Escritos y discursos de Lyndon LaRouche

 

El profesor Hankel y yo

13 de agosto de 2005.

El profesor Wilhelm Hankel, ex asesor en jefe del banco de fomento alemán Kreditanstalt für Wiederaufbau, le concedió una entrevista a EIR el 16 de julio, sobre la actual insustentabilidad del sistema del "euro". La idea era que yo respondiera a esa entrevista más o menos para fines de agosto. Lo hago aquí ahora, al plantear mi razonamiento en la forma de una crítica a las opiniones del profesor Hankel y a las mías propias.[1]

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Hoy vivimos en un sistema económico mundial quebrado, un sistema que, por así decirlo, se cierne ahora sobre su virtual lecho de muerte. Así, de no darse cambios revolucionarios en lo que hasta hace poco instituciones destacadas han considerado como normas generales probadas, esta civilización pronto se desintegrará hacia una nueva Era de Tinieblas planetaria. No hay modo de arreglar este sistema sin eliminar el aspecto característico de principio que hoy ha transformado a la otrora exitosa y promisoria economía mundial de 1945–1946 que encabezaba Estados Unidos, en este miserable basurero putrefacto de las ruinas de nuestro patrimonio.

El doctor Wilhelm Hankel, un crítico del sistema del euro

El doctor Wilhelm Hankel habla en noviembre de 2001 en un seminario de EIR que se celebró en Berlín. (Foto: Chris Lewis/EIRNS).

"Aquellos que impulsan la globalización y el euro están desmantelando al Estado, y con él, sus sistemas sociales", acusó el doctor Wilhelm Hankel, en una entrevista del 12 de agosto de 2005 que le concedió a EIR. Hankel, ahora profesor de economía de la Universidad de Fráncfort, fue directivo y economista en jefe del banco de fomento alemán Kreditanstalt für Wiederaufbau en los 1960, y también fungió como presidente del banco público Hessische Landesbank.

Crítico franco del tratado de Maastricht y de la Unión Monetaria Europea, Hankel es uno de cuatro profesores alemanes que trataron de impedir que el euro remplazara al marco alemán, en una demanda que sometieron al Tribunal Constitucional federal alemán. Hankel y LaRouche han debatido en muchas ocasiones las causas y remedios al derrumbe financiero en marcha.

En su entrevista, Hankel pasa revista al fracaso de la Unión Monetaria Europea, y a qué es necesario para restaurar la producción y la prosperidad en Alemania y otras naciones europeas, al concluir:

"Ya por 30 años, desde que el sistema de Bretton Woods llegó a su fin, hemos vivido precisamente lo que vimos en los 1930. En condiciones de tipos de cambio flotantes y mercados desregulados, ningún crédito es seguro. Y... en cualquier momento existe el peligro de que la pirámide crediticia pierda estabilidad y se desplome.

"Podemos tratar de vivir con ello, hasta que todo estalle por los cielos, o podemos decidir recurrir a una arquitectura ordenada del sistema financiero mundial, que sería un Bretton Woods II".

En esencia, este sistema europeo prácticamente mundial, del modo que mejor lo ejemplifica el diseño del sistema constitucional estadounidense, es un "modelo" exitoso que hubiera prosperado, en provecho del planeta entero, si sus elementos de principio de 1945 hubieran seguido definiendo el desarrollo mundial. Sin embargo, influencias ajenas, hostiles al designio de Franklin Roosevelt para el mundo de la posguerra, han regido cada vez más el ámbito del sistema monetario–financiero internacional que ahora impera, en especial desde que en 1971–1972 cambió a uno de tipos de cambio flotantes. Este elemento así imperante es la causa original de la destrucción que ahora embiste.

Hay solución, aun ahora, pero sólo a cierto precio. El elemento corrupto de la cúpula monetario–financiera que impera en el mundo tiene que eliminarse rápido, o si no, pronto se le habrá acabado el tiempo a la civilización por un largo y terrible período por venir.

Cierto es que ciertas medidas, como iniciativas de Estados Unidos de América, podrían evitar el desplome, aun en esta fase avanzada de degeneración del sistema mundial actual. Pero, de ofrecerse estas iniciativas, su aplicación exitosa dependería en gran medida de la cooperación primordial de Europa, una cooperación a favor de las necesidades y metas comunes de toda la humanidad. En esta situación, la crisis del uso indefectiblemente destructivo del euro como la moneda impuesta a la actividad cotidiana nacional y común de varios países, no sólo amenazaría a toda Europa, sino, de modo implícito, a la civilización entera.

Con esto en mente, ha de decirse lo siguiente en cuanto al marco estratégico global de las implicaciones inmediatas de la inestabilidad del "euro".

Dada la situación mundial actual, tal como acabo de describirla en resumen, la cuestión que plantea el profesor Wilhelm Hankel en este caso, respecto a dejar el sistema decadente del euro por las monedas nacionales soberanas tales como el marco alemán, tiene implicaciones internacionales que no pueden abordarse con competencia dentro de los confines de la suerte de deliberación sobre la toma de decisiones económicas, monetarias y financieras que ahora se acostumbra. Hay aspectos de método científico mucho más profundos en juego en lo que esta cuestión al parecer relativamente sencilla implica, al plantear la clase de prueba apta necesaria para emprender una reforma monetaria internacional, una alternativa de reforma, para bien o para mal, que repercutirá por todo el planeta por generaciones aún por venir.

El establecimiento del muy exitoso sistema anterior de tipos de cambio fijo fundado en el dólar estadounidense dependió, en las pocas décadas inmediatas del período de la posguerra, de circunstancias muy especiales que tenían que ver con la supremacía mundial de EU al término de la guerra en 1945. La ruina de toda la economía mundial, y de Europa y las Américas en particular, desde mediados de los 1960, ha generado problemas mundiales graves de una nueva cualidad que no existía en los períodos previos de ese siglo. Así, el reto que enfrentamos no puede acometerse como es debido con una mera reanudación de la contramarcha al desastroso sistema fracasado de tipos de cambio flotantes, hacia un renacimiento del sistema de Bretton Woods. Hay cuestiones más de fondo que los gobiernos nunca antes han considerado, que se sepa, las cuales probarán ser absolutamente decisivas ahora en cuanto al éxito o fracaso de cualquier reforma general.

Por tanto, aunque el tema de mi intercambio con el profesor Hankel, el de la política de precios para un nuevo sistema, pueda parecer en sí elemental, de ningún modo es sencillo, como mostraré en este informe. Deben abordarse hondas cuestiones de orientación científica y social, y de método, como lo hago en las páginas siguientes, o no habrá solución competente alguna.

En los tiempos de la posguerra

Desde que murió el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt, una coalición liberal angloamericana[2] del presidente Harry Truman de EUA y el Winston Churchill del Reino Unido se propuso destruir la obra a la que dedicó su vida el presidente Roosevelt, con la creación de un nuevo imperio mundial angloamericano usando como instrumento lo que en un principio pretendió ser una guerra nuclear preventiva de estas fuerzas angloamericanas contra la Unión Soviética. Esta política angloamericana de crear un imperio mediante la guerra nuclear preventiva, del modo que la emula el vicepresidente estadounidense Dick Cheney hoy, fue la que anunció ese célebre hombre de paz, lord Bertrand Russell, en la edición de septiembre de 1946 del Bulletin of the Atomic Scientists.

Así, las presentes políticas imperiales de los Gobiernos del EUA de Bush y el Reino Unido del Blair liberal imperialista son una caricatura de decadentista de los planes de guerra nuclear preventiva imperial de las redes de Churchill y Truman de mediados a fines de los 1940. De modo parecido, las medidas económicas ahora desastrosas que pusieron en marcha en Europa los acuerdos específicamente antialemanes de Maastricht, son una reflejo de la misma decadencia que manifiesta la orientación imperial de Bush, Cheney y compañía hoy.

La pauta era ya la de Churchill, aun antes de la muerte del presidente Roosevelt,[3] una marcha atrás a la política del presidente Roosevelt que Truman le encajó, como un canalla, a su Presidencia. De modo que la paz con el Emperador de Japón, que ya se había negociado a través del funcionario del Vaticano para asuntos excepcionales, el Montini que más tarde devino en el papa Pablo VI, se pospuso para darle a Truman la oportunidad de arrojar las dos únicas armas nucleares del arsenal estadounidense sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Unos años después, la guerra de Corea degeneró en un atolladero estratégico. Entre tanto, la Unión Soviética consiguió fabricar armas nucleares activas y su prioridad entonces era desarrollar un modelo funcional de arma termonuclear. Así, se alentó al "guerrero nuclear preventivo" de Truman a que no contendiera por la reelección, y por casi por una década la Presidencia de EU se depositó en manos del presidente Dwight Eisenhower, quien se oponía a la demencia de la guerra preventiva de los guerreros "neoconservadores" de la estirpe "doblacucharas" de entonces y de ahora.[4]

La conducción del presidente Eisenhower probablemente nos salvó de una verdadera guerra termonuclear en los 1950. Ese mismo estrato de doblacucharas neoconservadores y los de su ralea es el que nos dio horrores tales como los de Guantánamo y Abu Ghraib, y que, junto con el vicepresidente Dick Cheney, está empujando al mundo hacia una variedad de guerra asimétrica que se propaga en la forma de un inminente infierno global, con la ayuda de aventuras tales como la guerra con miniarmas nucleares que hoy se difunde.

Para entender estos recovecos, a la fecha, en las tendencias de política económica del mundo posterior a Franklin Roosevelt, tenemos que tomar en cuenta la participación única de Roosevelt en la derrota de la reelección de Hoover en 1932. El núcleo de los intereses financieros derechistas que dirigieron las campañas de elección y reelección de Hoover, era el mismo interés angloamericano que, encabezado por el mentor de Hjalmar Schacht, el Montagu Norman del Banco de Inglaterra, se afanó por llevar a Hitler al poder en el intervalo de 1931–1933, pero que después se volteó contra él, cual amante al que dejaron vestido y alborotado, cuando se supo la realidad de que Alemania planeaba atacar primero en dirección al oeste, en vez del este, como era la intención de los patrocinadores angloamericanos del proyecto inicial de Hitler. Una vez se derrotó a Alemania, esos que secundaron de manera temporal el liderazgo de Franklin Roosevelt durante la guerra, pretendieron retomar lo que habían dejado pendiente cuando su patrocinio previo de Hitler. Para ellos, la muerte de Roosevelt resultó conveniente.

Para entender las cuestiones que abordó el tema de deliberación entre el profesor Hankel y yo, es necesario ubicar los acontecimientos vigentes como consecuencia de una lucha permanente entre el legado de Franklin Roosevelt y sus defensores y adversarios estadounidenses y europeos, no menos que en el período que va de la primera campaña de Franklin Roosevelt por la candidatura presidencial del Partido Demócrata hasta la fecha, como ilustraré algunos aspectos decisivos de este conjunto todavía vivo de nexos determinantes a continuación.

