de la Compañía de Indias Orientales británica, sigue siendo hoy día la única fuente competente de remedio para lo que sería, de otro modo, una crisis de desintegración general, sumamente genocida, por generaciones, del planeta en su conjunto.

La raíz más profunda de la distinción sistémica de los dos sistemas de política económica angloparlantes de todo el mundo, mutuamente opuestos al presente, reside en el significado del término dinámica, como se reintrodujo a la ciencia moderna, en los 1690, por Gottfried Leibniz.

Esta visión leibniziana dinámica de la creatividad humana, se incorporó de este modo, como reflejo, en el término ‘la búsqueda de la felicidad’ de la Declaración de Independencia de EU de 1776, un término adoptado por Benjamin Franklin et al., de la segunda refutación de Gottfried Leibniz a la depravada obra de John Locke, Ensayos sobre el entendimiento humano; el concepto de Leibniz se expresa en la totalidad del Preámbulo de la Constitución Federal de EU. De este modo, las palabras de la canción Americana de libertad de Benjamin Franklin están en los libros, pero pocos recuerdan todavía esa música de la creatividad humana, a cuyo son se debe cantar esa canción.

El origen del gran conflicto permanente entre el Sistema Americano y el Imperio Británico, el imperio liberal andloholandés saudita de hoy día, reside en el hecho de que toda creatividad antológicamente real está excluida intencionalmente de esa filosofía empirista, explícitamente ocamista de Paolo Sarpi a la que se adhirió Karl Marx. Los empiristas de los siglos 18 y 19 que excluyeron la creatividad, a los cuales se adhirió Marx declaradamente, fueron esos seguidores de René Descartes como el abate Antonio Conti, Abraham de Moivre, Jean le Rond D’Alembert, Leonhard Euler, Joseph Lagrange, Pierre-Simon Laplace y Augustin Cauchy, quienes hicieron de ese voto la base axiomática de su rechazo a la existencia del infinitesimal ontológico de Leibniz,[10] del cual ha dependido toda ciencia física moderna válida.

Dado que esa cualidad específica de creatividad, que los empiristas (i.e., ‘liberales’) profesaron prohibir de la práctica humana, es natural a todos los seres humanos normales, pero no a las formas inferiores de vida, a veces se cuela incluso en un empirista una brizna de lo que se puede definir, antológicamente, como creatividad, pero no si el o ella se percata de lo que hace, o sospecha que le van a pescar haciendo. Toda ciencia competente, y todo avance sistémico en las facultades productivas del trabajo, se expresa en esa creatividad específica que los empiristas seguidores de Sarpi intencionalmente han expulsado de los aspectos sistémicos de su práctica.

El error científico obvio implícito en el fracaso de la política económica de la Unión Soviética, y la tendencia que se manifiesta en el error semejante de algunos círculos prominentes de Rusia hoy, reside, esencialmente, en la ignorancia generalizada del principio más esencial de la ciencia física, ignorancia del significado del término ‘dinámica’ en tanto identifica la distinción característica de la ciencia de los antiguos pitagóricos, Platón, el gran Eratóstenes, y toda dirección válida en la ciencia física moderna desde la obra de Filippo Brunelleschi, Nicolás de Cusa, Leonardo da Vinci, el seguidor de estos Johannes Kepler, Pierre de Fermat, Leibniz, Jean Bernouilli, Abraham Kästner, Carl F. Gauss, Bernhard Riemann, Max Planck, Albert Einstein y el descubrimiento de V.I. Vernadsky de la biosfera y de la noosfera.

Esta misma aversión sistémica a la creatividad real, que es formal y explícitamente axiomática en los seguidores de Euclides, Paolo Sarpi, Descartes, Laplace y Rudolf Clausius, es característica de lo que se denominan sistemas matemáticos ‘reduccionistas’ empleados como un supuesto sustituto de los sistemas realmente físicos. La misma corrupción de Euclides, Descartes, et al.,invade cada rincón y grieta del liberalismo británico en general, y el dogma elaborado de los escritos de Adam Smith y de Karl Marx sobre filosofía y economía, de modo explícito.

Planteado en los términos válidos más simples, el argumento esencial sobre esta materia y sus implicaciones, como se emplea aquí, sigue la exposición que hizo Gottfried Leibniz de la incompetencia intrínsecamente sistémica de la obra de Rene Descartes relacionada con la extensión de la matemática neoeuclidiana a la ciencia física.

Sin embargo, de modo notable, aunque la introducción de lo que devino en la concepción riemanniana de dinámica está fechada explícitamente a partir de la obra de Leibniz de los 1690, y su desarrollo junto con Jean Bernouilli de la noción de un principio de acción mínima física universal, la resurrección del antiguo concepto de dynamis como el concepto moderno de dinámica, se había realizado realmente en la formulación singularmente original de Johannes Kepler de un principio de gravitación universal solar en su La armonía del mundo. Así que, de modo similar e implícito, la noción de dinámica ya la había revivido el predecesor de Kepler, Nicolás de Cusa, en su obra De Docta Ignorantia. La afirmación de Albert Einstein del descubrimiento singularmente original de Kepler de la gravitación universal, esta vez desde el punto de ventaja de las reflexiones de la física del siglo 20 sobre la obra de Bernhard Riemann, es la mejor referencia para identificar el tema de la dinámica hoy día.

¡Salvar a la ciencia de esos sesentaiocheros!

Desafortunadamente, gran parte del hecho de esta decadencia no se reconoce por lo común en la vida intelectual cada vez más decadente de la mayoría de las universidades de hoy. Uno de los factores más significativos que contribuyen a difundir la actual ola de esterilidad científica, ha sido el derrumbe del respaldo académico a la práctica científica física que se asocia justamente con la influencia que todavía tienen los mentados ‘sesentaiocheros’. Si no se da marcha atrás en esta tendencia hacia la decadencia, se describiría a la ciencia con razón, como en extinción hoy día.

Por toda Europa y las Américas, hemos perdido tanto de la densidad de competencia científica y semejante que las poblaciones adultas cultas de muchas naciones todavía poseían en 1968. La infraestructura económica básica esencial de la sociedad se ha derrumbado en gran parte; sectas ajenas, obscenamente neomalthusianas, contrarias a la ciencia, no solo han reemplazado la otrora influencia de la ciencia, sino que le ha robado el nombre.

