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Escritos y discursos de Lyndon LaRouche
El extraño panteón imperial de CheneyEste informe lo emitió el comité de campaña presidencial LaRouche in 2004,
¿Cuándo se califica a una asociación religiosa como expresión del fascismo? [1] Con el Tratado de Westfalia de 1648, la civilización europea se libró del período de 1511–1648 dominado por la guerra religiosa generalizada, una guerra que amenazó con terminar como la Era de Tinieblas de la Europa de mediados del siglo 14. Ahora hay un esfuerzo concertado, al interior del actual Gobierno de Bush y de otros, como el Consejo de Liderato Demócrata (DLC, siglas en inglés) de Evan Bayh, para dar marcha atrás al principio de ese Tratado de Westfalia, un esfuerzo francamente orientado a lo que pudiera devenir en la destrucción de nuestra civilización. Las fuerzas comprometidas con ese resultado atroz confían principalmente en construir y desplegar un cierto tipo de movimiento político religioso panteísta con sede en los Estados Unidos; de hecho, un movimiento fascista que es potencialmente, y comparable ya, a una amenaza nuclear peor para la humanidad en su conjunto que el régimen nazi.[1] El mayor impulso a esta actividad criminal lo brinda ahora una minoría de individuos de alto nivel en los círculos políticos de de los propios EU. El vicepresidente Dick Cheney es una figura central entre los funcionarios demócratas y republicanos prominentes que hoy respaldan esa amenaza organizada contra la civilización. En mi discurso de enero de 2001 sobre la Presidencia entrante de Bush, advertí que era probable, aunque no cierto todavía, que se orquestara un acontecimiento similar al incendio del Reichstag del 27 de febrero de 1933, que se convirtió en el pretexto para darle al canciller Adolfo Hitler poderes dictatoriales. El equivalente estadounidense de ese "incendio del Reichstag" del cual advertí sucedió de verdad el 11 de septiembre de 2001. Como advertí, esos acontecimientos se aprovecharon para revivir las propuestas que hiciera hace diez años el vicepresidente Dick Cheney, sus propuestas hitlerianas de 1991–1992. Esas propuestas pronto se conviertieron en la política exterior del monigote de Cheney, el presidente George W. Bush, hijo. El proceder de Cheney llevó al equivalente estadounidense actual de los nazis, un grupo de lacayos seguidores del finado profesor Leo Strauss de la Universidad de Chicago, a cobrar un control cada vez mayor, prácticamente dictatorial, de la planificación de la política estadounidense, tanto en el Gobierno como en la política continua del DLC. A menos que los gallinazis de Cheney regresen al gallinero, la civilización moderna como la conocemos pronto podría desaparecer por generaciones aún por venir. Por motivos que explicaré en este informe, reconozcamos a esa pandilla en torno a los planes fascistas de Cheney como los panteoconservadores. La característica esencial del movimiento que Cheney representa es que constituye un impulso para establecer una especie de imperio "orwelliano" con sede en los EU, como una dictadura mundial. Este movimiento ha creado un tipo específico de personalidad patológica, como lo confirman los frenéticos espectáculos públicos de Cheney y del secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Ese tipo de rabietas funcionan como sustituto de los procesos de veras racionales de deliberación pública. Este par expresa la gracia social de un capo de la mafia, que a veces gime como macho en celo o, de repente, se pone feo, grita, refunfuña, vomita un torrente de mentiras increíbles como distracción, y ordena matar para desviar la atención de lo que él considera cosas inconvenientes en ese momento. Ese tipo de personalidad gangsteril, que recuerda al malvado personaje de Trasímaco de la República de Platón, es el que debe reconocerse, y diagnosticarse, como condición para emprender cualquier esfuerzo por entender el comportamiento de la pandilla fascista de Cheney. A continuación, explico mi experiencia personal de más de veinte años con esa pandilla. En el verano de 1994 me sorprendí ante el descubrimiento de la aglomeración que había en una fachada común de sectas pro carlistas, con otras sectas neoconservadoras gnósticas. Esta revoltura de culpables y bienintencionados, la dominaba la influencia de una combinación de derechistas católicos nominales y protestantes maniqueos. Se llamaba la "Coalición Cristiana". Estaba sorpendido y asqueado, pero no desconcertado. Estaba prevenido. Ya con anterioridad, en mi campaña por la primaria presidencial demócrata de 1979–1980 en Nueva Hampshire, y en la campaña por la primaria de 1980 en Massachusetts que le siguió, un destacado grupo de lo que entonces se estilaba, como la mentada alianza "Derecho a vivir", me había atacado con salvajismo político y con calumnias. Este ataque de los ideólogos "monotemáticos" en mi contra se basaba en sus quejas furibundas contra mi insistencia en incluir la defensa de la vida humana individual en contra de esas prácticas nazis, como la de aplicar la eutanasia a los ciudadanos jubilados, que ya estaba en marcha entonces en los EU, cada vez más. Esa tendencia a favor de la eutanasia comenzó con la derogación maltusiana que hizo el Gobierno, no precisamente antifascista, de Nixon, de la ley Hill–Burton, sustituyéndola con la legislación inherentemente anticonstitucional y depredadora de las organizaciones para el cuidado de la salud, o HMO (siglas en inglés). Varios años después de mi campaña de 1980 por la candidatura presidencial demócrata, durante el primer Gobierno del presidente Ronald Reagan, mi esposa presidió la conferencia europea que fundó el antimaltusiano Club de la Vida Internacional, en Alemania. De inmediato recibimos un doloso y salvaje ataque injustificado contra el Club de la Vida europeo desde los EU. Ese ataque llegó a Europa a través del Atlántico, retransmitido vía Francia, y dirigido por los círculos gnósticos de mi entonces adversario político declarado, el trémulo general (r.) Daniel P. Graham, de la Fundación Heritage. El ataque vino de los círculos vinculados al padre Paul Marx y al Christendom College en el norte de Virginia, EU.[2] Entre los que encabezaron este ataque estaban las mismas agrupaciones culpables que constituyeron el componente del norte de Virginia en la mentada Coalición Cristiana, una década después, en 1994. Las ocasiones para mi asombro y disgusto ante la duplicidad gnóstica de ese consorcio de la Coalición Cristiana no terminaron en el verano de 1994. Me alarmé de nuevo cuando, más tarde, investigaciones conducentes dieron más detalles de la formación de la alianza orginal de la Coalición Cristiana entre, por un lado, derechistas de orientación carlista, e incluso gnósticos del grupo sede vacante y figuras destacadas del American Enterprise Institute, y por el otro lado, algunas variedades del protestantismo en la tradición basada en el Ku Klux Klan de los Fugitivos del profesor de Harvard, William Yandell Elliott: los agraristas de Nashville. Hoy día, bajo las siniestras condiciones actuales del mundo en general, la dañina alianza en pro de la guerra de esas mismas sectas gnósticas tradicionalmente antisemitas, de derechistas nominalmente católicos y de variedades protestantes se ha aliado con la variedad de judíos a favor del fascismo, como los seguidores contemporáneos del fascista declarado Vladimir Jabotinsky. La alianza continua de esa variedad de antisemitas tradicionales con judíos que han pasado a la tradición fascista del Vladimir Jabotinsky propiedad del coronel Zubatov y de Benito Mussolini, era y sigue siendo sucia, pero ya no debería sorprender a quienes recuerdan las propuestas fracasadas del fascista declarado Jabotinsky a Adolfo Hitler. La hipocresía flagrantemente paradójica de esta alianza gnóstica, constituye una de las pistas de investigación más significativas para entender su papel actual como promotora principal del "fascismo universal" del gruñón vicepresidente Dick Cheney.[3] Cuando se ubica el caso del "vicio–presidente" Cheney de ese modo, nos vemos obligados a tomar en cuenta el hecho de que la reunión de este agregado de variedades diversas de fascistas estadounidenses, de la cual él y su esposa Lynne Cheney son representativos en los EU hoy, tiene un origen foráneo. Estos gnósticos son producto de una red internacional cuyo componente estadounidense se erigió alrededor de un protegido influyente en el ámbito internacional, del entonces presidente de la Universidad de Chicago y compinche de Bertrand Russell, Robert M. Hutchins. Ese protegido, tanto de Hutchins como del promotor nazi Carl Schmitt de Alemania, era el finado profesor Leo Strauss (1899–1973), quien sigue siendo una figura central del movimiento fascista internacional actual.[4] Cuando los ciudadanos inteligentes incluyen el papel del Strauus de Hutchins en sus indagaciones, se ven forzados a investigar lo que sigue. En resumen:
Mis colaboradores y yo investigamos este aspecto panteístico del problema. Lo que sigue son los hallazgos pertinentes sobre los mecanismos del caso, el papel de las sectas religiosas gnósticas, en tanto sectas religiosas, en el control de las redes de Leo Strauss sobre el vicepresidente y manipulador Dick Cheney. En otras palabras: ¿cuáles son los mecanismos psicológicos mediante los cuales puede transformarse a las personas en pervertidos como los seguidores del profesor Leo Strauss? ¿Cómo podríamos entender y, por tanto, enfrentar de manera más efectiva la reciente propagación de dichos desórdenes mentales homicidas? El aspecto fantástico e irónico de la alianza entre el procurador general de los EU John Ashcroft, Cheney y Rumsfeld dentro del Gobierno de George W. Bush, hijo, es, como ya he indicado aquí, la afinidad política patente entre los gnósticos "fundamentalistas" fanáticos, un foco tradicional de antisemitismo propenso al Ku Klux Klan combinado con judíos fascistas autoproclamados como sionistas, principalmente individuos con antecedentes trotskistas y trazas similares de ateos devotos. La inclusión de derechistas católicos profesos sacados de entre los adversarios filosófico políticos del papa Juan Pablo II, como Michael Novak del American Enterprise Institute, refleja así un conjunto específicamente panteístico, en vez de una asociación ecuménica o el caso de cuerpos religiosos divergentes reunidos en torno a algún principio secular respetable. Ese principio panteístico intrínsecamente fascista como tal, sirve como el pegamento ideológico común que, como demuestra este informe, une a los elementos de dicha secta, como la larva de un frígano pega su crisálida con cascajo en su transformación a pupa, o quizás, más como el principio implícito en la organización del moho lamoso. Ellos se juntanLas piernas panteísticas bajo las faldas de los principales copensadores de Cheney reflejan los orígenes inmediatos del grupo en el esfuerzo continuo por crear una "religión mundial", como trataron de hacerlo los círculos de admiradores de Hitler de H. G. Wells en el "Rearme Moral". Así, enfrentamos, como lo muestran los delirantes discursos públicos de Rumsfeld y Cheney, una importante expresión panteística siniestra del "Hermano Mayor" de George Orwell de la vida real que acecha a la civilización hoy día.[5] Por tanto, es urgente para mí, y para los lectores, que los rasgos pro fascistas de ciertas formas de creencia gnóstica se hagan inteligibles más ampliamente de lo que han sido en las últimas cuatro décadas.[6] Un detenido examen de estas y otras pruebas, muestra que los planes imperiales explícitamente fascistas del Vicepresidente y sus gallinazis straussianos representan, al igual que los escritos publicados de Samuel P. Huntington y la propuesta "revolución en los asuntos militares" en general, la consagración a un imperio mundial específicamente neorromano de un fascismo universal que tiene como modelo una Waffen SS internacional. Esta es la clase de imperio mejor caracterizado con la parodia total del papel del panteón y del césar como póntifex máximus bajo el Imperio Romano original. Así, tenemos las reacciones que contrastan con la pandilla de Cheney, expresadas como la oposición prácticamente instintiva de los credos religiosas tradicionales a esa "guerra preventiva" proscrita internacionalmente, que Cheney le ha embutido al presidente Bush. El núcleo del elemento de apoyo basado en las masas al designio utopista en pro de dicha guerra, lo brinda un conjunto de ese tipo de imbéciles sectas nominalmente cristianas y judías pro fascistas que he descrito. Ésta, la principal base popular de los conspiradores gallinazis utopistas, refleja el rasgo común de la secta; son los elementos románticos de apoyo pópulista al panteón imperial moderno. Se trata de un panteón cuyo instinto prácticamente satánico (es decir, hegeliano–nietzscheano dionisíaco) es hacia la represión de todas y cada una de las variedades civilizadas de cuerpos religiosos en competencia entre los cristianos, judíos, musulmanes y otros.[7] La respuesta de muchos ciudadanos a los informes objetivos sobre planes reales como los que acabo de describir, ha sido un conjunto de objeciones histéricamente defensivas, ingenuas y generalmente irrelevantes. Notablemente, incluye objeciones coloreadas con explosiones de histeria por parte de esos ciudadanos y adolescentes que me escribieron, con palabras que en efecto quieren decir: "No me hables de tus principios. Todo lo que quiero escuchar de ti es, ¿cuál es tu posición con respecto a esta lista de temas para esta campaña electoral [es decir, la de 2004 en los EU]?", que consistía probablemente en una de tantas listas que les pasaron, junto con el Ritalin, profesores de alguna escuela secundaria local. Por ende, el objetivo central de este informe es hacer público lo que ese ciudadano realmente necesita conocer sobre los hechos esenciales. Al ciudadano hay que inocularlo contra la mañosa influencia de los profundos "mecanismos" psicológicos, con los que se ha usado a sectas religiosas extrañas para crear un componente panteístico especial de apoyo pópulista sólido a los planes fascistas del "presidente en funciones" Dick Cheney. Por tanto, el reto a vencer en este informe es: cuando recibo un mensaje de algún adolescente o ciudadano, de la forma, "¿Cuál es su posición sobre estos temas?", tengo que preguntarme, "¿Cómo define erróneamente el que escribió este mensaje el significado práctico del verbo `pensar'?" Por ende, puesto que la urgente necesidad del ciudadano de aprender a pensar de forma adecuada sobre dichas materias es hoy su problema, ¿cómo le responderé? El diálogo que esa pregunta me exige, va más o menos como se desprende de los planteamientos introductorios anteriores. Esa forma de respuesta razonada y pedagógica es el contenido de las páginas siguientes de este informe. Para tal caso, y para otros, vuelvo ahora, primero, al mismo razonamiento sobre la naturaleza de la verdad que he desarrollado para el programa de educación superior, prescrito en mi diseño original del programa de educación superior centrado en Carl Gauss para un movimiento internacional de juventudes.[8] Explicaré la pertinencia política de esa referencia al ejemplo de Gauss para la crisis mundial actual, como punto de referencia para el necesario entendimiento más a fondo de las raíces axiomáticas del satanismo que Cheney apoya hoy. Después, introduciré y desarrollaré la cuestión central pertinente para entender la motivación del esfuerzo actual por establecer un panteísmo imperial fascista. 1. Verdad y cordura: ¿qué son?Antes del "cambio de paradigma cultural" de mediados de los 1960, el enfoque más ampliamente aceptado de una norma de veracidad, era el compromiso de una generación de padres para fomentar un tipo de progreso previsible en provecho de las generaciones venideras, como las de sus propios hijos y nietos. Por desgracia, como secuela de los terribles traumas psicológicos que produjeron en la población los acontecimientos sucesivos de la crisis de los proyectiles de 1962 y el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963,[9] esta noción otrora tradicional de un principio práctico de inmortalidad personal aproximada, y otras nociones afínes más estrictas de una idea de veracidad, sucumbieron ante los movimientos juveniles pro existencialistas que surgieron para formar la "generación del aquí y el ahora". Esta degeneración cultural posterior a 1963 entre la llamada generación del 68, coincidió y se agravó sobremanera con la arremetida de ese cambio acelerado de 1964–2003, de una cultura de sociedad productora, a la actual cultura de sociedad de consumo en desintegración. Desde el comienzo de la guerra de los EU en Indochina, esa cultura de la sociedad de consumo ha tomado, cada vez más, partes significativas de las instituciones y de la población. Esto no sólo ha ocurrido en los EU y el Reino Unido, sino, de modo notable, en Australia, Nueva Zelanda y otros lugares. La misma corrupción se ha difundido, a veces en diversos grados de intensidad, por todas las Américas, Europa, y entre algunos círculos prominentes de la ex Unión Soviética como la propagación infecciosa de ideologías neomaltusianas. Esta in filtración en la dirigencia soviética se realizó vía el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA, por sus siglas en inglés) de Laxenburgo, Austria, bajo la guía del círculo de análisis de sistemas de Cambridge de lord Kaldor, así como en el Club de Roma y otros conductos no soviéticos. La reforma educativa especificada en 1963 por el despacho de París de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (ODCE), de Alexander King, ha sido un factor neomaltusiano estrechamente relacionado en la destrucción de las facultades mentales productivas de los pueblos de otras naciones. Ese mismo factor de degradación cultural, también fue un factor significativo que contribuyó a acarrear la actual fase terminal de derrumbe económico sistémico del sistema monetario–financiero mundial de tasas de cambio flotantes de 1971–2003, como lo fue en el derrumbe anterior de la Unión Soviética. Esta decadencia cultural no se limitó a los "desertores" extremistas contraculturales de las calles y las universidades de 1964–1972. En el transcurso de 1964 a 1981 la mayor parte de toda una generación, de aquellos que iniciaban su vida adulta en ese período, fueron arrastrados de forma gradual, aun a pesar de su renuencia inicial, a convertirse en elementos de la decadencia ideológica