Entre tanto, de haberse elegido a Hoover en 1932, en vez de a Roosevelt, probablemente la ofensiva de Hitler por un imperio mundial hubiera triunfado. Fue la recuperación y fortalecimiento de la economía estadounidense mediante las medidas preliminares del "Nuevo Trato" de mediados a fines de los 1930 lo que convirtió a EU en una potencia económica mundial de una superioridad prodigiosa desde el comienzo de su participación en la guerra, ya en 1942. Fue la capacidad de la economía estadounidense para sostener una guerra mundial en dos frentes, como lo indican Midway y Stalingrado, lo que demuestra la influencia de su recuperación antes de diciembre de 1941 como un factor decisivo en la victoria de la guerra mundial. Fue la decisión de Churchill de encomendarle a la flota británica ir a Canadá como aliada de EU durante el período de la crisis de Dunkerque, lo que describe con viveza las fases implícitas de la alianza bélica que terminó por sellar la destrucción del régimen de Hitler. El poderío económico estadounidense después de la Segunda Guerra Mundial no fue una secuela de la situación de guerra, sino del desarrollo previo a ella que experimentaron sus parámetros rectores con Roosevelt.

La hoy difundida opinión contraria es un cuento de hadas.[5] Los difamadores de Roosevelt, hasta hoy, probablemente nunca le perdonen lo que hizo para derrotar a la cúpula financiera sinarquista dentro de los principales grupos financieros estadounidenses, tanto como europeos, que patrocinaron a los nazis entonces, y que son los padres de la tradición del interés financiero que hoy está decidido a exterminar la de la Presidencia de Franklin Roosevelt. El legado de la Sociedad Mont Pelerin y asociaciones afines es típico de la expresión de posguerra de las perspectivas medulares de los que en su momento patrocinaron a Mussolini y a Hitler, y otros simpatizantes de los 1920 y 1930.[6]

Los problemas de la posguerra

La situación entre 1946 y 1952 era tal, que era imposible recuperación mundial alguna sin la influencia del poderío económico estadounidense, más que el militar, desplegado al amparo del sistema de tipos de cambios fijos del Bretton Woods que Roosevelt diseñó. Así que, tal como la obstrucción de Truman de las medidas económicas de Roosevelt causó la recesión estadounidense de la posguerra, el desmantelamiento del sistema de paridades fijas que empezó con el primer Gobierno de Harold Wilson en el Reino Unido condujo, mediante la crisis de 1967–1968, a las medidas más salvajes que acabaron de tumbar el sistema de Bretton Woods, las cuales se ejecutaron bajo la dirección de Arthur Burns, George Shultz y demás en 1971–1972, y llevaron a la larga ola de desgaste y de derrumbe subsiguiente de las economías de las Américas y de Europa de los últimos treinta y tantos años.

Ya en 1945–1946, la ola de recolonización militar —que Churchill y Truman idearon— de muchas de las regiones otrora coloniales que el presidente Roosevelt pensó liberar y desarrollar en lo económico en la posguerra, marcó una honda restricción del progreso económico global que la política de Roosevelt había propuesto como la misión económica permanente de EU en el mundo de la posguerra.

Con una política anticolonialista, la inversión de capital en las máquinas–herramienta y el desarrollo relacionado de EU, ligada a la deuda de guerra, se hubiera activado mediante créditos de largo plazo y bajo costo para el desarrollo agroindustrial y afín del mundo. Así, las restricciones de los años de Truman, que se plantearon como una austeridad fiscal necesaria, tuvieron un efecto precisamente contrario al que los propagandistas enemigos de Roosevelt alegaban. Una lección fundamental para hoy es que la proporción insuficientemente baja de las nuevas dimensiones de formación de capital en relación con la deuda vieja acumulada, fue lo que acarreó la iliquidez inminente que se experimentó durante los primeros años de la "reconstrucción" estadounidense de la posguerra.

La enseñanza para hoy es que ahora, como entonces, la manera obvia de recuperarse de una carga de deuda acumulada, lejos de sencillamente repudiarla, consiste en aumentar la proporción de deuda de largo plazo garantizada por la inversión productiva en el progreso científico y tecnológico, al grado que la deuda vieja pueda absorberse en el proceso de avanzar hacia el futuro animado por el crecimiento económico. En tales casos, lo decisivo es aumentar la proporción del producto bruto per cápita y por kilómetro cuadrado en relación con la deuda honorable vigente. No haber continuado el desarrollo económico soberano e independiente de los mercados otrora coloniales y semicoloniales de la posguerra, en combinación con la desproporción excesiva entre el gasto militar y la inversión productiva, una situación irregular que fomentó la política de guerra preventiva, era ya el problema de austeridad característico de los años de Truman y Eisenhower, pese a algunas iniciativas particulares excelentes de este último, como los "átomos para la paz".[7]

Desde 1971–1972, en especial desde la destrucción sistemática de la economía reglamentada de EU entre 1977 y 1981 con el personaje de la Comisión Trilateral y asesor de seguridad nacional Zbigniew Brzezinski, el ritmo de crecimiento físico neto hasta de la propia economía estadounidense ha sido negativo en términos reales (físicos, a diferencia de los monetario–financieros). Esto es patente una vez que se toma en cuenta la pérdida, por desgaste, de inversión en la infraestructura económica básica y el capital del nivel agrícola, manufacturero y de ingreso real del 80% de las familias de menores ingresos.

A partir de la serie de cambios, en todo sentido, que experimentó la política económica estadounidense del intervalo de 1964–1975 —desde el inicio oficial de la guerra de EU en Vietnam y el primer Gobierno de Harold Wilson en Londres—, la situación de las economías europea y estadounidense ha empeorado con la influencia cancerosa del difundido engaño popular acostumbrado de que es deseable remplazar una economía de producción por una de servicios.[8]

La catástrofe que tenemos que enfrentar y dominar hoy tiene un lado cultural de importancia decisiva.

He vivido con esta fea verdad de esa parte de la historia estadounidense y del mundo desde que regresé del servicio militar en el extranjero a EUA en 1946. Muchos otros de mi generación, que regresaban de esa guerra, trataron este alejamiento del legado de Roosevelt como algo que no estaba en sus manos resistir. Se adaptaron —o sea, se sometieron— por el bien de lo que percibían como sus intereses familiares, y arrearon a sus hijos, a veces con histeria, hacia lo que se consideraban como hábitos mentales, tanto públicos como privados, "seguros". Éste fue el caso en particular entre la clase suburbana "de corbata", a la que la influencia combinada del terror de la amenaza de guerra nuclear, el efecto y la secuela del "macartismo", y el lavado cerebral en la cultura del irracionalismo que dirigió el llamado Congreso a Favor de la Libertad Cultural (CFLC) ligado a la "Escuela de Fráncfort", estaba lavándole el cerebro en masse, al estilo reesiano de la Clínica Tavistock de Londres. Fue la influencia del CFLC lo que produjo el posterior fenómeno "sesentiochero" de la "contracultura del rock, las drogas y el sexo", y que proporcionó la plataforma para el hundimiento, emocionalmente motivado, de la economía estadounidense y otras en la locura económica suicida de un culto a la "economía de servicios".

Así que, ocurrieron muchas cosas, entre ellas el viraje —que empezó entre mediados y fines de los 1960— lejos del legado económico exitoso del sistema monetario de tipos de cambio fijos de Bretton Woods en la posguerra, cuyo autor fue el presidente Franklin Roosevelt. El viraje, que se indujo con un lavado cerebral "reesiano" obra de psicólogos y otros medios similares, fue hacia lo que devino en el sistema de tipos de cambio flotantes cada vez más decadente y el hundimiento reciente en la espiral de degeneración global de la economía mundial hoy bautizada con nombres tales como "economía de servicios" y "globalización".

Éste es un resumen razonable de los antecedentes esenciales de la economía como tal, que tienen que considerarse al abordar los asuntos específicos a los que el profesor Hankel y yo prestamos atención en común en esta ocasión. Sin embargo, hay otra cuestión, no sólo de qué medir, sino cómo.

Así que procedamos ahora, partiendo de un acento en temas en los que mis conclusiones y las del profesor Hankel sencillamente coinciden o tienden a coincidir. Después de eso, volveremos nuestra atención, paso a paso, a algunas cuestiones más de fondo, cuestiones que atañen a las soluciones generales al desbarajuste actual, donde quizás tendamos menos a coincidir con tanta presteza.

Por último, es de importancia decisiva, en especial para los lectores europeos, que prologue lo que presento en las páginas siguientes con la siguiente observación general sobre un aspecto medular de las diferencias fundamentales entre la manera tradicional estadounidense y la europea de abordar el tema de la economía política.

EU versus Europa

La formación del sistema estadounidense, desde los primeros asentamientos ingleses de Massachusetts en adelante, fue casi por completo resultado de corrientes de pensamiento europeas modernas que evolucionaron durante y después del Renacimiento Dorado del siglo 15, en la tradición cultural europea moderna predominantemente cristiana de los pitagóricos, Solón de Atenas y Platón. El propósito que animó la fundación y desarrollo de esos asentamientos, era escapar de la situación que imperaba en Europa: primero, la ola de guerras religiosas de 1492–1648 previa al tratado de Westfalia de 1648, y, después, lejos del alcance del legado continental habsburgo y de esa forma neoveneciana prácticamente imperial de opresión liberal angloholandesa que se había consolidado con el tratado de París de febrero de 1763. Nuestras corrientes patrióticas, a diferencia de los fermentos financieros traicioneramente antiestadounidenses de Boston, Nueva York y otros que se aliaron con la Compañía de las Indias Orientales británica, se dedicaron a usar el desarrollo de las repúblicas de Norteamérica para inspirar a la propia a Europa a liberarse del legado imperante del oligarquismo, que se expresaba en las llamadas corrientes pro feudal y liberal angloholandesa que seguían reinando en Europa.

Nada expresa de manera más concisa la distinción fundamental entre el modo de pensar de la tradición patriota de EU y la colección de pensamientos que aún hoy se consideran correctos en lo axiomático en Europa, que la diferencia absoluta entre el sistema económico estadounidense que expresa la Constitución federal de EU de 1789 y el concepto filosófico liberal de los sistemas monetarios nacionales que todavía imperan hoy en Europa.

Estas diferencias tienen un profundo arraigo en nuestras respectivas culturas. La historia de mi propia familia es típica a este respecto. Aunque nunca fuimos ricos, éramos tenaces ciudadanos "respetables" que, como en mi caso, estábamos más que nada empapados de manera activa en tradiciones sociopolíticas familiares de raíces whig estadounidenses que se remontan a dos siglos, en el ámbito de la mesa familiar, que se extendía a un abuelo abolicionista cuáquero a quien nunca conocí de manera directa, pero que era la figura dominante en las reuniones familiares a la mesa los domingos durante mis vivencias de los 1920. Mis primeros ancestros norteamericanos llegaron de Inglaterra y Francia en el siglo 17, con un complemento escocés adicional en la persona de un dragón profesional que, para la Guerra Civil, se unió al primer escuadrón de caballería de Rhode Island. Eso es típico de la fundación de nuestra tradición.

Ningún legado familiar estadounidense tal expresa en todos los sentidos la tradición patriótica de EU, pero el legado estadounidense, en sus diversas formas de expresión, es patentemente visible, con un efecto común, en la interacción entre tales legados familiares, en especial la de aquellos empapados, en lo profesional o de modos relacionados, en las cuestiones de experiencia histórica nacional que atañen a la diplomacia de EU hoy.