De manera emblemática, hoy día, mientras que el aumento de la productividad per cápita y por kilómetro cuadrado depende, en verdad, del aumento relativa de la densidad de flujo energético, se ha de reconocer a los fanáticos de la ‘energía blanda’ esencialmente como la degeneración de partes de la cultura actual a la depravación de los ‘destructores de máquinas’ luddistoides de principios del siglo 19 en Inglaterra. Mientras que la mejora de la tierra, por kilómetro cuadrado, requiere aumentos de la conversión de la luz solar en clorofila, nos vemos empujados a degradar el uso de la radiación solar que llega a las capas superficiales de nuestra planeta, a degradar toda forma del uso de la energía para depender de densidades de flujo energético menores, en vez aumentar la densidad de flujo energético, una tendencia que significa la degradación fatal globalmente de la biosfera, y un aumento en las tasas de despoblación humana y degradación de los niveles de vida humana.

La forma más económica de reducir la población humana, no consiste en utilizar métodos caros para matarla, sino lavarles el cerebro, quizás para inducirla a que se elimine a si misma, o unos a otros, como han sido lavados de su cerebro muchos de los sesentaiocheros y crédulos más jóvenes hacia el culto neomalthusiano: Inducir a la mayor parte de la población a que se destruya a sí misma, simplemente volviendo loca a la gente, como los están haciendo esos miserables del príncipe Felipe de Gran Bretaña y su lacayo, el ex vicepresidente estadounidense Al Gore, que al fomentar el maltusianismo de Giammaria Ortes, y los peleles de Ortes y su plagiario, el Thomas Malthus de la Escuela Haileybury, o del Fondo Mundial para la Vida Silvestre del duque de Edinbugo de Gran Breña, se lo harán a ellos mismos.

India y China, por ejemplo

Las consecuencias inevitables de la destrucción de la economía estadounidense ahora golpean duro a China, como a Rusia, cuyas economías dependían de la estadounidense, debido a la influencia de la farsa global contra la energía nuclear desde 1968 llamada movimiento neomalthusiano. También a India le golpeó duro, pero como es relativamente menos dependiente en lo inmediato de su porción de exportaciones, los efectos descendentes llegan más lentamente, hasta ahora. Al mismo tiempo, el derrumbe de las economías europeas y de EU, causado principalmente por la exportación de la capacidad productiva a los mercados de trabajo barato masivo, significa que, bajo las actuales pautas de política mundiales propias de la ‘globalización’, Europa occidental y central, y Norteamérica, ya no podrán aportar el clima global de crecimiento económico-físico requerido para mantener la existencia de las economías presentes de Asia, y de Rusia.

¿Quién le va a comprar materias primas a Rusia, cuando ya no existen los que han sido los principales clientes que no tienen el ingreso necesario para comprar esas materias primas?

La cuestión de fondo, que se ha de reconocer queda ilustrada con tales ejemplos, es que nunca hubo una correlación positiva entre precio y valor. Esta enseñanza de la experiencia actual, nos advierte que la muerte ya cercana de toda la práctica competente de la economía ha llegado hasta su fase ya avanzada, debido al modo en que se enseñaba (¡y se creía!) la materia generalmente bajo la influencia difundida del imperio liberal angloholandés, desde, notablemente, febrero de 1763, hasta el día de hoy.

La riqueza verdadera se puede medir funcionalmente solo en los términos congruentes con el ejemplo de la enseñanza de una ciencia de economía física desde el punto de vista de la dinámica anticartesiana: en términos del aumento de la densidad demográfica relativa potencial, per cápita, y por kilómetro cuadrado, no en términos monetarios como tal. La mayor fuente particular de aumento real de las facultades productivas del trabajo, se define apropiadamente de acuerdo a esa norma. Por otro lado, el dinero no es medida de valor económico, sino que, simplemente, cuando se emplea de modo competente, un medio de intercambio e inversión en mejoras físicamente eficientes, en tanto las mejoras se pueden medir en lo económico, en efecto, como aumento de la densidad demográfica relativa potencial per cápita y por kilómetro cuadrado. El consumo físico de avance científico-físico e inversiones físicas similares, es lo que constituye el único por el cual se puede defender el aumento de la densidad demográfica relativa potencial en contra de los efectos de otro modo inevitables del derrumbe regional, continental, o incluso mundial, de los niveles de vida y de la población, en últimas, del planeta en su conjunto.

En este respecto, el dinero (precio) mismo tiene que dejar de considerarse como si fuese, en sí mismo, un patrón eficiente de valor económico; se debe considerar apto para ser despreciado, pero despreciado solo en términos congruentes, en la regulación de un efecto agregado de circulación monetaria, obligado a amoldarse a la noción de un aumento de valor físico, per cápita y por kilómetro cuadrado, para la economía en su conjunto.

Como la víctima de la trampa de un cazador astuto, China, y otras naciones llamadas en desarrollo han caído en una trampa comparable de ‘producir para los mercados de exportación, una trampa creada por el cazador, que en este caso es el programa angloamericano de la ‘globalización’ de la división del trabajo en la producción. La transferencia de los medios de producción de Europa y Norteamérica, al trabajo de naciones tales como las de Asia, África y Sudamérica, no ha elevado la productividad del planeta en su conjunto, sino que ha producido precisamente el efecto contrario. Este es el efecto que se produce con la degradación de la producción, de un nivel relativamente superior de productividad neta de la economía en su conjunto, a uno inferior.

Observen bien el ‘mercado’ que compra los bienes cuya manufactura se ha transferido en gran parte desde Europa, Norteamérica, Japón y Corea, a Asia y Sudamérica en general. El mercado de exportación para los bienes manufacturados exportados desde China a Europa y Norteamérica, consistía en exportar a un mercado en proceso de derrumbe, a naciones cuya producción de riqueza se derrumbaba, y más rápido que sus requerimientos monetarios de consumo artificialmente inflados. La brecha que se generaba de este modo, se llenaba con la basura económica de una descontrolada tasa de aumento en los agregados monetarios, como los derivados financieros, no con la producción de riqueza. Ese margen de aumento de activos monetarios nominales se ha elevado a tasas aceleradas, tasas de aumento que han generado las fases posteriores a julio de 2007 de la crisis de desintegración general del sistema planetario en su conjunto, actualmente en marcha.