popular de una "generación del aquí y el ahora". Esta degeneración cultural de la mayoría de todo ese estrato la reforzó el deslizamiento mundial, encabezado por los EU, hacia una forma parasítica de sociedad posindustrial, una sociedad que era el espejo de la decadencia del antiguo Imperio Romano, en la dependencia común de una antigua Roma y unos EU modernos de sus respectivos poderes imperiales para saquear los recuros naturales y la mano de obra barata de naciones menos afortunadas. El notable resultado cultural de esa degeneración cultural de la mentada "generación del 68",[10] es la común indiferencia moral ante el hecho de que su propia "generación del aquí y el ahora", con su respaldo a la política de las organizaciones para el cuidado de la salud y otras medidas demográficas igual de moralmente despreciables, han arrojado a la generación de sus padres que envejecen a ritmos acelerados de mortalidad, y también han a sus propios hijos en proceso de maduración al montón de escombros de una "generación sin futuro". La ruptura resultante en lo que había sido la relación moral normal entre generaciones sucesivas, desarraigaron el enfoque pragmático de una norma transgeneracional de veracidad que había predominado en los EU y otras partes antes del surgimiento de la contracultura juvenil pro existencialista a mediados de los 1960. En condiciones patéticas tales, las formas populares de tradición fracasan. La confianza en la mera opinión popular, de los órganos de difusión, académica u otra, se vuelve mortal para la humanidad. La ruptura generacional en la previa continuidad de la civilización europea posterior a la nueva Era de Tinieblas, a la cultura del Tratado de Westfalia de 1648, no les permite a las víctimas de la actual "generación sin futuro" ningún otro escape de la tragedia global hacia la cordura, que el anclarse a una noción sublime rigurosamente científica experimental, de la Verdad como tal. En esas circunstancias, la difusión de formas lunáticas y pro fascistas de secta religiosa o cuasireligiosa, como la ejemplifican las sectas desquiciadas de los seguidores de Leo Strauss, exige el desarrollo de uno estricta sentido de la certeza de la Verdad, no sólo para neutralizar los fraudes de Strauss, Allan Bloom y sus seguidores, sino como parte esencial de la tarea de llevar a la sociedad de nuevo a un plano político–económico más seguro. Lo que la gente cree, no importa que tan "sincera", o "independientemente", no es un sustituto aceptable para un cuerpo de veracidad que cumpla con las pruebas de la certeza científica experimental u otras parecidas. Sería casi imposible lograr que una nueva generación adulta entienda esas cuestiones políticas de creencia religiosa patológica arriba referidas, sin primero fundamentar la investigación en los problemas de la veracidad que plantea de manera más eficiente la colección de los diálogos socráticos de Platón.[11] Estimo que el punto de partida pedagógicamente más eficaz para semejante renacimiento de los estudios clásicos, sería revisar la solución original de Gauss de 1799 para definir el teorema fundamental del álgebra, desde la perspectiva comparativa de la geometría física griega clásica preeuclidiana.[12] Es importante destacar aquí, de nuevo, que lo que hizo el joven Carl Gauss, desde la fase inicial del trabajo profesional de su vida, fue mostrarle a muchas de las mentes más dotadas de la ciencia del siglo 19 cómo pensar sobre el propio pensamiento.[13] Como mostraré en la segunda parte de este informe, esto corresponde, no sólo a los temas de la física matemática, sino a todos los campos del pensamiento. En su documento de 1799 sobre los disparates sistémicos de los ideólogos apasionadamente reduccionistas antileibnizianos Leonhard Euler y Louis de Lagrange, Gauss muestra cómo pensar sobre las cuestiones de la ciencia, tal y como se había definido la ciencia moderna para la Europa del siglo 18, y para nuestros días, con el renacimiento de la tradición clásica griega de la geometría constructiva en el siglo 15. Los efectos iniciales de este renacimiento de la ciencia de la Europa moderna, lo ejemplifican los logros del cardenal Nicolás de Cusa, su seguidor Leonardo da Vinci, y el seguidor de ambos Johannes Kepler, y seguidores de éstos como Godofredo Leibniz.[14] El propio Gauss fue educado en esta tradición desde Cusa hasta Leibniz, por uno de sus dos maestros principales, Abraham Kästner. Kästner fue quien originó el concepto moderno de la geometría clásica antieuclidiana, seguido por Gauss, Bernard Riemann y otros, incluyendo a Albert Einstein en un momento posterior de su vida.[15] Las viejas raíces de la mentira en la cienciaSin embargo, había, y hay todavía hoy, una difundida idea errónea y clínicamente patológica de la ciencia, opuesta a los hitos establecidos por gente como Platón y Gauss. En un momento de la antigua ciencia griega, después de logrado el trabajo pionero de los pitagóricos y Platón, hubo un esfuerzo, como con el método de los Elementos de Euclides, por esterilizar los logros de la geometría física griega clásica de Platón y su Academia, en una inercia dominada por la deducción. Tal ha sido el papel de los métodos de "torre de marfil" que hoy asociamos a los Elementos de Euclides. La fundación moderna de la campaña por un "Euclides para tontos" vino mucho después, en los tiempos modernos, en la forma del empirismo, como el introducido por el tirano de Venecia Paolo Sarpi y su lacayo Galileo Galilei. El impacto del empirismo de Galileo preparó el camino para lo que se conoce como cartecianismo, y para la influencia de Isaac Newton. Estos representan una forma reduccionista de enfoque matemático a las interpretaciones pueriles de los meros fenómenos. El resultado central de esta tendencia faccional de decadencia en esa corriente ideológica de las matemáticas del siglo 17, se revela de forma resumida en el disparate anticientífico del ridículo lema añadido como divisa al Principia del pobre Isaac Newton: "Yo no hago hipótesis". El enfoque moderno en la creación y difusión de formas lunáticas, diseñadas ad hoc, de sectas religiosas similares al panteón imperial romano, ha dependido para su influencia, en los principal, de la aplicación del empirismo de Sarpi, Galileo, Descartes y Newton al dominio de la creencia religiosa. El caso de Jonathan Edwards y sus imitaciones en la historia de Norteamérica hasta la fecha, se cuenta entre los ejemplos notables del tipo de desórdenes religiosos de corte panteónico sincrético encontrado entre los "ultrarenovadores" en los EU hoy día. Consideren el resumen, en la Sección 2 de este informe, del modo en que se construyen tales sectas panteónicas individuales, y luego consideren el modo en que se usan los conflictos provocados por dichas sectas para asegurar el control imperial sobre la colección de grupos representados por el panteón en su conjunto. Aquí, en la presente sección, destacamos el modo en que las mismas clases de mecanismos de corrupción se despliegan en el dominio de la física matemática. El supuesto común básicamente patético de las ideologías reduccionistas, es que insisten, de forma fanática, en limitar la posibilidad de cualquier conocimiento real en los individuos humanos, a lo que a veces se conoce como "sentido común elemental", el dominio de la propia percepción sensorial. Así, los de ralea empirista, como Jean Le Rond d'Alembert, Euler, Lagrange, Pierre Simon de Laplace, Agustin Cauchy, etc., basan sus interpretaciones de la percepción sensorial en un conjunto arbitrario de fantasías de ensueño ("torre de marfil), tales como el de las definiciones, axiomas y postulados de Euclides, Galileo o los cartesianos. Ese mundo de fantasía ha de contrastarse con el mundo real, el cual se descubre mediante el principio de demostración experimental por construcción, mismo que es característico del legado clásico griego de los pitagóricos, Platón, Arquímedes y la Academia platónica continuada por el trabajo de Eratóstenes.