Por ejemplo, los mejores representantes profesionales del servicio en nuestras tradiciones diplomática, de inteligencia y militar o en funciones afines a los que he conocido o cuyo trabajo he estudiado por otros medios, constituyen el repositorio colectivo de una suerte de perspicacia de la que aun hoy puede hacerse acopio para que represente con precisión razonable una tradición estadounidense que se remonta a los Winthrop, los Mather y los de su talla del siglo 16. No somos aristócratas; somos simples ciudadanos, y preferimos que las cosas sigan así.

Siempre hemos sido, y seguimos siendo una expresión típica de la cultura europea. De hecho, nosotros somos la verdadera nación europea, en virtud de nuestra historia y carácter como un crisol que representa todos los aspectos de las culturas lingüísticas europeas en una sola república nacional. La diferencia estriba en que, con veinticinco años de las secuelas acumuladas del Terror francés y el bonapartismo, Europa extravió el camino que sus mejores corrientes y las de las Américas habían compartido hasta que ocurrieron los acontecimientos de julio de 1789, antes de veinticinco años terribles de los que Europa nunca se ha recuperado del todo, en lo cultural, hasta la fecha. Ahí radica la diferencia decisiva que ha de tomarse en cuenta para entender cómo las definiciones de los términos de economía política que aporta la historia estadounidense difieren de los que aun hoy se consideran más o menos tradicionales entre los europeos.

Puede decirse con justicia que, si uno descorteza toda la mole liberal de odio y difamaciones oficiales y demás que diversa gente maliciosa o sencillamente necia o ignorante ha dirigido en mi contra en las Américas o entre redes crédulas prominentes de Europa, soy un representante típico de la tradición de EUA, si bien con experiencia y cualidades especiales. Sin embargo, escárbale a EUA de cierta manera, y provocarás una respuesta que conozco muy bien, una respuesta típicamente estadounidense —y de modo distintivo—, un potencial de respuesta profundamente enclavado que es mucho más antiguo y de más hondo arraigo que los reflejos condicionados de relativa superficialidad que son característicos de la llamada generación "sesentiochera". Entre tanto, lo que le escucho incluso a europeos bien informados y con experiencia, rara vez se aproxima a una comprensión real de esa distinción esencial que hoy esconde la historia especial de EUA.

Para fines del argumento inmediato a mano aquí y ahora, el resumen que acabo de hacer atañe a mi intercambio con el profesor Hankel, como sigue.

El mito de Keynes

Por ejemplo, siempre que sale a relucir el asunto del Bretton Woods, los europeos tienden a malentender esa institución en gran medida como un reflejo del pensamiento de John Maynard Keynes. Lo que separa a Roosevelt de Keynes es la distinción inconmensurable entre universos diferentes. La implicación práctica de esa distinción ahora, es que el intento de organizar una reconstrucción con las doctrinas de Keynes sería un fracaso catastrófico, por razones que voy a destacar en lugares apropiados de las páginas siguientes.[9]

Dicho sea con sencillez, la diferencia es que la intención del Sistema Americano de economía política es proscribir la intervención de cualquier cosa que se parezca a lo que hoy llaman un sistema de banca central independiente, de la clase que aun hoy impera en Europa en diversas modalidades. Esto significa que la intención de revivir el Sistema Americano como la solución a esta crisis, no sólo es eliminar la mentalidad marginalista de extremistas machianos tales como John von Neumann y Oskar Morgenstern, sino todas esas nociones de las teorías del precio afines al legado de Keynes.

La única salvedad de importancia que hay que agregar a lo que acabo de escribir aquí, es que, como dejó más que apenas claro la orientación declarada del secretario Hamilton, nuestros patriotas de la tradición leibniziana antilockeana de Benjamín Franklin siempre han entendido que tuvimos que encontrar maneras de bregar con una combinación de instituciones y pensamiento económico liberal europeo y reaccionario que era contraria a nuestros métodos en lo axiomático. Por supuesto, éste fue un factor en la formulación de los acuerdos de Bretton Woods, del mismo modo que tendrá que tomarse en cuenta para cualquier medida general de recuperación que se tome ahora a favor del planeta. Sin embargo, ningún acomodo real ni sólo aparente, como en la visión retrospectiva de la cuestión entre Roosevelt y Keynes, constituye necesariamente un acuerdo. Un nuevo arreglo que se funde ahora en la idea de sistemas de banca central independiente representaría una catástrofe instantánea desde el comienzo.

El sistema estadounidense, cuando funciona, es un despiadado adversario de principio de cualquier aproximación a un sistema de "libre cambio". El nuestro se describe con justicia como un sistema de "comercio justo", del modo que ese término se empleó en ocasiones en los 1950.

Si queremos sobrevivir a la arremetida actual de la amenaza de una crisis de desintegración mundial:

Primero, si somos cuerdos, estamos obligados a ceñir a todos los sistemas de banca central actuales a un modelo internacional de asociación entre sistemas de banca nacional. Como una sencilla cuestión de realidad, del modo que esbozaré el caso en términos funcionales más adelante en este informe, el proceso hiperinflacionario que he resumido con ayuda de los dos modelos gráficos sucesivos de la "función de la triple curva", ha llegado tan lejos que todos los principales sistemas de banca central de las Américas y Europa, y también de Japón y otras partes, están quebrados sin remedio en las condiciones actuales. Esto significa que no hay modo de evitar una crisis de desintegración general del presente sistema mundial, sin que los gobiernos soberanos intervengan de manera coordinada los sistemas bancarios en bancarrota para protegerlos. Tenemos que mantener a los bancos privados lo más privados posible, aun en condiciones de bancarrota, pero las reglas del comportamiento dentro del sistema, público y privado combinado como un solo sistema, han de establecerse desde una perspectiva axiomática dominante de banca nacional: un sistema de monopolio estatal soberano de la creación y gestión de deuda y crédito nacionales, y de moneda. Esto también implica un sistema fiscalizador de acuerdos de paridad cambiaria, reglas para la extensión de crédito de largo plazo entre las naciones y acuerdos arancelarios y comerciales "proteccionistas", para garantizar la fungibilidad a largo plazo, a conjuntos fijos de tasas de interés bajas, de la masa de deuda acumulada.

Para dejar claro esta cuestión en términos funcionales, tomemos un elemento de prueba material de una importancia decisiva que de otro modo se destina a un apartado posterior en el esquema de este informe, sobre el tema de lo que he denominado una función de "triple curva".

Cómo está organizado el desplome

Al término de una conferencia que llevó a cabo el Vaticano a fines de 1995, reduje los comentarios que había preparado para presentar en los intersticios de la misma a una forma pedagógica que denominé sistema de la "triple curva". Publiqué este mismo razonamiento durante la campaña de 1966 por la candidatura presidencial del Partido Demócrata de EU y, unos años después, una versión que se modificó para que reflejara un cambio decisivo en la relación entre el crecimiento de los agregados monetarios y los financieros en algún momento del período de 1999–2000 (ver gráficas 1 y 2).

Estas ilustraciones comparan tendencias amplias de cambio en la relación entre los agregados financieros y monetarios, y una canasta típica de mercado como la que podría concebirse en el uso de los informes contables del Censo de Manufacturas y Renta Nacional de EU previos a 1970. En estas condiciones, la economía física estadounidense ha venido derrumbándose, per cápita y por kilómetro cuadrado, aproximadamente en los últimos 35 años, a un ritmo que aceleró enormidades por influencia de la disolución de los sistemas proteccionistas del país a manos del asesor de seguridad nacional Brzezinski.

Comparé estas tendencias de la base físico–económica de la sociedad con las del crecimiento de los activos financieros y varias formas de emisión monetaria formal e informal (ver gráfica 1). Por el año 2000, a raíz del desplome de la burbuja especulativa de la "tecnología de la información", brotó una situación tal, que el monto de deuda que se creó como una acumulación monetaria real y ficticia combinada ha crecido más rápido que el ingreso financiero que dicha deuda creciente sostiene, hasta la fecha (ver gráfica 2). Este último cambio es un factor que ha contribuido de modo determinante al desempeño económico perenne y trágicamente deficiente de EUA en los dos períodos de gobierno de George W. Bush, hasta la fecha.

Lo replanteo para más claridad. Las alzas de que se habla en los principales mercados financieros hoy día, cuando no son sencilla y francamente fraudulentos, se fundan en un bombeo de nuevos volúmenes de márgenes de ganancias nominales que se reportan por medio de mecanismos muy inflacionarios y, sin duda, ya hiperinflacionarios. Desde más o menos el 2000, el aumento del endeudamiento implícito de largo plazo que ocasiona la pretensión de inflar la apariencia de las ganancias nominales de corto plazo en el mercado, supera la tasa de las ganancias incluso nominales en las bolsas de valores y cosas similares. En efecto, esta relación funcional entre el crecimiento del ingreso financiero nominal especulativo de corto plazo, y el aumento mayor de la deuda de largo plazo que genera el empeño en bombear ganancias aparentes de corto plazo, ha devenido en una fatídica condición límite definitoria en el actual proceso económico y monetario–financiero mundial.

Esta condición límite define un estado de cosas presente que se asemeja, ahora a escala planetaria, la clase de espiral hiperinflacionaria que estalló en Alemania durante el segundo semestre de 1923. La situación explosiva más visible así generada, es la burbuja de los títulos con garantía hipotecaria, una burbuja de dimensiones externas incalculables, que se aloja como una carga explosiva por debajo del sistema bancario y casi todo lo demás.

La terrible situación actual de los bancos, entre ellos a la mayoría de los más importantes del mundo, rebasa la comprensión mortal ordinaria. No obstante, de clausurarse las instituciones bancarias o sometérseles a un tormento equivalente, los mecanismos de la economía en general se desintegrarían. Eso significa que el Gobierno federal de EU, por ejemplo, tiene que intervenir a la Reserva Federal estadounidense por bancarrota y hacerse cargo del sistema para garantizar que las instituciones públicas y privadas esenciales sigan funcionando, y el bienestar general de toda la población.

Así, las medidas correctivas necesarias le acarrearían una deuda enorme al Gobierno de EU. El reto sería refinanciar esa deuda, lo cual exigiría una vasta ola de crédito más que nada de largo plazo para la infraestructura económica básica a los niveles federal, estatal y local. Este crédito, que incluye al que fluiría hacia el sector empresarial privado, tendría que bastar para elevar el nivel de empleo físico productivo por encima del equilibrio de mediano a largo plazo para toda la economía. La deuda legítima, a diferencia de la inservible que se asocia con los derivados financieros y apuestas de juego relacionadas, ha de reorganizarse de conformidad con lo que esos programas de recuperación económica de mediano a largo plazo hagan factible.

Esto exigiría desechar rápido la forma de economía que fracasó, el llamado modelo de la "economía de servicios", y restaurar una base agrícola, industrial y de infraestructura, que ha de constituir la mayoría absoluta del empleo de toda la fuerza laboral.

En estas condiciones, que son más agotadoras, pero aún comparables a los desafíos que enfrentó EUA durante la Segunda Guerra Mundial y la década siguiente, tienen que aplicarse varias estrategias de reglamentación para crear un efecto que puede describirse con justicia como un sistema de precios de "comercio justo", en vez de los del "libre cambio".