Ahora, la burbuja global ha estallado.

Matemática versus física

Toda concepción competente en la economía es física, no matemática.

Como lo he destacado ya, en un lugar anterior de este capítulo, la incompetencia sistémica de Descartes en la ciencia, se origina en sus esfuerzos, en tanto seguidor implícito de Paolo Sarpi, por derivar los valores físicos a partir de una matemática (geometría) radicalmente reduccionista que a su vez se deriva del modelo aristotélico de las suposiciones a priori de Euclides. Esas suposiciones no existían en la obra en la obra en que se había fundamentado la geometría griega anterior exitosa, es decir, la esférica de los pitagóricos y Platón. Las suposiciones a-priori de Euclides eran una rama del sofismo que solía ejercer una influencia persistente desde el período posterior a las muertes del gran Eratóstenes y de Arquímedes, hasta el renacimiento de las formas activas de la ciencia en el Renacimiento del siglo 15 de Europa. De este modo, es una cuestión de importancia decisiva para el rescate de la economía mundial ahora, que se reconozca no solo que la mayor parte de la enseñanza de la ciencia en el siglo 18 estuvo dominada políticamente, de manera creciente, por la herencia cultural sarpiana a favor del cartesianismo inherente al auge del Imperio Británico en ese siglo.

La incompetencia intrínseca de todo dogma económico británico, se asocia al resurgimiento que hizo Paolo Sarpi del mismo irracionalismo medieval de Guillermo de Ocam que llegó a representarse, posteriormente, en la Teoría de los sentimientos morales de 1759 de Adam Smith. Esto lo ejemplifica de la manera más llana el mas degenerado moral en extreme, el lacayo favorito de lord Shelburne y jefe del ‘Comité Secreto’ de Shelburne, el completamente depravado Jeremy Bentham. Bentham operaba ese Comité como el servicio de inteligencia imperial británico desde el despacho de Relaciones Exteriores creado bajo la influencia de Shelburne en 1782.

Tanto Smith como Bentham son consecuencias expresas de la doctrina del mismo Descartes, conocido por sus seguidores tales como el abad Antonio Conti, y los farsantes contrarios a Leibniz como de Moivre, D’Alembert, Euler y Lagrange, Immanuel Kant, Laplace, y Augustin Cauchy. En lo esencial, todos esos granujas eran cartesianos, cuyos mayores esfuerzos estuvieron dedicados a suprimir la ciencia física a favor de un modo neocartesiano de sustitución axiomática de la ciencia física por una matemática en base a Euclides.

Esta depravación del argumento cartesiano remeda la obra de los Elementos de Euclides. El contenido útil que aparece en forma de sombra en los Elementos de Euclides es material copiado de las fuentes anteriores representada en la esférica de los pitagóricos y de Platón. La malvada y decisiva enmienda que hicieron los autores sofistas de los Elementos de Euclides a la geometría anterior reside esencialmente en el papel de las mentadas suposiciones a-priori.[11]

El nexo fundamental a considerar aquí con relación al tema de la ciencia de la economía física, se ilustra mejor, como le hecho en ocasiones anteriores, mediante una consideración aguda de dos partes de la disertación de habilitación de 1854 de Bernhard Riemann, los dos párrafos iniciales y la frase final. Para sentar las bases de una práctica económica competente para hoy, se requiere examinar las implicaciones de esas partes destacadas fundamentales de la disertación de habilitación de Riemann, a la luz de la comprensión de Riemann y de la comprensión que tiene Albert Einstein de Kepler, y la concepción necesaria del universo en los descubrimientos de la biosfera y la noosfera del académico V.I. Vernadsky.[12] Consideradas en su conjunto, estas cuestiones recaen en la provincia del concepto de dinámica que está ausente por lo general de toda la enseñanza de la economía al presente.

Sin el salto que acabo de formular, al presente no hay escape visible al derrumbe de este planeta entero en una larga era de tinieblas. Si la civilización ha de existir como civilización durante las próximas dos generaciones o más, se deben introducir inmediatamente cambios profundos apartados de las creencis habituales sobre la economía nacional y mundial.

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III. UN MODELO ECONÓMICO DINÁMICO

Ahora llegamos al meollo del asunto que le he asignado a este capítulo del informe.

Inmediatamente después del éxito, por así decir, de mi pronóstico de 1956 sobre el brote de lo que yo había descrito como ‘la llegada para aproximadamente febrero-marzo de la recesión más profunda en los Estados Unidos de la posguerra’, que ocurrió realmente en febrero de 1957, utilice la experiencia de ese pronóstico exitoso para aplicar el mismo enfoque que se enraizaba en mi adopción temprana de la disertación de habilitación de 1854 de Riemann, lo cual me había guiado en ese pronóstico de corto plazo, para enfrentar el reto mayor de la prognosis de largo plazo, o sea, pronósticos de un lapso de tiempo de una década o más. Ese pronóstico de largo plazo, utilizando un método de enfoque para el cual adopté entonces el título de ‘modelo económico dinámico’ (Dynecmo, por sus siglas en inglés) fue a comienzos de los 1960.