[16] La fundación de las formas competentes de la ciencia física experimental moderna de medición, la ejemplifican, como ya dije, Filippo Brunelleschi, Nicolás de Cusa, Da Vinci, Kepler y Leibniz. A este Renacimiento del siglo 15, que constituyó la renovación definitiva de Europa luego de la pesadilla de siglos de romanticismo, Cusa le dio una base axiomática declarada, tomando como punto de partida la obra de Platón y su Academia. Como insistía el maestro de Gauss y aliado de Benjamin Franklin, Abraham Kästner, la práctica científica competente debe proceder a partir desde la perspectiva preeuclidiana antieuclidiano representada por los pitagóricos Arquitas y Platón. La forma de geometría física moderna explícitamente antieuclidiana requerida, que surgió, de manera más notable, a partir de los logros científicos revolucionarios sucesivos de Kepler y Leibniz, la desarrollaron de forma sucesiva Carl Gauss y Bernhard Riemann, principalmente. El más notable de los rasgos comunes de las formas competentes de la ciencia clásica griega y de la física moderna, es que todas las definiciones, axiomas y postulados arbitrarios están prohibidos, como lo pone de relieve Riemann desde el primer párrafo de su disertación de habilitación de 1854 en adelante. Como lo destaca, mostrando la fuerza de la ironía, al final de esa disertación, las definiciones de principio son materia de la física, no de las versiones académicas generalmente aceptadas de matemáticas de torre de marfil de hoy día. En la física matemática no puede afirmarse ningún principio, a menos que se demuestre su universalidad con una calidad de experimento físico que califique como una prueba tal. Esta misma distinción destacada por Riemann aparece en los diálogos de Platón como el asunto del concepto de poderes, tal como la solución construida por Arquitas para la paradoja deliana ilustra la expresión de tales poderes, al igual que la relación entre la existencia de las líneas, las superficies y los sólidos. Esta noción de poderes se expresa del modo más sencillo mediante una geometría constructiva de acción elementalmete esférica (en rechazo a la axiomáticamente lineal). Ese dominio elementalmente esférico aparece en la física matemática moderna como el llamado dominio complejo del álgebra gaussiana; esa perspectiva corregida del álgebra que descarta el fundamentalismo empirista de torre de marfil de los fanáticos ideológicos Euler y Lagrange, es el punto de partida de la geometría física constructiva, para la expresión riemanniana moderna de la noción de principios físicos universales definidos mediante experimento. La distinción característica subyacente común, tanto a la práctica moralmente corrupta de lo que se enseña como ciencia, como a las sectas religiosas espeluznantes, como Gauss y Riemann destacaron la naturaleza de ese error, yace en la sustitución de doctrinas arbitrarias, tales como las definiciones, axiomas y postulados euclidianos, por esas cualidades de las nociones experimentalmente validadas de principios físicos universales congruentes con el empleo de Platón del término poderes. Como en el Teetetes de Platón. El uso que hace Platón de la noción de poderes es coherente con el uso que hace Johannes Kepler del término intención como en su Nueva astronomía, para indicar un principio físico universal de gravitación que actúa de forma eficiente. La misma noción de poderes, o intención causal, es congruente con la noción experimentalmente demostrada de un principio físico universal eficiente del menor tiempo (es decir, de acción mínima universal), como lo desarrollaron de forma sucesiva Pierre de Fermat, Christiaan Huyghens, Leibniz y Bernouilli.[17] En las versiones relativamente menos extremas de las variedades patológicas de las representaciones de la ciencia en el aula hoy día tal como el empirismo que en general infecta a la física matemática, el cartesianismo, o positivismo lógico los mentados axiomas, definiciones, postulados, etc., "autoevidentes" o de "torre de marfil", se introducen como sustitutos, y en oposición, de principios físicos universales definidos de manera experimental, tal como Gauss señala esta corrupción en el método de D'Alembert, Euler y Lagrange. Mucho peor, es el uso de las variedades más francamente lunáticas de dizque "principios autoevidentes", tales como el "libre comercio", de la teoría social de las variedades de Thomas Hobbes, John Locke, Bernard Mandeville, François Quesnay, David Hume, Adam Smith y Jeremy Bentham, y las sectas religiosas como las encontradas entre los mentados "fundamentalistas" que le siguen la pisada a precedentes tales como los maniqueos, los cátaros y las orgías "renovadoras" de Jonathan Edwards. Ambas variedades de seudociencia la física matemática de "torre de marfil", y formas engañosas de teoría social y creencia religosa, aunque en cierto modo distintas una de la otra, tienen una raíz común que subyace muy en lo hondo.[18] Ese nexo constituye un tema de importancia central para el asunto de este informe. Por tanto, ahora, en esta última parte de la primera sección, consideren el caso de la geometría cartesiana como una seudociencia típica y, más adelante, en la segunda sección, comparen, de forma sucesiva, tales expresiones en extremo disparatadas de patologías empiristas como las de Locke, Quesnay, Mandeville, Hume y el dogma del "libre comercio" de Adam Smith. En esta última área de investigación encontramos el caso general para las creeencias que componen un panteón pagano como el de los straussianos. Leibniz vs. Descartes y LockeProcedemos ahora a saldar cuentas con la ideología cartesiana en la física matemática, antes de volvernos a las variedades más desagradables de la misma especie empirista que se encuentran agazapadas en sórdidos refugios, tales como la mayoría de los departamentos de sociología y filosofía, demasiadas iglesias y cualquier panteón. La peculiaridad característica del uso de un sustituto de "torre de marfil" para la geometría física constructiva, un sustituto como el de Descartes, tiene dos aspectos principales.
Por ende, el cartesiano, o una persona engañada de manera parecida, asume que el universo físico es de suyo evidente una cuestión de objetos que se mueven en un conjunto axiomáticamente lineal y falso de definiciones del espacio y el tiempo. Lo que de hecho pasa por las definiciones, axiomas y postulados "autoevidentes" de una geometría cartesiana, es que estas supuestos arbitrarias constituyen una suerte muy cruda de materialismo filosófico, en correspondencia con una perspectiva ingenua y bestial de la percepción sensorial. Así, para el reduccionista radical, la física matemática en última instancia puede reducirse a una especie de estadística de las impresiones sensoriales interpretadas de forma deductiva. De ahí el patético exabrupto de Isaac Newton: "Yo no hago hipótesis".[20] De hecho, contrario a las más profundas convicciones de los materialistas formales en general y de las diferentes variedades de empiristas, nuestros sentidos, por necesarios que sean, no son más que meras funciones de nuestro organismo biológico. Lo que percibimos, no es el mundo fuera de esos órganos, sino más bien las sombras de la reacción de esos sentidos a algo no percibido, pero que, no obstante, actúa de manera eficiente sobre esos órganos sensoriales. El truco que debemos dominar, si no queremos que nos clasifiquen entre los simios, es: ¿Cómo podemos descubrir esos principios eficientes no percibidos que gobiernan el ordenamiento de los efectos de sombra que se proyectan sobre la pantalla que conocemos como percepción sensorial?[21] La función distintiva de los procesos mentales humanos es la tarea de descubrir medios invisibles mediante los cuales el hombre puede actuar para controlar a voluntad la relación causa–efecto percibida dentro de esa realidad, cuyo reflejo en sombras se percibe. Aquí, el genio de Tales de Mileto, Pitágoras, Platón y Gauss queda de manifiesto según el principio de la hipótesis socrática, como lo muestra Platón. Estas hipótesis se producen como la respuesta de la mente a paradojas ontológicas experimentadas dentro de los confines de los su[uestos del individuo sobre el modo en que "el mundo afuera de la percepción sensorial", no sólo está ordenado, sino que puede controlarse a voluntad. La mente capaz responde a ese desafío de la paradoja generando propuestas de solución que, de ser exitosas, renovarán el control intencional eficiente del hombre sobre el proceso percibido que esa paradoja presenta. A las hipótesis que satisfacen esa prueba experimental de su universalidad relativa, Platón las conocía como poderes o, en otras palabras, como principios físicos universales. Estas son expresiones de esos poderes cuyo reflejo, insisten esos empiristas fanáticos Euler y Lagrange, es sólo imaginario. Como ejemplo, consideren el caso del informe detallado de Kepler sobre el prolongado proceso de su descubrimiento de la gravitación universal. Tres conjuntos de fenómenos paradójicos fueron decisivos para el famoso descubrimiento de Kepler. Primero, las mediciones normalizadas más refinadas de Kepler de las observaciones astronómicas, mostraron que la órbita de Marte, que Tycho Brahe había calculado con menor exactitud, era elíptica, en vez del resultado de trayectorias circulares. Segundo, que el Sol se ubicaba en uno de los dos focos de esa elipse. Tercero, que el movimiento ordenado del planeta en su órbita era constantemente no uniforme. Esto, reconoció Kepler, demostró que el método de Aristóteles había sido incompetente: al sistema solar no lo controlaba un principio constante, simple, tan sólo de "torre de marfil", introducido a priori, sino uno de cambio constante, cuyo descubrimiento motivó a Kepler a asignarle a "los futuros matemáticos" el dominio de las funciones elípticas y el descubrimiento de lo que más tarde demostró ser el cálculo infinitesimal de Leibniz de la acción mínima física universal. La cuestión puede replantearse como sigue. Las órbitas solares no están predeterminadas de una forma sencilla, como se erraron Claudio Tolomeo, Nicolás Copérnico y Brahe. A las órbitas las determinaba un poder invisible patentemente "externo". La prueba de los descubrimientos de Kepler en la astrofísica, asentada de manera permanente por la forma en que Carl Gauss abordo lo del cinturón de asteroides, constituye así una refutación concluyente de los supuestos elementales de todo el método empirista.