Esta situación la complican bastante —o debiéramos decir, "de manera grave"— las mentiras histéricas de los gobiernos, los órganos informativos a menudo mentirosos y por lo general embusteros, y otras instituciones privadas pertinentes, que temen que si el público conoce la verdad de la situación, sobrevendrán consecuencias políticas terribles. Sin duda, suprimir la verdad ahora engendrará peores condiciones, de una atrocidad increíble, en el futuro inmediato. No obstante, la situación actual, como la representan las complejidades de la enorme burbuja de los títulos con garantía hipotecaria de las naciones anglófonas por sí sola, podría detonar un derrumbe total de reacción en cadena del actual sistema monetario–financiero mundial.

El planteamiento relacionado que hago con ayuda de la referencia a esta ilustración, es que el diseño de cualquier recuperación mundial de un fin al momento inevitable del actual sistema monetario–financiero mundial, tiene que considerar de manera directa estas condiciones especiales. No hay modo posible que pueda darse una reorganización segura de los sistemas monetario–financieros nacionales ahora imperantes en condiciones al presente aceptables para esas instituciones. Si la civilización ha de sobrevivir, los gobiernos tienen que intervenir por bancarrota al sistema entero, y un concierto de entre los más importantes de ellos debe instalar de inmediato y sin condiciones una nueva versión del sistema de tipos de cambio fijos de Bretton Woods; en esencia implica intervenir al Fondo Monetario Internacional a nombre de sus propietarios legítimos, los gobiernos soberanos actuales.

Tales medidas de emergencia crean un sistema mundial de banca nacional que ha de remplazar a los llamados sistemas de banca central independiente. Esto se hace eco de la participación estadounidense en el Bretton Woods original, con la diferencia de que en ese entonces el dólar estadounidense era incuestionablemente el único sistema real de reservas del mundo. Hoy, en gran medida gracias al modo tan malo en que los Gobiernos estadounidenses de los 1970 manejaron las cosas, por influencias tales como las de los asesores de seguridad nacional adiestrados en Harvard, Henry A. Kissinger y Zbigniew Brzezinski, el EU actual representa una locura monetario–financiera monumental y un estado de ruina físico–económica que empeora con rapidez.

¡Sin embargo! Sin embargo, de derrumbarse el dólar estadounidense, arrastraría consigo a la mayoría de las naciones del mundo en un desplome de reacción en cadena global que podría compararse con justicia con el de 1923 en Alemania, pero a escala mundial. Así, siempre que el Gobierno de EU esté dispuesto a dar los pasos necesarios para establecer un sistema de tipos de cambio fijos como el de Bretton Woods, el resto del mundo —de manera notable las naciones más grandes— no tendría más alternativa razonable que aceptar semejante oferta de EU. No obstante, de rechazar tal ofrecimiento, las consecuencias de reacción en cadena de un dólar en caída libre hundirían a cada rincón del mundo en una modalidad y grado de caos mucho peor que el que Europa vivió durante la llamada "Nueva Era de Tinieblas" del siglo 14.

Concediendo que otras naciones pudieran rehusarse, entonces el hundimiento de todas en una nueva Era de Tinieblas sería inevitable. La historia ofrece tales "decisiones libres", cada una de las cuales está ligada de manera inextricable a las consecuencias que le acarrea a quien las toma.

De modo parecido, como abordo tales cuestiones a continuación, una reorganización exitosa demanda medidas que, en efecto, eliminan las instituciones del llamado sistema de banca central independiente en la mayor parte del mundo, y que dará pie a sistemas de precios que no se ciñen a los conceptos que hoy se veneran como sabiduría económica en las universidades y otras instituciones de marras. El Sistema Americano de economía política remplazaría las actuales creencias y costumbres comunes de las naciones en general. Abordaré esto en el momento apropiado más adelante.

1. Europa desde Maastricht

Entre aquellos que se encontraban de un lado u otro del Muro de Berlín, me conté entre los relativamente muy pocos de los grupos pertinentes de la época ¡que no fueron ni bueyes ni burros! La caída del Muro no me sorprendió. Yo había previsto y advertido de la necesidad de evitar la clase de errores políticos destructivos que los triunfadores putativos de la ocasión, en lo principal, porfiaron en cometer desde entonces.

Yo había pronosticado con amplitud el desplome que ocurriría por la fecha en que sucedió, y había prescrito las medidas a tomar en respuesta al esperado desplome de reacción en cadena de las naciones del CAME de Europa Central y, más allá de eso, el derrumbe relacionado de la economía soviética en sus modalidades vigentes. Cabe notar aquí, por el bien de aquellos lectores que quizás desconozcan este hecho en extremo pertinente, que en febrero de 1983 pronostiqué la práctica inevitabilidad de la caída de la economía soviética, a esperarse que ocurriera en unos cinco años, una caída que ocurrió poco más de seis años después. Este desplome se dio precisamente por los motivos que le había recalcado, incluso, al intermediario soviético con el que estuve negociando en el interés del Gobierno del presidente Reagan; a los representantes del Presidente; y, unos cuantos meses después, luego de que el secretario general soviético Andrópov rechazó la generosa oferta del presidente Reagan, al público en general.

Lo peor es que las medidas que tomaron tanto el Gobierno estadounidense de Bush de la época, como también la primera ministra Thatcher y el presidente Mitterrand en la función tiránica y destructiva que tuvieron tras la caída del Muro, han reducido ahora el nivel económico en todo lo que fue Europa Oriental y Occidental muy, muy por debajo del que había en la víspera de los célebres acontecimientos de fines de 1989.

Pero no fui el único que tuvo razón en oponerse a las iniciativas que adoptaron Thatcher, Mitterrand y Bush cuando empezó a resquebrajarse el Muro.

El más típico de la cordura en Alemania, por ejemplo, es el caso de Alfred Herrhausen del Deutsche Bank. Cuando estaba en marcha el derrumbe del CAME, Herrhausen elaboró un conjunto de propuestas que coincidieron precisamente, en efecto, con los objetivos que yo había especificado antes en ocasiones tales como la tesis que presenté en una conferencia de prensa el 12 de octubre de 1988, en el hotel Kempinski–Bristol de Berlín. Lo asesinaron a tiempo de impedir que presentara dichas propuestas en una conferencia decisiva que tendría lugar en Nueva York.

Detlev Rohwedder fue asesinado; algunos alegaron que por la para entonces en realidad inexistente RAF. Pero, como ya habían matado a Herrhausen en un ataque militar de muy alto nivel, el Gobierno alemán nunca planteó propuesta alguna como la suya o la mía. En cambio, se desencadenó un proceso que resultó en el pacto adrede desastroso de los enemigos Alemania, que se conoce como los acuerdos de Maastricht que impusieron, con moderado apoyo estadounidense, los Gobiernos del Reino Unido y Francia. Esta violación de Alemania no sólo fue sádica; fue algo estúpido de pe a pa, implícitamente tan suicida en lo económico para Gran Bretaña y Francia como destructivo adrede para Alemania.

Desde entonces, en especial desde que se cayó en la locura colectiva conocida como el euro, las consecuencias para toda Europa se han vuelto ahora fabulosos. El hecho de que ya se había demostrado que fueron destructivos para todas esas economías, no prueba que esos resultados desconsoladores no fueron producto de la intención original y continua de los autores de esa política; esos resultados atroces nunca se desviaron de las consecuencias destructivas que la clase pertinente de autores premeditados de lo de Maastricht se había propuesto desde el principio.

A la gente de los otrora Estados del CAME de Europa Oriental se le dio libertad política, pero al sacar el saldo hoy, la libertad de tomar decisiones políticas rara vez ha resultado en el poder de esa gente para gobernar la definición de sus propias intenciones para el destino nacional. A la mayoría de la gente, del Este o del Oeste, con excepción de la pequeña minoría selecta de los que se convirtieron en depredadores, se le arrojó a condiciones económicas y relacionadas mucho peores, mucho más degradantes hoy que las que imperaron con los regímenes del antiguo CAME. Hasta en Alemania Oriental no es desusado encontrar lugares que ya no tienen escuelas que funcionen, pues las localidades políticas rara vez tienen menos de 60 años; lo que es claro que está en marcha no es una nueva serie de ataques del Bombardero Harris, sino una suerte de genocidio silencioso, pero atroz, de esa clase, un genocidio tan asesino, a la larga, como si el propio Churchill le hubiera ordenado a los bombarderos de Harris cometerlo.

Algunos podrían pensar que podemos criticar a las autoridades de Maastricht por haber cometido errores, ya sea por excesos o metidas de pata totales. Yo no apoyaría semejantes críticas. En realidad, los autores principales de esas medidas no han producido consecuencias que no hayan pretendido desde el principio, cuando se formuló la política de Maastricht. No hay nadie tan porfiado, tan miserable, como el que acude a las autoridades de Maastricht pidiéndoles que consideren la posibilidad de que pudieran haber cometido algunos errores. No hagan talas súplicas; sólo se reirán de ustedes al cerrar la puerta cuando abandonen el recinto. Lo que ustedes sufren ahora, es lo que ellos se propusieron que sufrieran.

A menudo en la vida se da el caso de que lo que la gente hace en efecto, es más o menos lo que pretendían hacer, en especial cuando lo hacen de manera repetida.

Lo mismo ha de decirse de las intenciones destructivas de los elementos intencionados que participan en la decisión de seguir adelante hacia las arenas movedizas de la moneda única del euro.

La malicia de la deslocalización

Por ejemplo, ve lo que los mismos intereses financieros internacionales responsables por lo de Maastricht le han hecho a la economía física y la situación financiero de hasta las potencias imperiales concernientes de EUA y el Reino Unido. Observa un momento, con respecto a la ruina común tanto de las naciones prestantes como de las más pobres, mediante la desregulación de la Unión Europea, como lo recalcó el profesor Hankel en su entrevista del 16 de julio.

Desde que se arruinó el sistema de Bretton Woods en 1971–1972 con el presidente estadounidense Richard Nixon, y en especial a partir de que se destruyó la estructura interna de la economía estadounidense mediante la desregulación, durante el reinado de un "Metternich" moderno, el asesor de seguridad nacional estadounidense Zbigniew Brzezinski, el empleo y la producción se han exportado desde EU a lugares con empleo de mano de obra barata.

El resultado es que el capital productivo y la infraestructura económica básica descuidados de la economía estadounidense languidecen, en tanto que el nivel de vida físico del 80% de las familias estadounidenses de menores ingresos también se deteriora. Una parte significativa de la crítica situación físico–económica actual por la que pasa EUA, que esta política ha acarreado como consecuencia, es el hecho de que gran parte de la inversión de capital de largo plazo desatendida o incluso abandonada que existía hace treinta tantos años, ahora ha llegado a una condición terminal, producto de que no se le ha remplazado; redes eléctricas, hidrovías, sistemas de transporte público. Una medición del desplome de grandes sectores de la economía estadounidense, condado por condado, durante estas décadas, muestra un EU en estado avanzado de derrumbe físico en la mayor parte de su territorio, a resultas de medidas que se pusieron en pleno vigor en los 1970 (ver mapas 1).