Desde principios de 1953, lo que fue mi plan para tales empresas intelectuales, había sido el resultado de mi adopción de un concepto expresado como ell punto de vista definido por dos puntos en la disertación de habilitación de 1854 de Bernhard Riemann: el comienzo, los dos primeros párrafos donde echa los sistemas euclidianos y similares a los puercos de la necedad, y la frase final de la disertación, la cual ahora reproduzco como paráfrasis: Dicho esto por el momento, ahora debemos abandonar el dominio de la matemática a favor de la física.[13]

Esto significa que debemos reconocer que el esfuerzo por limitar la noción de realidad ‘física’ a las percepciones sensoriales como tales, lleva a algunas personas ingenuas a creer la insensatez de que la imagen del mundo, como nos la presentan nuestros sentidos, es ‘evidente por sí misma’. Dicha insensatez nos puede tentar a aceptar el absurdo de la noción de que la experiencia sensorial constituye de modo evidente por si mismo el único mundo real. De aquí el absurdo intrínseco de las suposiciones a-priori, conocido como ‘certeza sensorial’ elevado en la fe del crédulo lector cartesiano o similar en los Elementos de Euclides. El estudiante debe reconocer que el mayor logro científico físico de Johannes Kepler, su descubrimiento singularmente original del principio general de gravitación universal sistémico solar, ocurrió como reconocimiento de que el principio que gobierna la organización de las órbitas del sistema solar no era ni la vista ni el oído, sino el principio eficiente que es independiente de cualquiera de esos dos hábitos de percepción sensorial, la capacidad de las facultades creativas de la mente humana para ver detrás de las meras sombras aparentes de la percepción sensorial.

De este modo, por ejemplo, tenemos la expresión coincidente de genio que une al mentor de Kepler, el Nicolás de Cusa de De Docta Ignorantia, a los seguidores de Cusa Leonardo da Vinci, y Kepler, y luego, después de ellos, Riemann, Einstein, y Vernadsky. Las facultades creativas únicas de la mente humana, entre todas las criaturas vivientes, son la fuente del conocimiento humano válido, como el conocimiento científico válido, y no la necedad tonta de creer en la certeza sensorial, o de modo similar, proyectar la cualidad de la certeza sensorial sobre los meros instrumentos empleados para medir el fenómeno astrofísico o microfísico.

Entonces, el método que se debe emplear para la investigación que la dinámica de Riemannian me sugería, requería algo más, como táctica preliminar, que el conocimiento propiamente a disposición de cualquier estudio competente de ingeniería industrial, como se podría aplicar dicha evidencia a una economía física nacional. El desarrollo inicial de este enfoque requería algo más que la aplicación del aspecto más elemental del descubrimiento de Gottfried Leibniz del papel del infinitesimal ontológico: la aplicación de la noción del infinitesimal ontológico, como expresión de un principio universal descubrible, al tratamiento del papel del progreso tecnológico, y de modo similar, al papel contrario de la depreciación y el desgaste: un enfoque empleado para proporcionar un mapeo sistémicamente alíneal de los procesos de evolución positiva, o devolución física de las economías consideradas en gran escala.[14]

Estas consideraciones que acabo de poner de relieve aquí, nos apuntan en la dirección del significado eficiente apropiado del término ‘ principio físico universal’. Este punto de vista nos proporciona el único enfoque competente para entender esos principios de la economía física de los cuales depende en absoluto la existencia continuada de una forma civilizada de vida human en este planeta. En suma, el descubrimiento y despliegue de esos principios descubiertos, así definidos, es lo que nos proporciona de conocimiento eficiente de los cambios disponibles en las características del comportamiento económico humano y comportamiento cultural comparable, práctica cognoscible de la cual depende ahora una evitación presente de que la especie humana se estrelle en una prolongada y sumamente despoblada era de tinieblas de bestialidad humana prácticamente.

El reto que esto nos presenta, es: "¿Cómo podemos distinguir entre los cambios en opciones de comportamiento meramente, y esos tipos especiales de cambios que debemos denominar principios físicos universales, de los cuales depende la población humana, si ha de evitar un desplome antrópico de las condiciones para la vida humana, a los niveles de existencia presentes, sobre este planeta en general?

Este desafío no solo nos lleva fuera de los límites de la percepción sensorial, al dominio de esos principios físicos universales que los sentidos no perciben, pero que tienen el poder de cambiar y de controlar el aumento de lo que el académico V.I. Vernadsky definía como la noosfera, en relación a la biosfera: hecho esto a manera de sugerir un caso similar para el poder de la vida como tal para aumentar la existencia y desarrollo de la biosfera, en relación a los residuos abióticos de nuestro planeta y del sistema solar en su conjunto.

En el caso del sistema de Paolo Sarpi, et al., por ejemplo, los principios físicos universales reales, de acuerdo a como acabo de ilustrar esa noción, no existen en ese método, el método llamado empirismo. En su lugar, se presume erróneamente que las formulas matemáticas que gobiernan el tipo de experiencia de la percepción sensorial, toman el lugar de lo que ha sido el papel del muy largo alcance históricamente de la ciencia física europea competente, como la de los pitagóricos y Platón, o de Cusa, Kepler, Fermat, Leibniz, et al. Para los sarpianos y sus símiles, solo se aceptan acciones cinemáticas entre objetos en un espacio euclidiano-cartesiano (o poderes paganos estrafalarios de brujería). El empirismo solo acepta descripciones matemáticas, en vez de la prueba de lo que son realmente principios universales. De aquí el expediente miserable de realización de los modos convencionales estadísticos de ensayos de pronóstico de largo plazo. Las ‘‘corazonadas" prudentes de los pensadores serios tienen mejor desempeño que los pronósticos estadísticos; pero, la ciencia que yo he empleado tiene el mejor de todos.

La cuestión que plantean los contrastes que acabo de identificar, llega a ser: ¿Cómo sabemos, realmente, de la existencia de poderes que son eficientes con respecto a sus efectos en el dominio sensorial, pero no son, como lo ilustra el descubrimiento de Kepler de la gravitación universal, objetos perceptibles directamente, aun cuando su poder sobre los objetos perceptibles es una forma demostrada de existencia eficiente?

De este modo, el descubrimiento de Kepler de la gravitación universal, de modo singular, en su Armonía, se ha convertido así, de hecho, en el origen de toda ciencia física moderna competente. Este descubrimiento presentado ahí con originalidad singular, lleva a Kepler mismo a plantear dos grandes retos sistémicos más a los ‘‘matemáticos" que puedan venir después de él.

El primero de estos dos, el reto resuelto esencial y singularmente por Leibniz, consistía en el descubrimiento del infinitesimal ontológico del cálculo, un descubrimiento que fue principalmente fruto de los descubrimientos de Kepler en la astrofísica. De este modo, la secuencia de descubrimientos basados en principios, primero del descubrimiento de Kepler del principio de gravitación del sistema solar, segundo, el descubrimiento de Fermat de la acción mínima, y el descubrimiento singularmente original de Leibniz del principio del cálculo, define una secuencia rigurosamente ordenada de los principales descubrimientos decisivos de la ciencia física moderna. El sucesor, en cada caso, requería del descubrimiento previo del predecesor.