[22] Algo parecido, es el resultado de los pasos sucesivos de Fermat, Huyghens, Leibniz y Bernouilli, que derribaron el supuesto de torre de marfil del empirista de que la acción sigue la trayectoria mínima de la distancia más corta (en "línea recta"), con la prueba de que la trayectoria es la del menor tiempo (es decir, la de la acción física mínima). Hasta donde los diálogos de Platón se centran en las paradojas que se le presentan al hombre en el curso de su intento por dominar el universo real más allá de sus percepciones sensoriales, la ciencia rechaza toda suerte de definiciones, axiomas y postulados reduccionistas, como los de Euclides o Descartes, como falsos ante la realidad. La ciencia clásica griega desde Pitágoras situaba las cuestiones de método físico matemático en la geometría "esférica", término que los pitagóricos, como Arquitas, asociaban a la práctica de la astronomía, como Kepler y Gauss hicieron en tiempos modernos. De este modo, como doblar el cuadrado y el cubo implican este principio, la singularidad de la generación de los cinco sólidos platónicos define a las mátematicas como arraigadas en una perspectiva constructiva de acción revelada por formas sistémicas experimentalmente reproducidas de desviaciones de las formas sólo esféricas de acción universal, en vez de la extensión estadística lineal. Así, Kepler descubrió el principio de gravitación universal, como lo expresan el Sol y su sistema. Por ejemplo, estudios sobre calendarios astronómicos antiguos, incluso algunos cuyas pruebas internas muestran que vienen de una época prehistórica, llevaron a la humanidad a trabajos griegos antiguos como el de Tales y el de Pitágoras. Algunos de estos calendarios anteriores a los griegos, como los inherentes al diseño de las grandes pirámides de Egipto, o los antiguos himnos vedas, muestran un grado sorprendente de maestría de algunas culturas prehistóricas, al ponerse a la altura del reto de normalizar observaciones, y determinar ciclos, tales como el equinoccial y otros mucho más largos, de los fenómenos celestes. Lo que quiero subrayar es el absurdo de asumir que el desarrollo evolutivo de la ciencia física procede de definiciones a priori del punto y de la línea recta; más bien, para ver el asunto como lo implican los escritos que quedan de los pitagóricos, una versión corregida de los Elementos de Euclides debe comenzar con las cuestiones del libro Décimo hasta el Décimotercero, y presentarlo todo sin recurrir a ningún tipo de definiciones, axiomas y postulados a priori (de "torre de marfil"), como lo plnateaba el colaborador de Benjamin Franklin, Kästner. Por supuesto, el punto de vista reduccionsita, como se impuso de forma arbitraria sobre la física matemática, no es ni un producto de la ignorancia honesta de gente sin cultura, ni un error accidental. Es una mentria; no una simple mentira, sino, como el nazismo y la doctrina de los seguidores del profesor Leo Strauss, una mentira monstruosa, una mentira sistémica. La noción de poderes, como lo ilustra Platón, significa poder alcanzar un principio universal descubrible que existe más allá del alcance de la percepción sensorial y, por ese medio, imponer con éxito nuestra voluntad para cambiar el orden de los fenómenos observados, mediante la acción así informada. La función de la microfísica moderna, como la ejemplifica la verdadera definición ("antimachiana") de Max Planck del cuanto de acción, es una demostración moderna impresionante de la noción de Platón del principio de poderes. La gravitación, como la definió Kepler, como un principio físico universal de intención, es una noción de dicho poder de cambio constante: la intención de Dios. En breve, a continuación, el siguiente asunto provisional. Como la "caverna" de Platón ilustra el razonamiento, la ciencia muestra que el mundo de la percepción sensorial es un mundo de meras sombras de un mundo eficientemente real, que no es "visible" de forma directa para nuestos sentidos. Es sólo mediante nuestra capacidad singularmente humana de cambiar el comportamiento del mundo de sombras por medios volitivos (poderes) no accesibles a la percepción, que sabemos con certeza que el mundo real, invisible, existe como objeto del conocimiento humano. Por tanto, la ciencia competente nunca intentaría discernir a partir de las propias facultades de percepción, ese universo real cuyos poderes de control eficientes gobiernan las meras apariencias sensuales del mundo de sombras. Las formas de definiciones, axiomas y postulados de "torre de marfil" inherentes a la geometría euclidiana, más que a la constructiva, o a la noción empirista de acción a distancia, son intentos por explicar el comportamiento observado del mundo de sombras en términos de supuestos arbitrarios (es decir, definiciones, axiomas y postulados) que pueden parecer "autoevidentes" sólo porque no parecen contradecir el supuesto de que el mundo de sombras es el mundo real. Por tanto, cualquier demostración de nuestro poder volitivo para cambiar al mundo de sombras mediante acciones invisibles para ese mundo, es suficiente ya para probar un absurdo inherente a los supuestos reduccionistas de "torre de marfil". Por consiguiente, aun por definición, los supuestos del reduccionista son inherentemente falsos respecto a la realidad. En consecuencia, la continuación del trabajo de Gauss sobre las nociones de curvatura llevó a Riemman a erradicar todas las definiciones, axiomas y postulados reduccionistas, y a sustituirlos con esos principios físicos universales definidos experimentalmente, con los poderes platónicos, que determinan la acción dentro de ese universo real invisible que se refleja para nosotros como el mundo de sombras de la percepción sensorial. Como mostraré en la siguiente sección de este informe, lo mismo es cierto para los enfoques reduccionistas sobre teoría social y religión, temas centrados en la naturaleza del hombre, en vez del dominio de los procesos no vivos. 2. El principio de Prometeo y la naturaleza humanaEl motivo subyacente de la mentira sistémica de los reduccionistas debería hacerse obvia, si nos detenemos a pensar en el asunto de forma seria. Esa mentira, una vez reconocida, es la clave para entender los problemas principales de la verdadera política en toda la historia conocida de, al menos, Europa y la región adjunta, hasta ahora. El motivo de esa mentria es el tema del Prometeo encadenado del antiguo dramaturgo clásico Esquilo. Es el mismo motivo tras las mentiras desesperadas sobre Platón, y muchos otros temas, de Leo "Leporello" Strauss y los de su calaña. En las pruebas conocidas de la historia de la humanidad, hasta los comienzos de la república de Estado nacional moderno del Renacimiento del siglo 15, todas las sociedades conocidas hasta ahora se basaban en el acorralamiento y asesinato, o el pastoreo, cría y selección de masas de ganado humano estupidizado, bajo el gobierno de unos relativamente pocos oligarcas y sus grupos respectivos de lacayos.[23] El rasgo esencial de esa práctica antigua es el marco del tema de Prometeo que aborda Esquilo. Hoy, esas medidas estratégicas como las de los asociados del señor y la señora Cheney, apuntan a la rápida reducción de la condición de la mayoría de los pueblos del mundo a algo comparable a un rebaño imperial de ganado humano, ganado pastoreado, acorralado y seleccionado de diversas formas por pandillas fascistas como las antiguas legiones de la Roma imperial; legiones desplegadas conforme a la "revolución en los asuntos militares", a nombre de intereses oligárquicos depredadores. Los imitadores contemporáneos del perverso Trasímaco, de los que son típicos los siempre moralmente degenerados seguidores del finado profesor Leo Strauss,[24] representan una tentativa de resucitar la tradición del gobierno oligárquico anterior a la civilización, expresado como la matanza y el pastoreo de la masa de gente a la que se ha degradado a la condición de ganado humano. En breve, como veremos, Dick Cheney y sus gallinazis son tan fascistas como ese césar moderno, Adolfo Hitler. Dicho esto para situar el escenario, regresamos a la antigua Grecia del Prometeo encadenado de Esquilo. Si excluimos el caso de la diosa egipcia conocida en Grecia como Atenea, el panteón del Olimpo es una oligarquía tiránica que el antiguo cronista siciliano de los tiempos romanos Diodoro Sículo atribuye al resultado de una revuelta de los hijos de la concubina de un gobernante local, Olimpia, en la colonia de una cultura marítima atlántica establecida entre los bereberes, en la región del Atlas del norte de África. El relato de Diodoro, una crónica cuyo contenido atribuye principalmente a la tradición oral de los bereberes de su época, coincide en un grado decisivo con el famoso relato anterior de Platón, como el del Timeo, de acontecimientos que se remontan a la fase de las grandes inhundaciones del derretimiento de la glaciación del hemisferio norte. El relato de Esquilo en Prometeo encadenado concuerda de forma sistémica independiente e implícitamente decisiva con las características de la historia conocida de la humanidad de épocas anteriores al Renacimiento del siglo 15. Son esos aspectos indisputables con base a hechos del tema del Prometeo encadenado, y de los retratos heróicos de Johann Wolfgang von Goethe y de Percy ByssheShelley del personaje literario de Prometeo, los que atañen, más allá de cualquier objeción competente, a la cuestión de la veracidad científica como la planteo en este informe.