Y viceversa, los empleos mal remunerados en los sectores de alimentos y ventas al detalle florecen en todo Ohio. La animación de este mapa está disponible en http://www.larouchepac.com/pages/economy_files/animations.shtml

En este tiempo, una generación (es decir, 25 años por generación) de la fuerza laboral de EU prácticamente o en efecto ha desaparecido. El porcentaje de la fuerza laboral calificada disponible se ha desplomado. Categorías enteras de destrezas productivas y relacionadas otrora esenciales se han perdido, en tanto que la administración competente que había en la pequeña gerencia empresarial de las firmas productivas y relacionadas hace tan poco tiempo como quince años, hoy se ha sustituido, por desgaste, con una generación de ineptos a los que se reclutó del reino de Laputa de los programas de las escuelas de negocios.

Esto semeja la situación que el profesor Hankel señaló como una tendencia en la Europa de la Unión Europea. La pérdida de producción de las zonas desarrolladas que se transfiere a zonas de infraestructura deficiente con manos de obra barata, acarrea la destrucción acelerada de la combinación tanto de las regiones otrora desarrolladas como de las subdesarrolladas de la Unión Europa (ver gráficas 3 y 4, y tabla 1). El ingreso combinado de las regiones de Europa se reduce mediante un proceso de apisonamiento, cuya consecuencia es una pérdida neta del potencial tecnológico y la productividad de las regiones implicadas de Europa combinadas. La fuerza productiva promedio de Europa, per cápita, disminuye, junto con una pérdida decisiva del potencial de alta tecnología y una disminución general de autocanibalismo del nivel de vida en toda Europa considerada de conjunto.

GRÁFICA 3

Bancarrotas de empresas en Alemania

Fuente: Creditreform.

GRÁFICA 4

Desempleo oficial en Alemania

Fuente: Bundesanstalt für Arbeit.

Las cifras hasta 1990 son sólo las de Alemania Occidental; de 1991 en adelante son las de la Alemania unificada.

EU pasa por el mismo proceso, mediante el remplazo con virtual mano de obra esclava de países desesperadamente pobres y la destrucción de la infraestructura económica básica que la productividad física superior de la fuerza laboral estadounidense solía tener como premisa. Tanto las regiones otrora más ricas como las ya de antes más pobres se cocinan en un revoltijo de convergencia en una condición de ilotismo, todo para admiración incidental de los fanáticos de la Sociedad Mont Pelerin.

En Alemania, en particular, se ha liquidado la parte tecnológica esencial de las empresas más pequeñas propiedad de pocos, mediante recursos tales como inducir a los herederos a entregar las empresas al mercado de los buitres financieros para cosechar una ganancia financiera rápida. Éste es un aspecto de un proceso internacional que se da en las Américas, en especial en EUA así como en Europa, que ha acelerado con la transferencia del poder en el sector privado de la generación anterior a la presente, corrompida por el Congreso a Favor de la Libertad Cultural, corrompida por la "Escuela de Fráncfort", la llamada "degeneración del 68".

Las grandes empresas que pertenecían a la generación del asesinado Herrhausen del Deutsche Bank, ahora están en manos de lo que ha de juzgarse, por su desempeño hasta la fecha, como una nueva generación de connotados gerentes codiciosos y, desde la óptica de una ciencia económica competente, ineptos por instinto. En consecuencia, las peores implicaciones de la sociedad anónima pública y el abandono de la misión patriótica hacia una rapiña supranacional han hecho presa de la industria y campos relacionados. En la época previa a los cambios que hubo tras los asesinatos de Herrhausen y Rohwedder, cambios que se le aplicaron por presión de extranjeros tales como Mitterrand, Thatcher y compañía, a víctimas tales como Daimler–Benz y la MBB —decisiva para la industria aerospacial—, era la empresa con pocos propietarios orientada a la tecnología de punta la que aportaba el margen decisivo de los motivos creativos de los que dependía la gran industria. Conforme desaparecen las firmas de propiedad controlada, la especulación desaforada que impulsan los derivados financieros se chupa hasta el tuétano a las grandes entidades empresariales, e incluso a sus instituciones bancarias asociadas.

TABLA 1

Reducción demográfica en Alemania Oriental

Estado

1991 2004 Cambio Porcentaje

Mecklemburgo–
Antepomerania

1.891.700 1.719.653 -172.047 -9,1

Brandeburgo

2.542.700 2.567.704 25.004 +1,0

Berlín

3.446.000 3.387.828 -58.172 -1,7

Sajonia–Anhalt

2.823.300 2.494.437 -328.863 -11,6

Sajonia

4.678.900 4.296.284 -382.616 -8,2

Turingia

2.572.100 2.355.280 -216.820 -8,4

Total en los estados orientales

17.954.700 16.821.186 -1.133.514 -6,3

Total en los estados occidentales

62.319.900 65.679.663 +3.359.763 +5,4

Alemania

80.274.600 82.500.849 +2.226.249 +2,8

Además de la capital, Berlín, y el vecino Brandeburgo, los nuevos estados alemanes han perdido una décima parte de su población desde la reunificación. La migración a Occidente, en particular la de los jóvenes, es la principal responsable de la reducción demográfica.

En gran medida la superioridad de la empresa con pocos accionistas y un motor científico yace en la diferencia de la motivación moral del empresario verdadero, a diferencia y con frecuencia en oposición a las depredadoras inclinaciones filosóficamente existencialistas que son típicas de la motivación de los representantes del interés financiero del gran emporio. Para el verdadero empresario, el progreso de la firma no sólo estriba en el trabajo y la dedicación personal de toda una vida, sino en una inversión en la inmortalidad de esa empresa como obsequio de las generaciones presentes a las futuras.

El viraje que hubo después de 1971 en EUA y Europa hacia la alternativa mitológica de la "economía de servicios", ha demostrado no ser otra cosa que el paso de economías nacionales otrora orgullosas, de un estado económico anterior de vigor productivo, al agravado y difundido de la modalidad depredadora de la decadencia que sigue a la muerte, como lo vemos en las cualidades depredadoras a menudo mandevilleanas de perversidad que exhibe, de arriba a abajo, el grado lastimoso de administración inepta con el que hoy cuenta el gigantesco emporio autoarruinado de la empresa General Motors con sede en EU.

Para entender como se ha ocasionado esta destrucción acelerada de economías otrora orgullosas, tenemos que ubicar los orígenes de la susceptibilidad a la que se indujo a esas economías, aun cuando estaban en una condición previa saludable, como para que llegaran a infectarse con los impulsos autodestructivos que han arruinado a Europa y a las Américas en lo económico en un intervalo de aproximadamente cuarenta años a la fecha.

Las fallas de la gerencia

Cualquier enseñanza competente de economía política debe empezar por atender a aquellos procesos mentales que distinguen todo aspecto de la sociedad, tanto de las bestias como de la misión que se le asigna a los contadores modernos por igual. La raíz axiomática de esta distinción se ubica en esas facultades creativas de la mente humana que distinguen a nuestra especia por completo de toda forma inferior de vida. El comportamiento económico, en especial para el caso en cuestión aquí, el llamado comportamiento del mercado y el relacionado de los gobiernos, depende de toda la organización de la mente humana individual y de la dependencia del individuo, así definido, de las formas de interacción colectiva entre los participantes, incluyendo la emocional, en todos los aspectos del proceso económico de y entre las naciones.

Así, cualquier intento de tomar las matemáticas reduccionistas como premisa para el estudio de la economía, como hacía la escuela marginalista de los positivistas del siglo 19 que seguían a Ernst Mach, así como la mayor parte de la dizque economía matemática que se enseña y aplica hoy día, es una incompetencia intrínseca desde el comienzo, sólo por esa razón suficiente. La economía objetiva existe, pero solo con la premisa de un enfoque hacia las determinaciones subjetivas que puse de relieve en varios lugares pertinentes de este informe, sobre la cuestión del método para fijar precios dentro del nuevo sistema monetario que se necesita.

Al revisar los hechos de marras desde la perspectiva del desempeño de largo plazo, como en el transcurso de los últimos cuarenta años, lo que por lo común ha pasado por teoría económica, como la practicaron los profesionistas e instituciones pertinentes de la comunidad atlántica durante este período, lo que los gobiernos y profesionales del caso en general han enseñado y practicado como "economía" en este intervalo, no ha dejado de ser pura incompetencia, como la que se asocia con la reputación de la Escuela de Negocios de Harvard, la mayoría de los gobiernos actuales, y las instituciones privadas de poderosa influencia del caso.

En efecto, en el mediano y largo plazo reciente la clase indicada de instituciones en lo principal no ha logrado aumentar, en lo absoluto, el producto físico neto de las naciones pertinentes de esta comunidad. hago hincapié en que esto ha sido característico de estos últimos 40 años, aproximadamente. Peor aun, la práctica de los gobiernos e instituciones privadas importantes a lo largo de estas décadas desde los 1970, ha consistido cada vez más en reducir el poder de pueblos y territorios enteros para producir riqueza física neta per cápita y por kilómetro cuadrado.

Sería imposible cualquier comprensión competente del estado actual de la economía mundial sin tomar en cuenta la clase de patología colectiva de la que hoy es típico el fenómeno "sesentiochero" en la administración y la alta política. La imagen de la mal habida reputación actual de la Escuela de Negocios de Harvard refleja un aspecto significativo de este problema.

En otras palabras, en estos territorios, durante estas cuatro décadas, la teoría y actividad normales de los gobiernos, así como de las instituciones privadas más influyentes de la prensa y otras, ha hecho mucho más mal que crónicamente dejar de servir a los intereses vitales de la humanidad.

Por tanto, en vez de juzgar la competencia desde la perspectiva de las teorías que se enseñan y aplican, tenemos que reconocer que esas mismas creencias y prácticas institucionalizadas se llevan la mayor parte de la culpa. Esas influencias institucionales no sólo no han fomentado, sin falla, lo que suelen alegar que son sus metas propuestas para la humanidad; han contribuido mucho a crear la crisis que hoy hace presa del mundo. A ese respecto, en ese sentido, es la llamada teoría, más que la calidad de la práctica que se juzga con dicha teoría, lo que ha de reconocerse como la culpable. No es la acción —la enseñanza de la experiencia— lo que ha producido la teoría ahora fracasada, sino que ésta es la responsable del malogro moral de la acción a la que se ha ajustado a una teoría errónea imperante, tal como el dogma del "libre comercio". Entonces, ¿cómo debemos juzgar el historial de fracasos de estos 40 años, así como de ciertos períodos previos que las pruebas dicen que han abarcado una generación o más? El modo en el que los gobiernos y otras partes concernientes han pensado acerca de la economía, es lo que ha causado los desastres perpetrados por ese mismo pensamiento defectuoso de los gobiernos y otras agencias poderosas, y, por ende, por el comportamiento popular en general.

Ve el caso de EUA, del modo que yo, como es natural, tengo más experiencia relativa en esta rama del tema. El acento algo restringido de esta perspectiva mía no demerita su autoridad científica. El razonamiento a realizar a este respecto es decisivo para entender cómo abordar la crisis global de hoy, si es que hemos de liberar al estrato social dirigente de marras y de otra índole, de esos hábitos inducidos que lo han desviado hacia las ideas y hábitos de conducta con los que hoy están arruinando al mundo, y a sus naciones respectivas inclusive.