El segundo de estos retos era la noción relacionada de funciones elípticas, una misión cumplida de manera preliminar entre Carl F. Gauss y sus contemporáneos atinentes, y el cual, superado solo mediante la obra de Lejeune Dirichlet y Bernhard Riemann, condujo hacia las conclusiones adicionales alcanzadas mediante la obra de exposición de los fraudes de, más notablemente, esos dos grandes adversarios del trabajo veraz en la ciencia, como el mecanicista necio Ernst Mach y la escuela aún más degenerada de Bertrand Russell.

Bertrand Russell y sus crédulos como los adherentes de la escuela de análisis de sistemas de Cambridge son las fuentes desde las cuales se introdujeron las peores maquinaciones en la dizque ‘‘economía matemática", como las de Norbert Wiener y John von Neumann, después de la Segunda Guerra Mundial. Podría decirse con justicia de la obra de éstos últimos, que ellos, con su tontera en nuestro tiempo, probablemente han hundido más barcos durante mi existencia, de los que se que se podría atribuir a la necedad de Elena de Troya en la suya.

Ahora, Kepler en retrospectiva

Esta relación, aquí, se acerca ahora al gran principio de la economía hacia el cual he señalado, de modo persistente, en lo que va de este informe. Este es, una vez más, el principio de la dinámica, según se define para la ciencia física moderna y la economía en particular, primero, desde la visión retrospectiva de Albert Einstein, del descubrimiento singularmente original de la gravitación de Kepler, que nos muestra un universo riemanniano; y segundo, las implicaciones de la misma evidencia según se expresan en la definición de la biosfera y de la noosfera del académico Vernadsky. Esta concepción conjunta de la cuestión, de Einstein y Vernadsky respectivamente, tiene también no solamente una significación general, sino también una muy específica, y una enorme importancia práctica para la formulación de planes de todas y cada una de las naciones bajo las condiciones especificas presentes de una ciencia económica moderna que se debe practicar bajo las condiciones de la actual crisis de desintegración económica global que se nos ha echado encima.

Ahora volvamos nuestra atención brevemente a la cuestión de la gran mentira que se enseña con fanatismo en la mayoría de los departamentos de cienci de las universidades del mundo, hoy todavía: la idea necia que asevera que Issac Newton descubrió la ley de gravitación. El hecho es que, esa enseñanza es una mentira, como se ha demostrado, una y otra vez, sin incurrir nunca en un esfuerzo de refutarlo por ninguno de nuestras liberales notables. La primera de las dos interrogantes que se deben hacer de cualquier jefe pertinente de un departamento universitario, es: ‘‘Por qué mantiene a los tontos que hacen eso en su facultad?" La segunda pregunta es: ‘‘¿Cuál es el efecto práctico que tiene la mentira oficial en apoyo del mito de Newton en el actual destino potencial de las naciones prácticamente condenadas?" La respuesta a ambas preguntas se resume en una sola palabra: ‘‘Dinámica".

¿Que significa esto, entonces, para la práctica de un enfoque competente a una ciencia física aplicada de economía política?

Vean esta pregunta, primero, desde el punto de vista de Einstein, y luego, del de Vernadsky.

Lo que Kepler enseñó a Einstein

Observando el descubrimiento singularmente original de la gravitación universal de Kepler, con la ayuda de la obra de Bernhard Riemann, Albert Einstein hizo a un lado la tontería infantil de cualquier cosa que pareciera una geometría euclidiana; hizo a un lado la chácara infantil de ‘‘al infinito" y de los ‘‘infinitesimales"cartesianos de de Moivre, D’Alembert, Euler, Lagrange, Laplace, Cauchy, et al. El infinitesimal de Leibniz no es la expresión de una pequeñez limitante en el espacio, sino el efecto físico universal de aquello que confina el espacio-tiempo físico hasta en el detalle más pequeño.

En cuanto se define la gravitación en términos de una armonía derivada a partir de la concepción pitagórica de la esférica expresada en la obra de Platón, y vista esta evidencia sucesivamente por el descubridor Kepler, y, esto, después, a través de los descubrimientos de Dirichlet y Riemann, Einstein reconoció que cualquier principio físico verdaderamente universal confina al espacio-tiempo físico cuya existencia expresa. Sin embargo, dado que el universo estelar en general es antientrópico, no entrópico, el proceso de desarrollo universal en el universo no está dentro de límites fijos; más bien, para Einstein, ese espacio-tiempo físico universal es finito pero no confinado dentro del significado de esas condiciones.

Luego, cuando repetimos esto de manera apropiadamente corregida, para tomar en cuenta las universalidades específicamente singulares del espacio-tiempo físico de los procesos vivientes (la biosfera), y luego, enseguida, también de los proceso cognoscitivos, como hizo Vernadsky (la noosfera), obtenemos de este modo acceso a una noción general del verdadero significado que se ha de asignar al término ‘‘principio físico universal." Es decir, que cualquier principio físico universal verdadero define un espacio-tiempo físico correspondientemente finito, en el sentido en que Einstein define el universo. Esto define implícitamente el sentido apropiado del significado del infinitesimal de Leibniz, como ser eficiente y antológicamente incluyente, en vez de confinado de modo elemental en la naturaleza.[15] Esta es, por supuesto, la diferencia entre una perspectiva meramente matemática, tal como la de Euclides o Descartes, y un Platón, Eratóstenes, Nicolás de Cusa, Kepler, Fermat, Leibniz, o Riemann.

Estas consideraciones recién planteadas definen implícitamente el verdadero principio de dinámica, el principio del cual depende cualquier enfoque competente de política económica. De ahí mis concepciones iniciales de los1960 sobre ‘‘modelos económicos dinámicos, de las cuales ha dependido el diseño conceptual de todos mis pronósticos singularmente exitosos.