[25] El caso de Prometeo así ubicado, es fundamental para entender el motivo que expresan tales fraudes sistémicos como el empirismo moderno en general, y en particular los fraudes centrales al método empleado por Descartes, John Locke, Adam Smith, Euler, Lagrange, y demás. En todo caso conocido, antes del papel del gran Concilio ecuménico de Florencia que creó las condiciones para establecer las primeras repúblicas de Estado nacional moderno en la Francia de Luis XI y la Inglaterra de Enrique VII, la composición de toda sociedad relevante conocida se basaba en la tiranía de una oligarquía gobernante y su séquito de lacayos. Esos regímenes ejercían su poder sobre masas de la humanidad que eran cazadas como animales salvajes, o pastoreadas, criadas y seleccionadas como rebaños de ganado humano. Es el legado de esos tipos de tiranías bárbaras, como se refleja en la antigua Esparta, o en la gran necedad de la Guerra del Peloponeso en Atenas, o en los antiguos imperios de Mesopotamia y la Roma latina, lo que ejemplifica la causa de esa condición moral relativamente oprimida de la humanidad que el drama de Esquilo Prometeo encadenaso representa. Esta clase de sistema oligárquico es clave para descubrir el origen de esas sectas destructoras de la mente como las del empirismo en general, y las de Descartes, Locke, Adam Smith, Euler y Lagrange en particular. El significado sobresaliente de este drama implícitamente sublime de Esquilo, es su énfasis penetrantemente implícito en el poder específico de las cualidades inseparables de la libertad y el conocimiento humanos. Al ganado que se deja pastar en las llanuras unas cuantas horas al día, sigue siendo ganado. Los hombres que viven así, como ganado, nunca son de veras libres de la condición casi de ganado, una condición degradada que a menudo, neciamente, soportan con un placer momentáneo y con orgullo animal. La libertad de movimiento del cuerpo es importante, pero es de importancia trivial en relación al premio del poder de la mente humana individual para adquirir y aplicar conocimiento. Así, el derecho del hombre al acceso cognoscible al uso del fuego, es emblemático de la libertad humana perfectamente justa de todas las personas. Por tanto, "cuando Adán trabajaba y Eva hilaba, ¿quiénes, pues, eran la aristocracia?" Ese fue el crimen y la culpa colectiva de los opresores de Prometeo, los dioses de la oligarquía del Olimpo. Es, así, el capricho prácticamente instintivo de los lacayos de la clase oligáriquica reinante, que el ganado humano debe contentarse con vivir dentro de los confines de esos placeres y dolores sensoriales propios de la naturaleza del ganado, y no debe disgustársele con su destino dándole el conocimiento de esas cualidades humanas de las cuales ellos mismos llegan a privarse mediante esas formas habituales de estupidez inducida. Didcha estupidez sistemáticamente inducida la ejemplifica el empirismo moderno en general, o el surtido de sectas religiosas lunáticas a las que me referí al inicio de este informe. Las políticas educativas dirigidas a no educar a la juventud "por encima de su futura posición adulta anticipada en la vida", o el entretenimiento seleccionado para hacer que las personas así entretenidas estén contentas con una forma bestial de cuarto caliente procurada por las pasiones mortales ignorantes y sórdidas, expresan la misma perspectiva sobre las "clases inferiores" como ganado humano. Ese instinto perverso inducido de lacayo es la cualidad subyacente que procura obtener el juego de mentiras de Leo Strauss, el juego de volver a los tontos académicos y otros lo suficientemente necios como para aceptar su oferta de dejarlos jugar los juegos de su cancha cabalistica de mentiras, juegos para los cuales el satánico Strauss y sus íntimos definen el campo sobre el cual juegan los embromados, y prescriben las reglas con las cuales los árbitros asignados hacen las suyas y le hacen trampa a los necios. En Prometeo encadenado, a Prometeo lo acusan del supuesto crimen contra los dioses paganos griegos, de hacer accesibles los principios científicos a la práctica de los seres humanos mortales, liberando así a la humanidad de la degradación irremediable, de un régimen de "cero crecimiento"; liberando a hombres y mujeres de la condición de bestias, de ganado humano seleccionado o pastoreado. El Prometeo de Goethe expresa el asunto de la forma apropiada. El Prometeo liberado de Shelley expresa un razonamiento afín. La parte final de En defensa de la poesía de Shelley identifica el principio en cuestión: períodos de la historia en los cuales "el poder [sublime] de impartir y recibir conceptos profundos y apasionados respecto al hombre y a la naturaleza" se acelera al efecto de hacer posible cambios benéficos extensos en el ordenamiento general de la condición humana. En ese ensayo, Shelley señala cómo el principio dialéctico socrático se expresa en la poesía clásica, mediante la metáfora musical y formas afines de ironía paradójica. La cualidad pertinente en dicha poesía es la expresión del mismo poder de la razón creativa, el principio platónico de la hipótesis, expresado en el descubrimiento de principios físicos universales, un acto que muestra la distinción esencial del hombre con respecto a las bestias, y lo pone absolutamente por encima de éstas. ¿Cuál es ese principio subyacente en ese poder de la hipótesis que Shelley refiere a su modo? Ubiquen esa cuestión en el marco del concepto del biogeoquímico Vladimir I. Vernadsky de una noosfera. ¿Cuál es la diferencia en la vida real entre el hombre y la bestia, que constituye el asunto que define el conflicto entre Prometeo y la pandilla de dioses del Olimpo de Zeus? ¿Qué es el hombre?Vernadsky, como científico nuclear (entre sus otros logros), ubica los procesos conocidos de su universo en tres categorías de espacios–fase universales implícitamente multiconexos: los procesos no vivos, los vivos y las facultades noéticas (cognoscitivas creativas) del individuo humano, respectivamente. Hace esto desde la óptica de una noción ampliada de la química física experimental, a la que llamó biogeoquímica. Esa distinción entre lo abiótico, lo vivo y lo espiritual, aunque de importancia peculiar adicional para la ciencia moderna, de cierta forma ya era antigua. La adición de los descubrimientos de Vernadsky a la perspectiva anterior de Platón, Luca Pacioli, Leonardo da Vinci, Kepler, etc., debe llevarnos a pensar de nuevo sobre esta serie de nexos, y a emplear dicho conocimiento de un nuevo modo.[26] Aunque incluso mi conocimiento inicial de este aspecto del trabajo de Vernadsky llegó más de una década después de mis propios descubrimientos originales, diferentes, pero coincidentes, en la ciencia de la economía física, cuando se le reubica en el marco de mi propia comprensión riemanniana de los procesos económico–sociales, cobra un potencial práctico sumamente acrecentado para la humanidad hoy día. Tiene una aplicación prometeica decisiva en la esfera de mi análisis del tema del panteísmo imperial en este informe. En resumen, de modo más simple, hay estados físicos de la naturaleza que no ocurren sino como productos naturales de la intervención de los procesos vivos: la biosfera; pero también hay cambios en los estados físicos de la biosfera que sólo ocurren como productos naturales de una intervención de las facultades noéticas (creativas) singularmente específicas de la mente humana: la noosfera. Por noético, o creativo, debemos entender nuestra intención de promover las cualidades de la generación de hipótesis experimentalmente demostrables, tal como Platón las define, aunque los empiristas, Kant y otros las nieguen. Estas son las hipótesis mediante las cuales los poderes invisibles que gobiernan el universo real se convierten en objeto de la voluntad humana cognoscente. La clase de hipótesis que hasta ahora han sido de nuestro principal interés en este informe, son aquéllas cuya comprobación experimental las define como pensamientos y acciones equivalentes al acto de descubrimiento de un principio físico universal. Estos tres espacios–fase son distintos, pero riemannianos y múltiplemente extendidos uno respecto del otro. Así, si la sociedad proscribe el principio experimental de la hipótesis, como el lema del empirista Newton pretende, y como el Olimpo del Prometeo encadenado lo hace, el hombre se degrada entonces a un estado mental cercano al comportamiento del ganado, del ganado humano. Ese es precisamente el efecto y la intención de las doctrinas reduccionistas de Sarpi, Galileo, Francis Bacon, Thomas Hobbes, René Descartes, John Locke, Isaac Newton, Bernard Mandeville, François Quesnay, David Hume, Adam Smith, Leonhard Euler, Jeremy Bentham, Lagrange, Emanuel Kant, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Laplace, etc. Bajo el imperio de un dogma como ese, la libertad asignada al hombre es la que tiene el ganado para vagar dentro de los confines del pastizal que se le asigna. La perpetuación de esa condición depravada de la humanidad es el propósito del ataque del Zeus olímpico contra el Prometeo inmortal. Como preparativo para el próximo cambio en el acento de mi informe, interpolaré ahora una serie de observaciones, mismas que se limitan sólo a describir el marco de la ciencia física en el cual se ubica esa cuestión decisiva sobre Prometeo, reservándome el razonamiento más completo que se requeriría en un informe diferente, dedicato a abordar a cabalidad esos temas científicos ilustrativos como tales. Como lo demostró Vernadsky para la biosfera, y como lo muestra la noesis para la noosfera, las tendencias a largo plazo son al creciente dominio relativo de la biosfera sobre la Tierra abiótica, y el dominio similar de la noosfera sobre la biosfera.