La ideología especial de una generación

El mundo actual lo maneja, en lo principal, una generación que ha llegado a posiciones dominantes de influencia en la vida pública y privada, en el período desde que dejó la adolescencia durante la última parte de los 1960, más que nada. Esta generación de los llamados "sesentiocheros" en EUA (o "baby boomers"), nació no mucho después de 1945 o poco antes, fue sujeta a condiciones y tendencias que han producido un estado mental generalizado entre esa generación, en especial en su estrato dirigente tanto de las Américas como de Europa, en particular en lo que antes de 1990 fue "Europa Occidental". Esta generación tiene características mentales que, en efecto, enquistan a la mayoría de sus personalidades destacadas y otras, al grado que, en lo mental, viven en una concha intelectual, cual peces tras las paredes de un acuario.

En general, los miembros de esa generación son incapaces de comprender con sus propias facultades intelectuales por sí solas, el mundo real como lo reconocerían los intelectos pertinentes, ya sea de las generaciones anteriores o las subsiguientes. El Gobierno actual de Bush y Cheney, más aun que el anterior de Clinton y Gore en EUA, no pude entenderse sino desde la perspectiva de reconocer el estado de separación mental, como de pecera, de ese mundo real que sólo existe afuera de las fantasías que aprisionan a la mayoría del 20 por ciento de arriba y más de su generación, como uno u otro espécimen de la generación "del 68".[10]

Lo distintivamente fundamental del conjunto actual del Presidente y el Vicepresidente hoy día, es que su ideología, en especial la de Cheney, los ha ubicado como el fruto intelectual de un poderoso elemento en extremo secreto y sucio al interior del Gobierno de estadounidense particular, el llamado elemento "doblacucharas" que, entre otros de sus atributos, se ubica en una cavidad secreta del comando estratégico y es el autor de proyectos tan debatibles como la operación reciente de las prisiones de Guantánamo y Abu Ghraib. Representa una porción de esa generación del Presidente, que incluye la parte "neoconservadora", cuya ralea muestra una gran receptividad al estudio y emulación de lo peor del ejercicio médico inmoral y los trucos relacionados del aparato nazi. De buscar algún elemento dentro del aparato secreto de las instituciones estadounidenses que organizaría una operación terrorista patentemente extranjera contra EUA, el primer lugar adonde buscar sería en este escondrijo del aparato bélico secreto estadounidense.

El papel del Presidente en funciones como un cómplice semiconciente de los llamados elementos "neoconservadores" de ese oscuro linaje "doblacucharas", refleja el lado más sucio de su generación, la sofistería pura que ejerce el Gobierno de Bush y Cheney contra el interés más vital de la nación y de su relación con socios y aliados abiertos en el exterior.

El Presidente y el Vicepresidente son típicos de aquellos que condonan y usan esa clase de tradiciones oscuras aún en practica; pero, aunque relativamente están en el extremo de su jerarquía inferior en la escala de la moralidad, al compararlos con los sesentiocheros en general, no dejan de reflejar el hecho de que la generación del 68 fue criada y educada para convertirse en una generación de sofistas por reacción instintiva con características por lo común distintas de las de la generación de sus padres o de las de su propia prole actual en la edad adulta joven.

Como a mí me educó la generación de los veteranos de la Primera Guerra Mundial y la de sus padres, y como conozco muy bien a la generación del 68 y su descendencia de adultos jóvenes, tengo la ventaja de ver el fenómeno sesentiochero desde una perspectiva en el mundo real, fuera de la jaula mental en la que la mente sesentiochera común está enquistada. Dicha mente se ve encasillada en un mundo que ella misma ha construido como un nicho distorsionado dentro del mundo real y, por ende, simplemente no reconoce la existencia eficiente de realidades importantes, incluso de algunas de las ahora más decisivas que la vida de fantasía de la mente sesentiochera común de hoy día excluye de su comprensión.

La pared virtual que separa a la generación del 68, tanto de la de sus padres como de la actual de sus hijos adultos, es el más importante de los obstáculos políticos sociológicamente decisivos que obstruyen las soluciones disponibles a la crisis mundial que ahora arremete. Para entender lo que hay que abordar para poner en ejecución una medida de recuperación económica eficaz y oportuna, deben entenderse y abordarse los obstáculos que representa la condición mental que impera entre los influyentes de esa generación "del 68". La penetración de este problema de sociología política puede tener como eje de referencia el fenómeno del estrato "de corbata" de clase media de los suburbios de los 1950, donde se crió el núcleo del componente estadounidense de la generación trasatlántica "del 68".

Los temas del "doctor Spock", la clase "de corbata" y "hombre de la organización" de los 1950 en EUA, son referencias típicas pertinentes. La formación de las ideas político–económicas que se impusieron en las últimas cuatro décadas, tanto en EUA como en Europa Occidental, de manera más notable, ocurrió en la indoctrinación de los hijos sugestionables, en especial en los suburbios "de corbata", como secuela del Gobierno estadounidense de Truman de 1952–1958. El acondicionamiento de estos niños es clave para entender cómo hizo erupción el fenómeno "sesentiochero", incluyendo la "contracultura juvenil del rock, las drogas y el sexo", de mediados a fines de los 1960, y cómo se convirtió, a ambos lados del Atlántico, en el sello ideológico del viraje, de una forma viable, aunque con defectos, de desarrollo agroindustrial, a un decaimiento general hacia la orientación "posindustrial" ahora en decadencia de una economía de servicios.

El hecho es que una generación que ahora impera en los asuntos económicos y políticos cotidianos, la generación del 68, ha tomado las riendas del control al nivel de la gestión de la opinión popular en el ámbito de la política, los órganos de difusión y las cuestiones económicas ordinarias, lo cual es el origen principal de la supresión de cualquier tentativa por rescatar a nuestras naciones, apartándolas de la "economía de servicios posindustrial" que las está arruinando. El efecto que esto produce se parece a la determinación histérica de los legendarios lemmings, que no les impide arrojarse del borde del abismo hacia los peñascos; en nuestro caso, hacia la crisis de desintegración económica general que les espera abajo a una distancia corta, pero mortal.

Cómo se concibió a los 'sesentiocheros'

La mayor parte de los padres de la generación estadounidense del 68 regresó de hasta unos cinco años de servicio militar, para iniciarse en la vida civil adulta un poco después que lo que entonces se hubiera considerado "normal". Ellos y sus esposas empezaron "tarde" una familia, y con una apuro por "ponerse al día" con su educación, sus carreras, sus embarazos y sus planes para la esperada comodidad de la jubilación. No obstante, en ese preciso momento, con el cambio de Roosevelt a Truman, el cielo se oscureció.

Al final de la guerra, la educación superior se convirtió casi en un derecho, el cual se había postergado, pero, con la prisa por sacar graduados a montones y en la precipitada preferencia de los graduados por el título más que por la ciencia real, la verdadera excelencia tendía a perderse en la pelea por las oportunidades de éxito rápido. "¡No cuestionen la educación! ¡Aprendan lo que enseñan! ¡Pasen los exámenes! ¡Consigan esa buena carrera!"

Fue mucho peor que eso. Se había arrojado "la bomba" sobre Hiroshima. Estaba en marcha una cacería de brujas. Las esposas asustadas de los veteranos que regresaban, decían: "¡Cállate! ¡Haz lo que te dicen! ¡Agarra dos trabajos! ¡No metas a nuestra familia en problemas!" En retrospectiva, podría haberse dicho que estaba en ciernes la misma clase de temor que saturó a esa fuerza de la sofistería en la Atenas de Pericles convertida al imperialismo brutal que la indujo a su virtual autodestrucción en la guerra del Peloponeso. La sustitución de Truman por el presidente Eisenhower fue un respiro, pero ya se había hecho un gran daño moral. Hasta la fecha, el pueblo de EUA aún tiene que recuperar lo que perdió, en lo moral, en los terribles años del Gobierno de Truman que siguieron a Franklin Roosevelt.

En ese estúpido pantano del fervor anticomunista que organizó Churchill después de 1945, Truman y los financieros estadounidenses y otros que habían financiado en un principio el ascenso de Hitler al poder del Estado, una caterva de izquierdistas diversos, ex marxistas, marxistas tales como los ex comunistas Herbert Marcuse, Sidney Hook y sus amigos, y fascistas existencialistas como Martin Heidegger y sus amigos Theodor Adorno y Hannah Arendt, se unió, como en las reuniones que sostuvieron en las instalaciones de la Universidad de Columbia, para crear lo que vino a conocerse como el Congreso a Favor de la Libertad Cultural. El lavado cerebral de esa partida de degenerados morales e intelectuales en EUA y dondequiera que pudiera colarse en Europa, tuvo un efecto como de Gestapo en la mayoría de los miembros de mi propia generación en EUA y Europa, así como en otras partes.

Los peores y más crueles efectos de este lavado cerebral colectivo que programó el Congreso a Favor de la Libertad Cultural, fueron los que se impusieron a la parte de la población menos capaz de resistir la seducción corruptora del nuevo liberalismo sectario, que halló su expresión más notable en la generación del 68 que se crió en partes pertinentes de los suburbios, en especial los nuevos que se construyeron haciendo un uso perverso del sistema de Carreteras de la Defensa Nacional que patrocinó Eisenhower, el cual proliferó hasta convertirse en un fenómeno nacional desde su comienzo en las cercanías de Filadelfia, desde más allá del inició del fenómeno de los "suburbios" en los otrora sembradíos de papas de Levittown, Long Island.

Entre los célebres relatos del resultado de este proceso durante los 1950, están, como una referencia notable para hoy día, White Collar (De corbata) y El hombre organización, que no son recuentos impecables del fenómeno de los 1950, pero sí reflexiones típicas de lo que el grupo de corbata de los 1950 decía de sí mismo. Lo esencial que le hizo el mayor daño a la mente de los niños de esa época, fue la propagación de la negación existencialista de un principio de veracidad en la conducta y las relaciones humanas. La campaña de las redes del ideólogo nazi Martin Heidegger, tales como las de Adorno y Arendt, contra la "personalidad autoritaria", se fundó en una tesis neokantiana existencialista de la negación de que exista la verdad conocible; es decir, en sofistería radical, como aquella con la que se destruyó a sí misma la Atenas de la guerra del Peloponeso, como la fascinación de nuestra generación sesentiochera por instrumentos tales como el Congreso a Favor de la Libertad Cultural, que prácticamente destruyó el alma de tantos de la generación inmediata de la posguerra.

Así, una inmoralidad rabiosa, de la que de otro modo son emblemáticos los dramas del dramaturgo Bertolt Brecht, se convirtió en la plataforma de la secta del sofismo arraigado en la generalidad de la cultura sesentiochera, un sofismo como el que se formó en la mente de los niños de los suburbios de los 1950 y en precintos afines. Esto formó el cimiento para la erupción, de mediados a fines de los 1960, de la locura contracultural de la que sólo es típica, en su extremo relativo, la pandilla Baader–Meinhof y "la contracultura juvenil del rock, las drogas y el sexo". Esto representó el ascenso y muerte del SDS y del legado de la "Coalición Arcoiris" de los 1970 en EUA, por cuya función catalítica como factor marginal se llevó a cabo el cambio de paradigma cultural de Europa y EUA, de ser potencias agroindustriales pujantes, a terminar como "economías posindustriales de servicios" autodestruidas.