¿Por qué cualquiera experimentado en los logros de la ciencia moderna ha visto estas cuestiones de modo diferente? ¿Por qué tal depravación persistente, como lo ilustra el caso del fraudulento supuesto del descubrimiento de la gravitación de Isaac Newton?

Suficientemente dicho, hasta aquí. ¿Cuál es, entonces, el cambio fundamental en el principio de diseño de política físico-económica que debe ahora superar las ideas de lugar común hasta ahora sobre la economía, si es que la civilización no ha de seguir su desplome al presente acelerado de todo el planeta hacia una nueva era de tinieblas prolongada? ¿Cuál es el significado apropiado, atinente, del término dinámica?

Una ilustración práctica

En la economía moderna, por ejemplo, la forma general de progreso científico-tecnológico en las facultades productivas manifiestas del trabajador individual no occure principalmente en el llamado ‘punto de producción local’. Hay, principalmente, dos factores inmediatos implícitos en cualquier tendencia inmediata de aumento de las facultades productivas del trabajo, conmensurables en términos físicos, per cápita y por kilómetro cuadrado. Uno lo encarna el conjunto de la habilidad y la motivación del individuo físicamente productivo. El otro es principalmente un reflejo de la infraestructura económica básica mejorada de las categorías directamente relacionadas con la producción física y la productividad física relativa del operario individual.

Por ejemplo, el operario individual de producción en la manufactura automotriz, se halla en el extremo relativamente bajo de productividad, mientras que la mayor concentración de productividad física relativa está ‘corriente arriba’ en el sector de diseño de máquinas herramienta, o, corriente más arriba, en el desarrollo de ciencia como tal.

Al mismo tiempo, el factor más significativo de variabilidad en la productividad relativa de los operarios de producción, se localiza en la infraestructura económica básica de la producción, y no ‘en el sitio de producción’ como tal. Por ejemplo, si disminuimos el número promedio de horas de viaje ida y vuelta al trabajo, en la comunidad en la que ocurre la producción o la actividad relacionada, aumentamos la productividad de la población de toda ese zona incluso sin que haya mejoras en el sitio de producción mismo. O, si aumentamos la ‘densidad energética’ efectiva de las fuentes de energía per cápita y por kilómetro cuadrado, solo eso facilita aumentos las facultades productivas que se manifiestan en el sitio de producción en toda esa zona.

En otras palabras, no es ni el desarrollo de la infraestructura, ni la mejora del trabajo en el sitio de producción, lo que define la mejora; es el modo en que interactúa el desarrollo de ambas cosas. Esto demuestra que, en cuanto aceptamos la ventaja de ser humanos, en vez de un drogadicto, o un equivalente funcional de eso como un macaco, lo determinante es el desarrollo de las facultades creativas que expresa en la práctica el individuo en sociedad; pero, la mayor parte de este factor, reside en la ciencia, en los desarrollos afines de las formas ce cultura clásica, y en el aumento de la proporción de la infraestructura económica básica directamente relacionada a la producción física que es fundamental.

En otras palabras: déjense de la chacharaca sobre las ‘facultades productivas del trabajo’. Lo fundamental es el aumento de las facultades productivas del trabajo motorizado por la ciencia, ya sea como producción directa calificada, o más significativamente, como un aumento en la densidad de flujo energético y de la intensidad de capital de los medios de producción. Lo decisivo es el grado de calificación del trabajo relacionado a la ciencia, y la proporción de intensidad en el uso de capital esencial para la producción de la infraestructura económica básica.

Por ejemplo, tomen el caso de India hoy día. Aproximadamente entre el 60 y 63% de la fuerza laboral es marginal en calificación. Este factor solo se puede mejorar lentamente, medido en términos de generaciones sucesivas. Sin embargo, la aplicación extensiva de plantas de energía nuclear cargadas apropiadamente, como el ciclo del torio, produciría un aumento más bien inmediato de las facultades productivas y de la esperanza de vida de los miembros de la población de India, a pesar de una mejora lenta en el desarrollo de la productividad personal y familiar de la población como tal.

Por ejemplo, en el caso del enorme crimen continuado contra la humanidad, estilo Hitler, de la ocupación liberal angloholandesa saudita de África y de regiones de la sección llamada Medio Oriente en la Cercana Asia, el desarrollo de la infraestructura económica básica en la gestión de agua, transporte moderno de masas, y un aumento rápido de la generación de energía nuclear y la distribución de energía, produciría efectos provechosos, per cápita y por kilómetro cuadrado, que parecerían espectaculares comparados con la historia de ese continente después de 1945.

¿Que queremos decir con 'Poder'’?

Lo que he puesto de relieve hasta ahora aquí, pertenece a los correlativos de lo que la convención identifica como ciencia física. No nos atrevemos a pasar por alto el efecto destructivo de la degeneración de la cultura popular en Norteamérica y en Europa durante, más notablemente, la degeneración cultural desatada con el impacto, después de 1945, del ascenso del patrón de la cultura trasatlántica posterior a Franklin Roosevelt influida fuertemente por lo que se conoció en Europa como el Congreso por la Libertad Cultural, o, el fenómeno trasatlántico de la contracultura del rock y las drogas.

La creatividad científico-física constituye un aspecto fundamental del fomento de la productividad humana per cápita y por kilómetro cuadrado, pero la diferencia entre el hombre y las bestias es tan significativa para la música y la poesía, como para la ciencia física como tal. La cualidad de las relaciones sociales, y consecuentemente, del progreso de la productividad de la fuerza laboral, se determina tanto por las ventajas de las culturas verdaderamente clásicas sobre las culturas populistas, como por los descubrimientos científico-físicos.

La proliferación del culto neomalthusiano de oposición al desarrollo de la energía nuclear como fuente de energía primaria para la sociedad, es una manifestación de degeneración moral e intelectual de las naciones y sus poblaciones, así como el fomento de programas de la mentada ‘legalización’ de la drogadicción. Los modos indicados de degeneración cultural, y su aumento en los últimos cuarenta años y pico, ha sido un factor tan significativo en ocasionar la crisis de desintegración general que se experimenta en todo el mundo hoy, como la supresión de las facultades productivas físicas del trabajo de las poblaciones de Norteamérica y de Europa.