[27] De forma parecida, la evolución del sistema solar con toda su complejidad química impulsada por la fusión nuclear, a partir de una composición relativamente más simple de un Sol que antes giraba a mayor velocidad, presagia una tendencia general semejante dentro del universo, de estados relativamente más simples a estados superiores de organización.[28] De estas consideraciones se desprende que los respectivos tres estados–fase citados corresponden a principios universales que, de manera implícita, siempre existieron en un universo para el cual no hay fronteras, ni afuera, ni arriba, ni debajo, ni antes, ni después. Por tanto, "universo", en una ciencia física coherente con el desarrollo que hace Vernadsky de la noosfera, siempre significa una creación perfectamente autocontenida de tres espacios–fase multiconexos, cuyas leyes universales lo que la química física experimental define como lo abiótico, lo vivo y lo creativo, de forma respectiva existen, existieron y siempre existirán como principios eficientes, en todas partes. Sin embargo, estas leyes están múltiplemente conectadas al efecto de que el universo así definido siempre fue antientrópico, en el sentido de la evolución ascendente de la organización del sistema solar desde sus orígenes como un objeto más joven y relativamente más sencillo, un Sol que gira a gran velocidad. Es cierto que este breve repaso deja interrogantes importantes sin resolver. ¿Toma el espacio–fase abiótico "prestada" su antientropía del espacio–fase de principio definido por la vida per se? La voluntad humana antientrópica, como la expresa el creciente aumento de la densidad potencial relativa de población de la humanidad mediante el uso de principios físicos universales descubiertos y definidos de forma experimental, cambia al universo de un modo antientrópico, de formas que de otra manera no podrían ocurrir. ¿Cuáles son todas las implicaciones de las pruebas limitadas conocidas a ese efecto? Reconocida la pregunta sin resolver, lo que queda claro de la historia del progreso científico tiene dos aspectos. Primero, que al parecer no hay pruebas, que se sepa, que sugieran que el descubrimiento del hombre de nuevos principios físicos aumente de forma intencional el número de principios "originales" primarios del universo. Más bien, así como la acción de los procesos vivos cambia el efecto natural del dominio abiótico, así el intelecto humano, mediante el descubrimiento de principios universales existentes antes desconocidos para esa sociedad (como a través de descubrimientos efectuados únicamente mediante lo que Platón define como hipótesis, como lo representa el referido razonamiento del informe de Gauss de 1799), capacita a la humanidad para descubrir y aplicar estos como formas de principio, hechas por el hombre, de cambios deliberados en la relación entre los procesos del universo. De otra forma: el descubrimiento y uso del hombre de principios universales existentes de antemano, cambia el universo, al poner esos principios descubiertos a disposición voluntaria de la sociedad. Tales cambios cambian así al universo, a ese grado. Mediante este desarrollo, el hombre genera, de forma renovada, principios derivados y sintetizados a partir de los primarios ya existentes. De conformidad con tal perspectiva, Moisés informa, en Génesis 1, que el hombre y la mujer están hechos por igual a imagen del Creador del universo, y se les encargó el manejo de todo, conforme los principios imbuidos en esa Creación. La naturaleza del hombre se define, no sólo por esos poderes que se le han conferido, sino también por su obligación a descubrirlos, usarlos y desarrollarlos. Ese es el significado de la verdadera libertad humana individual. Eso es lo que los malvados olimpos de Zeus prohiben. Esa es la maldad de los olimpos, y de los empiristas, Kant, Hegel, Friedrich Karl von Savigny, Adolfo Hitler, del magistrado estadounidense Antonin Scalia, de los seguidores de Leo Strauss y del sinarquista Alexandre Kojève en general, y de la facción fascista del vicepresidente Cheney en particular. El hombre es la única criatura que puede descubrir esos principios invisibles mediante los cuales puede alterarse a voluntad el orden de las experiencias en el mundo de sombras de la percepción sensorial. Esto que lo diferencia de las bestias es la naturaleza del hombre; esta es la única expresión verdadera y legítima de la libertad humana y, por ella el hombre debe vivir siendo libre. Vean las implicaciones de esta cualidad especial de la naturaleza humana desde el punto de vista de la capacidad de la sociedad para aumentar a voluntad su densidad potencial relativa de población como especie, algo que ninguna especie inferior puede hacer. Contrasten de este modo al hombre con las bestias, que, en el caso de los simios y de los chimpancés jóvenes, son tan caprichosos como cualquier fanático "desertor" de fines de los 1960 quisiera serlo, pero cuya densidad potencial relativa de población está limitada, como si estuviera fija por herencia; o, quizás, restringida, como por dosis de LSD de Aldous Huxley y de la Clínica Tavistock de Londres. Si el hombre fuese alguna variedad de simio, como afirmaban Thomas Huxley y su H.G. Wells, la población humana viva total sobre este planeta no podría haber pasado de unos pocos millones, relativamente, en los límites de las condiciones variables más o menos bien calculadas del último millón de años y pico. Ahora se informa que son más de seis mil millones, lo que refleja un potencial tres órdenes de magnitud mayor que el posible para un simio, o para las monadas de H.G. Wells. Es más, estudios que abarcan el período del último milenio muestran la relación del aumento de la cantidad y la esperanza de vida, con los cambios en el comportamiento humano impulsados por los descubrimientos científicos y otros relacionados. La antigua Esparta, el modelo principal para los Estados fascistas posteriores, limitaba la población, en especial la de los esclavos (ilotas), del modo en que se limita la cantidad del ganado pastoreado, criado y seleccionado. La tendencia hacia un proceso de despoblación de Italia, que coincidió con el auge de la esclavitud, desde fines del siglo 2 a.C. en adelante, en especial bajo el imperio, es un caso de esto, al igual que los aspectos maltusianos del Código de Diocleciano. El sistema feudal siempre fue un producto del mismo propósito imperial implícito de bestializar a la humanidad, expresado en el imperial Código de Diocleciano. El dizque "principio" de laissez–faire, del doctor feudalista fanático François Quesnay, el principio que plagió el lacayo de Lord Shelburne, Adam Smith, se fundaba, de principio a fin, en la determinación de mantener a la masa de la humanidad en la condición de ganado humano pastoreado y seleccionado. El cuasi cátaro Quesnay decía que la ganancia del Estado feudal la generaban los poderes mágicos de nada menos que el título aristocrático del señor feudal en ese Estado, como si perversos hombrecitos verdes bajo las alfombras de la realidad cargasen los dados para hacer ricos y poderosos a algunos hombres, y miserables a otros. De forma parecida, el pro satánico Bernard Mandeville afirmaba que es el poder mágico de la perversidad privada el que produce la ganancia de la sociedad. Adam Smith concuerda; su doctrina de "libre comercio" plagia por igual los disparates de Mandeville, y de los fisiócratas Quesnay y Anne Robert Jacques Turgot. En tiempos modernos, lo que se llama maltusianismo aparece en Della ragion di Stato (1588) de Giovanni Botero, y su traducción al inglés a principios del siglo 17. Ese tema continúa con las famosas Reflessioni sulla popolazione della nazioni (1790) del veneciano Giammaria Ortes), cuya rápida traducción al inglés plagió Thomas Malthus. Estos casos prefiguran el renacimiento del maltusianismo a fines de los 1960, como la política exterior de los EU bajo los asesores de seguridad nacional Henry A. Kissinger (es decir, el Memorando de Seguridad Nacional 200, el NSSM–200) y Zbigniew Brzezinski (Global 2000). Las medidas de "cero crecimiento tecnológico" popularizadas posadolescencia de la "generación del aquí y el ahora", son típicas de la misma política olímpica de inducir a las masas a los hábitos mentales y sociales reservados para el ganado humano. El ritmo acelerado de degradación de la educación pública y superior en los últimos cuarenta años, desde el informe de 1963 de la ODCE del doctor Alexander King en París, es otro ejemplo excelente del mismo propósito bestializante que el empirismo siempre representó de manera implícita, desde