El culto a la entropía

Desde el nacimiento de la civilización europea por industria de una partera egipcia, el concepto central del que ha dependido toda contribución especial de la cultura europea es uno de la naturaleza del ser humano individual y de su especie, del modo que la definen las implicaciones de un principio llamado dúnamis o, en el uso científico europeo moderno, el término en español poder, o el uso que hace Leibniz del término alemán Kraft, como equivalente del dúnamis griego clásico. Estas distinciones las representaba para el uso corriente contemporáneo, como para el de entonces, el uso que hacía Leibniz del término dinámica, en oposición explícita a la necedad anticientífica de la noción radical reduccionista de mecánica del cartesiano.

Este conflicto es la cuestión más decisiva, aun hoy, al tratar de diseñar un modelo físico–científico de economía moderna. La interpretación radical de la noción errada de mecánica de Descartes, tal y como Leibniz probó su tesis contra la mecánica, es la que las corrientes imperantes de la mayoría de los influyentes con formación académica extraídos de la generación del 68 de las Américas, Europa y más allá, han abrazado con un fervor en extremo virulento y malicioso.

Esta cuestión cobró la nueva forma de marras, que se aplica al caso de la ideología económica sesentiochera de hoy, a mediados del siglo 19.

Antes, mediante la cooperación de una facción que se asoció con la formación de la École Polytechnique que dirigía Gaspard Monge en la Francia prenapoleónica, una facción de la que fue típica, ya entrado el siglo 19, la obra de Gauss y otras redes que Alejandro de Humboldt coordinó después de 1815, tales como las de Arago de Francia, y las de Wilhelm Weber, Lejeune Dirichlet y Bernhard Riemann de Alemania, este último país emergió como el líder mundial del progreso fundamental en la ciencia física. El mejor trabajo científico de Europa, que por un par de siglos se había concentrado en la obra de Leibniz y colaboradores y seguidores anticartesianos en Francia, se transfirió a Alemania desde más o menos fines de los 1820, con la coordinación de Alejandro de Humboldt, en lo principal. Las importantes contribuciones originales de EUA a los fundamentos de la ciencia física moderna estuvieron asociados, ya sea con la obra de Benjamín Franklin, quien fue un colaborador significativo de los principales pensadores ingleses, franceses y alemanes en este campo, o con la coordinación entre Alejandro de Humboldt y los científicos estadounidenses más descollantes, como el bisnieto de Benjamín Franklin, Alexander Dallas Bache, en la primera mitad del siglo 19.

La visión contraria, por desgracia de una incompetencia rabiosa, de las cuestiones de la ciencia física, en especial de los neomaltusianos, es la que se ha difundido con amplitud como una forma de corrupción cultural, cuando no como el absoluto fanatismo científicamente analfabeta de los neoluditas sesentiocheros actuales.

El ímpetu principal de las corrientes anticientíficas que constituyen las fuentes de las que hoy dependen los luditas y neoluditas sesentiocheros, vino como secuela inmediata del Congreso de Viena de 1815, cuando se emprendió una operación que encabezaron los británicos, enfocada en un principio contra la École Polytechnique de Francia, en el empeño por destruir un vigor de la ciencia física continental que la monarquía británica y sus confederados habsburgo consideraron como una amenaza de lo más molesta a los intereses imperiales que representaban, de manera respectiva, la Compañía de las Indias Orientales británica y la Santa Alianza de Metternich.

El primer ataque fuerte vino por órdenes de un títere británico, el patético paniaguado del rey de la Restauración, quien fue puesto en el trono por obra del procónsul de Francia ante el Congreso de Viena, el duque de Wellington. La operación contra Francia vía el patiño de Wellington, el monarca francés, siguió la tradición de Napoleón Bonaparte, quien, por así decirlo, había encumbrado y adoptado al adversario pertinaz del legado de Leibniz y personalmente de Carl F. Gauss, Lagrange, como sumo sacerdote de la ciencia. El trabajo sucio lo hicieron dos compinches, Laplace y su propio secuaz —quien luego quedó al descubierto como un plagiario— Agustín Cauchy. Este par de pillos, una suerte de Burke y Hare por derecho propio, emprendió una tarea de demolición general contra la École Polytechnique, al expulsar a su creador, Gaspard Monge, y destruir su programa educativo, que había creado y erigido a la potencia científica más formidable de la época en Europa. El principal colaborador de Monge, el científico y genio estratega militar, el "Autor de la Victoria" Lázaro Carnot, encontró refugio para el trabajo de los últimos años de su vida en Magdeburgo, desde donde más tarde fueron llevados sus restos, en una impresionante procesión triunfal de honor, adonde reposan los héroes de Francia.

Todo el mejor trabajo que sentó los cimientos de la ciencia física moderna conduce a la órbita de la obra de un protegido tanto de Carl F. Gauss como del protegido personal de Alejandro de Humboldt y veterano de la École Polytechnique, Lejeune Dirichlet. El efecto combinado de estas y otras personalidades destacadas de descubrimiento científico fundamental se consolidó en su aspecto más esencial en el desarrollo del fundamento físico–matemático de la principal ciencia física moderna hasta la fecha, en esa obra de Bernhard Riemann que tiene una importancia decisiva para cualquier comprensión de la contribución más esencial a la ciencia económica hoy, la de V.I. Vernadsky. Como es bien sabido, la obra de Gauss fue prodigiosa por derecho propio, pero tratar a Gauss y su obra aislados del proceso histórico a cuyo centro fueron arrastrados es caricaturizar a Gauss con un tratamiento vacuo de su obra verdadera mediante una composición engañosa.

Para llegar al aspecto específico tan rápido como el honor lo permita, en cuanto al meollo de las consecuencias destructivas de la ideología sesentiochera para la economía, hay que plantear ciertas cosas aquí en un orden apropiado de las referencias con la pertinencia más decisiva, pero con cierto grado de precisión.

Hay una continuidad en la evolución de las corrientes competentes de la ciencia europea, una continuidad que se extiende desde puntos de referencia en la Grecia antigua tales como los pitagóricos y Platón. Como lo he subrayado ya aquí de manera repetida, aunque no en exceso, así como en otros apartados concernientes, estos nexos, que están arraigados en la antigua astrofísica egipcia que los griegos llamaron esférica, constituyen el aspecto central de una continuidad de ideas interrumpida, pero no obstante continua, que incluyen las ideas respecto a los principios fundamentales de la ciencia física, que van desde los pitagóricos y sus contemporáneos y seguidores inmediatos de marras, hasta las fronteras de la ciencia física moderna. Las ideas que se expresan como parte de esta herencia son parte permanente del legado funcional que distingue a estas formas de organización de la sociedad que manifiestan con competencia la diferencia de principio entre el hombre y la bestia.

Como la economía, en especial la europea moderna, tiene como eje un dominio creciente de la humanidad sobre la naturaleza, per cápita y por kilómetro cuadrado de la superficie de la Tierra, las raíces de la economía real no han de encontrarse en la contabilidad financiera, sino en una visión de la ciencia física, como la de Nicolás de Cusa, Leonardo da Vinci, Fermat, Leibniz, Gauss y Riemann. Esta visión conceptualiza la naturaleza de aquellas facultades por las cuales la especie humana ha podido aumentar, no sólo su número, sino su calidad física de vida y su longevidad, mediante el descubrimiento y aplicación de dichas facultades que debemos asociar como representativas de la ciencia física, aunque no limitadas a ella. Ésta es una visión que los antiguos fundadores pertinentes de la civilización europea reconocieron como una especie de poder en y sobre el universo, que la humanidad podía descubrir y emplear de modo eficiente; poderes en el sentido en el que el joven Gauss demolió los fraudes de D'Alembert, Euler, Lagrange y demás en su primera obra científica, su tesis doctoral de 1799. Éstos son en esencia representativos de esa calidad de ideas que distingue al hombre, y a las formas racionales de sociedad, de las bestias.

A este respecto, la esencia de la ciencia física moderna eficaz, de la psicología competente, y de la composición artística clásica, la encarna la suma de la obra más importante de Bernhard Riemann sobre el tema de la geometría física. Esto abarca, en lo medular, su disertación de habilitación de 1854, su obra sobre la Teoría de funciones abelianas, y su resumen de las implicaciones de esas nociones de corte abeliano de las superficies riemannianas en su continuación de la iniciativa de Gauss en la definición de los aspectos de principio de las hipergeometrías físicas.[11] Esta obra de Riemann, del modo que Vernadsky reconoció y señaló algunas de sus implicaciones esenciales, aunque de manera resumida, es hoy el fundamento del diseño de cualquier visión competente de los procesos económicos en cualquier parte o cerca de este planeta.

El crimen de Clausius y Boltzmann

Para retomar el hilo desde donde me vi obligado a dejarlo por un momento, considera el siguiente indicio de las raíces sistémicas de esa patología común del sesentiochero a la que acabo de referirme.

En la extensión de la ciencia europea desde los antiguos pitagóricos y sus semejantes, hasta la obra de Riemann y, más recientemente, la de su seguidor de importancia decisiva, V.I. Vernadsky,[12] el concepto de ciencia y las nociones de monoteísmo —tales como las del célebre fundador del judaísmo de Egipto, Moisés— han estado entrelazadas como las premisas inseparables del concepto civilizado de la naturaleza del hombre en tanto distinto de las bestias. En la cultura europea moderna, esta tradición se ha atropellado de una manera característica de sus achaques principales, por la forma del reduccionismo filosófico que se asocia con seguidores de Paolo Sarpi de Venecia tales como los de la "Ilustración" del siglo 18, de la que fueron típicos seguidores de Descartes como los principales blancos del ataque de Carl F. Gauss de 1799, D'Alembert, Euler y Lagrange.

Tal como tratado esta materia en diversos apartados, entre ellos el de "Vernadsky y el principio de Dirichlet" al que ya hice referencia aquí antes, el método científico europeo moderno, como lo define el cardenal Nicolás de Cusa del siglo 15 en obras tales como De docta ignorantia, y explícitos seguidores científicos suyos como Leonardo da Vinci y Johannes Kepler, los conceptos de biosfera y noosfera en tanto sistemas dinámicos, más que el sistema mecánico cartesiano, ubican a los procesos vivos, no en las especies vivas en particular, sino, como en la definición de la biosfera, en un principio de la vida per se que abarca a todas las criaturas vivientes, pero que no está confinado a ninguna de ellas.

En su definición de la biosfera de 1935, por ejemplo, Vernadsky aporta una definición estricta de la característica dinámica, no mecánica, de la química de la biosfera, que es el modelo que se usó para definir la existencia de la noosfera, en 1938 y después, no sólo como un fenómeno que existe de modo independiente, sino también como uno dinámico con características específicamente riemannianas.[13]

La prueba decisiva de esto, para todos los casos, tiene como premisa el mismo razonamiento que Cusa elaboró en sus escritos sobre ciencia física, como los reprodujeron en la práctica los descubrimientos originales de Kepler en la astrofísica y el concepto de dinámica de Leibniz al desenmascarar el torpe error de incompetencia del concepto errado mecanicista de Descartes del dominio físico "animado por un deus ex machina". Este método mecanicista es el que se defendió por medios tales como los fraudes que perpetraron Euler y Lagrange, y fieles seguidores suyos tales como Laplace y Cauchy, y la llamada escuela termodinámica de los timadores Clausius, Grassmann y Kelvin, contra Leibniz y la ciencia. La incompetencia irresponsable de los seguidores del seguidor de la secta de Mach, Ludwig Boltzmann, en la termodinámica, devino en el modelo explícito, que se derivó de Clausius, Grassman y demás, para que el devoto de Bertrand Russell, Norbert Wiener, tramara el fraude llamado "cibernética", y en el mismo que de hecho empleó John von Neumann para insistir que la inteligencia humana tiene una base puramente mecánico–matemática.