Estas consideraciones reflejan el principio de dinámica sobre el cual he centrado mi atención desde 1953.

La recuperación económica global y cultural que se proponía el Presidente Franklin Roosevelt en el período esperado de la posguerra, era congruente con un enfoque riemanniano a la perspectiva de una mejora sinfín de las condiciones humanas de las naciones y los territorios que deberían llegar a ser naciones soberanas. La noción de un sistema regulado de precios, regulados para que sean conformes a estos objetivos físicos del desarrollo humano era válido entonces, antes de la Presidencia de Harry S Truman, y se necesita desesperadamente como política y perspectiva para el mundo en general hoy día.

Si no retornamos a ese Sistema Americano, como lo representaban los próceres de EUA y los Presidentes Abraham Lincoln y Franklin Roosevelt, es inevitable ahora una nueva era de tinieblas planetaria para toda la humanidad. El obstáculo principal a dicha recuperación necesaria es lo que se llama ‘el Imperio Británico’. Sin la movilización de una asociación de cuatro potencias para derrotar la influencia de ese imperio, es inevitable una era de tinieblas para este planeta. No se necesita definir en gran detalle esa asociación de cuatro potencias; para el momento sería suficiente un compromiso general con el potencial de un sistema crediticio global de tipos de cambio fijo, que sustituya al actual sistema monetario putrefacto y sin remedio. En el plazo relativamente corto, la causa de la buena salud es mejor honrada con los medios obvios del combate a las enfermedades dañinas.

Sin embargo, dicho esto, la misión más inmediata consiste en dar marcha atrás al viraje desacelerador desde 1968 en el aumento de la productividad física mediante la energía nuclear, sin lo cual la crisis de desintegración global de la civilización en el mundo entero, que y está en marcha, no hubiera estallado, entre julio y agosto de 2007, como ha ocurrido.

Esta vez, a ocasionar el Renacimiento ahora, antes de que la presente nueva era de tinieblas que se nos echó encima se apodere del planeta entero.

NOTAS

[1] El caso de la exposición de Rosa Luxemburg, en su La acumulación del capital, de necedad absoluta del dogma de V.I. Lenin y los socialdemócratas alemanes prominentes, constituye una ilustración excelente de la cuestión. Compare la tesis de su libro con la confirmación que presentó décadas después, el historiador del Departamento de Estado estadounidense Herbert Feis.

[2] Durante los últimos años de la gestión del príncipe Otto von Bismarck como Canciller, se desarrolló un conflicto decisivo entre el príncipe de Gales de Gran Bretaña, Edward Albert, el principal arquitecto de lo que devino en el estallido de la serie de guerras de Japón contra China en 1895, de 1895 a 1945, la guerra ruso-japonesa de 1905, y luego de su muerte en mayo de 1910, su principal legado, la Primera Guerra Mundial. Los esfuerzos de Londres de Edward Albert (mediante una guerra en los Balcanes) por provocar una guerra entre Alemania y Rusia, aumentaron. Bismarck estableció un acuerdo secreto con Nicolás II de Rusia para impedir que Alemania fuese arrojada a una guerra en los Balcanes contra Rusia. Por este motivo, sacaron a Bismarck, y siguió lo demás.

[3] El Despacho de Relaciones Exteriores de Bentham, predecesor del MI-6, no solo dirigió el sitio de Phillippe Egalite a la Bastilla como una operación contra los círculos patriotas del Marqués de Lafayette, sino el Terror jacobino, y a través de la secta francmasónica de los Martinistas, la creación del Napoleón Bonaparte cuyas guerras en Europa continental fueron, de hecho, una reposición de la estrategia angloholandesa para inducir la destrucción propia de Europa continental, que se expresó anteriormente como la Guerra de los Siete Años. La creación de la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, al igual que cuando Londres puso en el poder a los tiranos fascistas Benito Mussolini y Adolfo Hitler, fueron orquestadas de modo similar por la monarquía británica, como, en cada caso, copia de ese modelo de la Guerra de los Siete Años que elevó a la Compañía de Indias Orientales británica a la condición de potencia imperial con la Paz de París de febrero de 1763. Fue esa misma Paz de París la que causó el rompimiento permanente entre los patriotas estadounidenses y el Imperio Británico, hasta el instante presente. El crimen contra la civilización que cometió Margaret Thatcher de Gran Bretaña, con la complicidad de François Mitterrand de Francia y el Presidente de EUA George H.W. Bush, En 1990, y después, fue de modo similar, una extensión del principio estratégico liberal angloholandés de la Guerra de los Siete Años. Como lo advirtió Simón Bolivar, desde Colombia, la revolución bolivariana contra Estados Unidos había sido totalmente producto de las andanzas del jefe del ‘Comité Secreto’ del Despacho de Relaciones Exteriores británico, Jeremy Bentham. Lo que devino en los levantamientos de 1848 en Europa (‘Joven Europa’), y la organización de los fututos Estados Confederados de América (‘Joven América’), bajo Palmerston, fueron cada uno de ellos una continuación de los métodos de Bentham por parte de Palmerston, Mazzini, et al.

[4] La Sociedad Fabiana británica trajo al anciano Engels para atraer a Alexander Helphand (‘Parvus’) al servicio de toda la vida del tráfico de armas británico y las operaciones británicas de contrainteligencia como aquella dirigida, con la ayuda del comunista polaco Karl Radek, a transbordar a V.I. Lenin, por tren, a las proximidades inmediatas de la situación revolucionaria de Rusia, donde las intenciones revolucionarias de Lenin para Rusia devinieron en el rescate de los británicos ante las opciones de Alemania en las negociaciones de Brest-Litovsk de L.D. Trotsky (‘ni paz ni guerra’). Asímismo, ‘Parvus’ fue el autor de la doctrina estratégica de los servicios de inteligencia británicos, en práctica todavía hoy, denominada ‘guerra permanente, revolución permanente’, la cual le pasó a su eventual protegido L.D. Trotsky.

[5] En sus últimos años, Engels aparecía como figura prominente en el reclutamiento del traficante de armas británico de Odessa, Alexander Helphand (a.k.a. ‘Parvus’) para una posición duradera en los servicios de inteligencia británicos, en la operación del ‘Joven Turco’, y en especial, en los efectos estratégicos decisivos, para el resultado de la Primera Guerra Mundial, en la conformación, por parte de la inteligencia británica y sus piezas socialdemócratas alemanas al interior de las instituciones políticas de Alemania, del rol de V.I. Lenin en las famosas negociaciones de Brest-Litovsk entre el alto mando militar de Alemania y el funcionario soviético L.D. Trotsky.

[6] Esto, a pesar de la advertencia que le hizo Heinrich Heine a Karl Marx, contra la operación de la Joven Europa. Entre otras cualidades, Heine fue una inteligencia prominente de su tiempo, como lo atestigua su La escuela romántica, y a través de nexos familiares con los Rorhschild de París, fue un íntimo privilegiado de las discusiones al interior de esos círculos familiares.

[7] Della ragion di stato (1588), un predecesor significativo de los venecianos tales como el fundador del malthusianismo moderno, el Giammaria Ortes cuya traducción al inglés de su Riflessioni sulla popolazione fue completamente plagiada por Thomas Malthus, de la Escuela Haileybury, en su trabajo Sobre la población.

[8] Se debe destacar que la reputación de los empiristas de los siglos 17 y 18, o de Karl Marx, como ‘materialistas’, es completamente falaz; como lo muestra claramente el tratamiento de Leibniz sobre Rene Descartes, los empiristas, como el mismo Marx, trataban la matemática como substituto de las realidades físicas.

[9] Allen Salisbury, The Civil War and the American System: America’s Battle with Britain, 1860-1876, Nueva York, Campaigner Publications, 1978; pags. 4-6. Cf. Secretario del Tesoro de EU, Alexander Hamilton, ‘Informe sobre el crédito público’ (1790); Informe sobre un Banco Nacional (1790); e, Informe sobre el tema de las manufacturas (1791). Compare, de G.W. Leibniz, Dynamica: On Power and the Laws of Corporeal Nature (1691) [traducción sin pulir del Movimiento de Juventudes Larouchistas, que se incluye en la lista de obras aquí por la importancia histórica de la obra para la ciencia de la materia en discusión]; y Critical Thoughts on the General Part of the Principles of Descartes (1692) y Specimen Dynamicum (1695), Gottfried Wilhelm Leibniz Philosophical Papers and Letters; Dodrecht, Kluwer Academic Publishers, 2nd ed. 1998.

[10] Contrario al farsante Leonhard Euler, por ejemplo, el infinitesimal de Leibniz no es una cantidad matemática cartesiana del espacio, sino, igual que el descubrimiento singularmente original de la ley de gravitación universal de Kepler (en La armonía del mundo de Kepler), el lugar de un principio de acción eficiente, antológicamente existente.

[11] Es útil señalar aquí, como lo he hecho en publicaciones anteriores, que desde el final del primer día en que entre a una clase en secundaria sobre geometría plana, rechacé tales enseñanzas por ser intrínsecamente fraudulentas. Para mí esto era patente, ya en ese tiempo, a partir de mi estudio de las estructuras de apoyo del tipo que asociaríamos con la Torre Eiffel de parís. La geometría real es geometría física, que pertenece, emblemáticamente, a la proporción de masa con respecto al efecto físico de poder de apoyo. La geometría plana no existe en la ciencia competente; para la ciencia competente, solo existe la geometría física.

[12] Aunque el mismo Vernadsky adoptó el término ‘noosfera’ de Theilhard de Chardin, quien acuño el término, la concepción de Vernadsky no tiene ninguna congruencia epistemológica con el serpenteo de Teilhard, coautor de la farsa de Piltdown.

[13] Esa adopción del razonamiento de la disertación de habilitación de 1854 de Bernhard Riemann para este propósito, fue un subproducto de mi reacción a lectura de una copia de prepublicación para revisión en enero de 1948 (en París) de la Cibernética del profesor Norbert Wiener. La parte de ese libro contra la cual yo reaccioné duramente, era el argumento de Wiener sobre la noción de ‘teoría de la información’. Reaccioné a ello como ante un vástago de la ideología cartesiana contra la cual había luchado desde mi primer encuentro adolescente con la geometría euclidiana, pero también con mi experiencia atinente con la función de principios físicos en el progreso cualitativo en las manufacturas.

[14] La cuestión principal de rivalidad entre la escuela de la ‘torre de marfil‘ de Tjalling Koopmans, Kenneth Arrow, et al., y yo, en el transcurso de los 1950, fue su insistencia sistémicamente sinsentido en la noción de "programación lineal’ apriorística, una cuestión sobre la cual compartía un grado limitado de acuerdo con Wassily Leontief de Harvard. Cualquier cosa que pudiera considerarse congruente con Bertrand Russell y sus seguidores de la escuela de Análisis de Sistemas de Cambridge, se debe tratar como inherentemente fraudulento, y en efecto, ultimadamente catastrófico para la nación que prefiera creer en tales chácharas para la formulación de planes nacionales, como en la Unión Soviética en ciertos momentos decisivos, entonces, y después.

[15] En teología, esto semeja la denuncia de Aristóteles que hizo Filón de Alejandría, el amigo del apóstol cristiano Pedro. Los aristotélicos, como los de la época de Filón, insistían en que, si el Creador del universo fuese perfecto, la Creación sería perfecta, y por ende, el Creador no podía alterar esa Creación una vez que el Creador la hubiese completado. Esta interpretación de la opinión de Aristóteles se fundamentaba en la conjetura de la forma teológica de una supuesta ley de entropía universal. No se debería considerar asombroso, por lo tanto, que esta imposición de una ‘ley de entropía universal’ sobre el mismo Dios, expresase la devoción aristotélica a la existencia de una autoridad neomalthusiana aún superior a Dios, tal como el Zeus olímpico que describe Esquilo en el Prometeo encadenado (o quizás el príncipe Felipe de Gran Bretaña, el príncipe Carlos, o su lacayo común, el ex Vicepresidente Al Gore).Suficiente para el mérito teológico de las opiniones de Clausius, Grassmann, Kelvin y el Fondo Mundial para la Vida Silvestre.