La secta juvenil moderna de la "ecología" que se creó en los 1960, derivó de círculos tales como el de Solly Zuckermann de Gran Bretaña, el doctor Alexander King, y también sus comparsas del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), que desempeñó una función destacado, a nombre de la secta de Cambridge (Inglaterra) al "análisis de sistemas", en inducir la autodestrucción pro maltusiana acelerada de la ya tambaleante economía de la Unión Soviética.

La teoría matemática de la entropía universal, que se urdió bajo la dirección británica (por ejemplo, la de Kelvin), con ayuda de Clausius y Grassmann, ha significado el fraude, conocido como las definiciones reduccionistas neocartesianas de "termodinámica", que se empleó para tales triquiñuelas sucias como la fabricación de ese cuento de las sectas complementarias actuales de la "ecología" y la "teoría de la información", que se han convertido en una infección combinada prácticamente letal para la mayor parte de toda una generación de sesentiocheros paganos y, por ello, trastornados. La secta lunática, prácticamente de suicidio colectivo, de la fe en que una "economía de servicios" es un sustituto válido para una economía agroindustrial, es una forma de demencia colectiva que en gran medida ha dependido de los fraudes mecanicistas del reduccionista que irradian, a través de figuras como Boltzmann, desde sus orígenes del siglo 19 en Clausius, Grassmann y Kelvin.

El 'ambientismo' en tanto desorden mental

La cuestión sistémica decisiva responsable de este caso del desorden mental difundido entre los miembros de nuestra generación del 68, puede resumirse con justicia como sigue.

Por necesidad, repito lo que ya he puesto de relieve, de manera repetida, antes. La noción de ciencia la llevó a Europa el acento que Egipto le puso a una antigua raíz tácita en la astronavegación que practicaban ciertas culturas que, de hecho, existieron durante el más reciente período largo de glaciación de gran parte del hemisferio norte de nuestro planeta. Aspectos de las huellas de la astronomía antigua que pueden validarse por experimento y que datan de mucho antes del período histórico de las culturas de este planeta, demuestran estas implicaciones. Las referencias que hace Bal Gangadhar Tilak a esas pruebas antiguas, prehistóricas, en Orión y Hogar ártico en los Vedas, son reflexiones notables de estas investigaciones arqueológicas de europeos modernos. Las conclusiones que tienden a sacarse de tales pruebas arqueológicas, se imputan mediante una consideración cuidadosa de las pruebas decisivas de principio que se hallan de modo implícito en ciertas características internas de esos registros, características que corresponden a la visión de la ciencia egipcia que, con el título de esférica, tenían los pitagóricos y otros.

A saber:

La premisa esencial, central, de la existencia misma de la ciencia, y también de un monoteísmo racional que resulta que coincide con la noción que proporcionan los últimos versículos del capítulo primero del Génesis, es un concepto cuya comprensión depende del significado físico experimental del término "universal". Debemos distinguir entre la calidad de demostración de un principio físico universal, y la idea seudocientífica de la generación de una noción espuria, "generalmente aceptada", de un "principio general" que se ideó mediante un método dizque "inductivo" (por ejemplo, mecanicista).

Este origen antiguo de la noción de una ciencia física universal, la validó Kepler de una manera muy poderosa, al educir el principio universal de la gravitación a partir de una reflexión intensa sobre una serie de anomalías experimentales decisivas que surgen en el estudio de un conjunto normalizado de datos más precisos, que se fundó en sus propias observaciones de la órbita de Marte y otras anteriores.

La observación de los cuerpos celestes se divide en dos clases de cualidad distinta. Primero está el movimiento aparente, en la profundidad observada del espacio–tiempo físico esférico que en esencia, era regular y se ajustaba a ritmos uniformes constantes de movimiento circular, que pueden educirse. Una segunda clase de fenómenos astrofísicos, que fue la premisa del descubrimiento de Kepler de la gravitación, pertenece a los ritmos cíclicos de acción, tales como la orbital, que era constantemente no uniforme. El ritmo al que Marte viajaba sobre su órbita normalizada observada, constantemente se dividía en vectores de un modo no uniforme; en esto se fundó el descubrimiento de Kepler de un principio físico universal de la gravitación.

Para los pitagóricos y Platón, por ejemplo, la clase de concepto en la que casa el descubrimiento posterior de Kepler de un principio físico universal de la gravitación, la ejemplifica el concepto de tratar de definir una línea a partir de la existencia de un punto, una superficie a partir de la de una línea, y un sólido a partir de la de una superficie. Estas distinciones, de las que desde tiempos antiguos son típicos el tratamiento que le dio Platón al problema de doblar el cuadrado y al principio de la construcción del dodecaedro, y la solución de Arquitas, el amigo de Platón, para doblar el cubo por construcción geométrica, por milenios han servido como métodos pedagógicos clásicos para educar a los jóvenes en un concepto culto de esa cualidad de poderes (dúnamis) que, en tiempos modernos, está representado en el descubrimiento único de Kepler de la gravitación universal.

Este concepto de poderes —o la noción de dinámica, en oposición a la necedad cartesiana de la mecánica— es el único fundamento que existe para un uso cuerdo del término principio físico universal. Éste es un término que se transmitió por la civilización europea a partir de la ciencia egipcia conocida como la esférica. Esta noción de dinámica, que Leibniz reintrodujo de forma explícita a la civilización europea moderna al atacar la tontería de la noción de mecánica de Descartes, y con su formulación del principio de acción física mínima universal ligado la catenaria, que es lo que distingue su cálculo del fraude con el que salió Agustín Cauchy, es el único fundamento competente para una ciencia económica. Cualquier otro fundamento alternativo, como el de seguidores del empirismo de Paolo Sarpi tales como Descartes, John Locke, Mandeville, Quesnay, Adam Smith, Turgot, Jeremías Bentham, etc., no pertenece a la categoría de la ciencia, sino del vudú.

Estas anomalías de la investigación científica física experimental de cuestiones de principio universal, son la premisa para identificar la distinción fundamental entre la especie humana y las bestias. La clase de descubrimientos que corresponden a esta misma distinción es la que constituye la diferencia manifiesta, la única diferencia funcional expresa que separa a los seres humanos de las bestias. Reflexionar sobre esto aclara lo que hemos de entender, desde la perspectiva de una ciencia física competente, como lo que debiéramos tratar de sugerir al referirnos a un principio de monoteísmo. Dicha referencia al monoteísmo, a su vez, aclara el significado apropiado del término ciencia física.

Esta visión del principio determinante de la ciencia física es la clave indispensable para contar con una noción competente de los procesos económicos. Esto lo ilustra de manera decisiva un examen de las implicaciones del disparate cartesiano de la definición sectaria de Clausius y demás de "energía", del modo que esto contrasta con la noción de verdad física científica de poder (por ejemplo, Kraft, dúnamis) del principio físico universal de la acción mínima de Leibniz ligado a la catenaria, una visión estructurada de lo que luego se denominó "el dominio complejo", y el correspondiente descubrimiento original de Leibniz de la derivación logarítmica natural a partir de la función catenaria. La evolución real del universo que así se desenvuelve, como un efecto cuyo esbozo podría llamarse "energía" mensurable, siempre y cuando sea como una forma empírica práctica para hablar de los efectos, en vez del mágico deus ex machina mecanicista de algún sacerdote de vudú, cobra expresión en el descubrimiento y realización —mediante su aplicación— de un poder adicional específico del universo, al actuar en un proceso dinámico y no mecánico.

El descubrimiento de un principio físico universal, como distinto de alguna mera regla empírica "generalmente aceptada", tiene una correspondencia directa con la noción de la creatividad científica del ser humano individual. La cuestión así definida, es que los métodos reduccionistas, tales como los del aristotélico romano y timador por elección, Claudio Ptolomeo, o Galileo después, dependen de contrahacer la ciencia, al sustituir lo que se alega son reglas empíricas "generalmente aceptadas", como las que se formulan con el razonamiento inductivo, tales como las formas populares de mentir mediante métodos estadísticos, en vez del descubrimiento verdadero de principios físicos universales. El descubrimiento de principios físicos universales o modalidades afines de descubrimiento en el dominio de la composición y ejecución artística clásica, es el meollo fundamental de la ciencia en general, y de una ciencia de la economía física en particular.

El desarrollo de la personalidad individual y de la cultura social en la que el individuo vive y actúa, con un efecto acorde con el principio de la creatividad, es el único principio fundamental apropiado de la ciencia económica, la única ciencia de largo aliento de la historia que abarca nada menos que la totalidad de varios milenios.

Ahora procedamos a partir del hito que brinda esta cuestión que recién se plantea.

2. Economía: el concepto de dinámica

En el sistema mecanicista de Descartes y de los reduccionistas modernos en general, la acción que se observa es el hecho, y la explicación de que el hecho observado ocurra se encuentra en un deus ex machina imaginario que se supone funciona, como la sed individual de Mandeville por los placeres del vicio o la "mano invisible" de Adam Smith, cual en lo que Euler definía como el mundo meramente "imaginario" de la fantasía matemática formal, desde abajo del tablado y totalmente por fuera del universo real.

En el universo real que Euler y Lagrange negaban que existiera, los cambios en el comportamiento observado del universo mismo que ocasiona la acción de principios físicos universales que pueden descubrirse mediante experimento, son los que constituyen el hecho primario de la experiencia. En esta visión, los cambios observados se conocen como productos de los principios físicos universales que pueden descubrirse.

Así que el empirista depende de estos hábitos aberrantes de deducción e inducción, a partir de los cuales educe principios "generalmente aceptados". Estos dizque principios educidos tienen las características ontológicas fantásticos invisibles, como los de J. Clark Maxwell, que gobiernan al universo desde afuera y debajo del tablado de los sucesos que se experimentan. Esta serie de supuestos poderes demoníacos, estos principios o preceptos dizque "de suyo evidentes" u otros "por lo general aceptados", se adoptan entonces como los "principios" que se supone han causado lo que apenas si se observó.

Para trazar el curso de la investigación que implica este fracaso general reciente de los economistas y administradores por los general encumbrados de este período, ve la distinción ecológica más característica de la especie humana en el largo plazo de su existencia conocida. Desde la óptica del economista físico, más que la del período de atención vergonzosamente corto que uno ve cuando el moderno contador financiero común y corriente se las da de economista, la distinción decisiva entre la especie humana y todas las demás formas de vida, es que la humanidad, en comparación con los simios superiores, por ejemplo, ha elevado tanto su densidad demográfica relativa potencial de largo plazo, por kilómetro cuadrado de la superficie de la Tierra, en más de tres órdenes decimales de magnitud por encima de la de los simios superiores, como también la esperanza de