sus comienzos. Esto es sólo la mitad de la historia tras el legado del odio de los olimpos contra Prometeo. El individuo humano no es la computadora digital sin alma de La computadora y el cerebro del clón de Bertrand Russell, John von Neumann. La característica del comportamiento individual no es cuestión de estadísticas, sino de elección, referida ésta como la voluntad humana individual. El libre albedrío no es el privilegio de la locura; es, más bien, la experiencia gozoza de liberar a la humanidad de la esclavitud de la ignorancia mediante la obediencia, descubrimiento y adopción de un conocimiento en expansión de los poderes probados, llamado "ley natural", que ya existen en el universo. Es liberar a la humanidad, y primero que nada uno mismo, de las cadenas de la ignorancia popular y las necedades habituales. Vida, muerte, identidad y dramaPara el hombre y la mujer hechos por igual a imagen del Creador, la elección individual la gobierna su sentido de identidad personal. Así, en la trágicamente fallida Dinamarca de legendaria podredumbre, el Hamlet de Shakespeare sucumbe porque, como ese asesino fanfarrón se disculpa en el famoso soliloquio del Tercer Acto, está aterrorizado, no por la idea de morir, sino por el temor de contemplar su propia inmortalidad. Contrasten a Juana de Arco con ese miserable de Hamlet. Como Federico Schiller correctamente entendió a la Juana de Arco histórica, ella expresa esa cualidad de lo sublime. A ella le importaban más las consecuencias de su vida para la humanidad, la manera de gastar los talentos de su vida mortal, aún bajo condiciones terribles, que una prolongación relativamente cómoda de su vida mortal, si ello llegase a convertirse en un fracaso moral en vida a los ojos de Dios, del hombre y de ella misma por igual. La noción cristiana de la imitación de Cristo ejemplifica esa noción de la superioridad del yo inmortal, expresada así por el yo mortal, como habría concedido Juana. A tal respecto, el individuo humano es, en realidad, esencialmente un ser espiritual, en el sentiedo de Vernadsky de noesis. Por espiritual, me refiero a aquellos actos de descubrimiento de esos poderes universales mediante los cuales el hombre conoce y manda sobre ese universo invisible, poderes mediante los cuales podemos, cada vez más, ejercer un dominio sobre las sombras de la percepción sensorial. En el marco de mis comentarios inmediatos en este lugar de mi informe, señalo mi propia relación personal espiritual, como un acto de hacer una hipótesis en el aquí y ahora, cuando podría recurrir a Platón, Arquímedes, Kepler o Gauss, cuyo descubrimiento de algún principio universal estuviese reproduciendo en ese momento. De este modo, en tales ocasiones en que recreo la experiencia de descubrimientos de principios universales, experimento la compresión de un lapso tan extenso como un milenio, o sólo siglos, del modo en que La Escuela de Atenas de Rafael Sanzio lo hace; una compresión de un período de tanto tiempo como siglos, o más, como algo que, relativamente hablando, constituye la experiencia cognoscitiva de prácticamente un instante. La existencia de las relaciones sociales entre la humanidad, consideradas de esta manera, están comprimidas así, de un viaje de siglos, milenios o más, en sólo un momento de prácticamente una simultaneidad de la eternitad. En ese momento, camino y converso, de forma espiritual, con un Platón, un Arquímides, un apóstol San Pablo, una Juana de Arco reales, y muchos otros, o de hecho soy testigo de la Pasión y Crucifixión de Jesucristo, de este modo, casi como si todavía fuesen mortales vivos hoy día, o como si yo viviese en ese tiempo y lugar. Así, este mismo sentido de simultaneidad de la eternidad se aplica, no sólo a cuestiones de la ciencia física, sino que es también la cualidad espiritual que identifica los principios clásicos de la composición artística, a diferencia de todos los otros modos u obras de la llamada composición o interpretación artística. La Oda a una urna griega de John Keats, en una selección del tema que es en sí un acto de genialidad, expresa este principio clásico de manera concisa, precisa y bella. Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, Franz Schubert, Robert Schumann o Johannes Brahms, interpretados como música, y no como notas, trae de nuevo a la vida la personalidad más íntima del compositor, en el tejido vivo de nuestras mentes. Leonardo da Vinci, Rafael Sanzio y Rembrandt cobran vida desde sus más grandes pinturas, en el tejido vivo de mi mente. De forma parecida, la mejor obra de amigos ahora fallecidos, y su propia personalidad, cobran vida activa en mi interior. Esa relación mía, casi intemporal, con la humanidad, es mi verdadera identidad. Ese sentido de identidad personal, como ubicada en una simultaneidad de la eternidad, es mi propósito, mi motivación. He llegado a darme cuenta de que es más o menos lo mismo para todas esas muy contadas personalidades en el derecho, que han dedicado la obra principal de sus vidas a procurar un acto de justicia más perfecto desde el dominio de las admirables y fallidas decisiones de la historia pasada y futura. Para demasiados muchos otros, como el Hamlet de Shakespeare, las cosas se ven de manera diferente. Hay una alternativa entre dos extremos opuestos en el modo en que un estudiante universitario, o un posgraduado en las especialidades de la ciencia física, puede elegir una opinión de lo que él o ella considera conocimiento científico. La opinión de la mayor parte de tales círculos descansa entre los dos extremos: con mayor frecuencia, hasta ahora, inclinándose hacia el lado moral inferior de las cosas. En el más alto de esos polos, prevalece una dedicación a la causa de la Verdad universal por su valor intrínseco. En el mejor de los casos, la cualidad de la dedicación personal prácticada para con la Verdad participa de lo que Federico Schiller definió como lo sublime. En el extremo opuesto, prevalecen los sustitutos de la veracidad, como el "por lo general yo soy una persona veraz, pero tengo que seguir la opinión popular", porque, "si ofendo al maestro, a lo mejor no me gradúo", o, "rebájate y arrástrate si tienes que hacerlo, pero piensa en el bienestar de nuestra familia", o, "a menos que me adapte a lo que son las matemáticas académicas generalmente aceptadas, ciertamente imperfectas, este descubrimiento en el que he trabajado tan duro terminará en el cesto de la basura", o, "tengo que pensar en mi pensión", o, simplemente, el crudo y genérico, "¿qué va a pensar nuestros metiches vecinos?" El sentido de identidad personal del individuo se define en términos del sentido de una relación personal funcional con la experiencia de la percepción sensorial como tal. La persona de cualidades intelectuales y morales inferiores adopta la percepción sensorial como tal, como el lugar de los hitos de un sentido del "yo" en el mundo de sombras de la percepción sensorial. El gran pensador científico, o el gran artista clásico, por ejemplo, utiliza puntos de referencia en el dominio platónico que el proceso noético ubica. La personalidad menos moral ha adoptado la identidad de un hedonista vulgar. En medio de los dos polos se encuentra el típico buen ciudadano actual, una mediocridad intelectual y moral, un hedonista acomodadizo cuyos pensamientos y moral se templan mediante un sentido de respeto impulsado por la culpa, a lo que él o ella imagina que es la ciencia, la decencia y el buen gusto. Ese buen ciudadano es, en esencia, un hedonista, pero a menudo se vanagloria de mostrar lo que cree ha de ser el buen gusto en toda ocasión que requiera una despliegue de "buenos modales". ¿Qué se oculta tras esa máscara? Reconsideren lo que acabo de resumir. Ahora, esta vez, observen por un instante muestras de algunas formas típicamente trágicas de comportamiento en la vida real, o en el drama clásico; y, después de esas muestras, observen semejante comportamiento así ilustrado desde la perspectiva comparativa de lo sublime. Vean entonces por qué un joven genio, Federico Schiller, al igual que William Shakespeare antes de él, eligió el drama y la poesía clásica, con tanto éxito, como la vía para enseñar los principios de la historia real a un público popular. Comiencen, de nuevo, con el caso de Hamlet, y luego reflexionen on alguno de los típicos escapes de la realidad hoy día. Para nuestro primer ejemplo: El Hamlet de Shakespeare carece de la pasión necesaria para tener un sentido de inmortalidad. Cuando enfrenta un desafío que exige un sentido dominante de lo sublime, Hamlet, el asesino fanfarrón, se ve agobiado, como en el soliloquio del Segundo Acto, por la debilidad moral de la voluntad propia de "un esclavo forajido y campesino". Su fiel espada cuelga, envainada, a su lado, pero, de repente, en el momento, su mano ha perdido el valor para tomar la empuñadura. El valor se le escapa, como explica en el soliloquio del Tercer Acto. Su debilidad consiste en que su sentido de identidad personal vive entre los extremos del nacimiento y la muerte mortales, y así su sentido del yo se reduce, en gran medida como el de una mera bestia depredadora, entre los pliegues superficiales de la percepción sensorial mortal; él no siente nada en realidad por ese mundo real más allá de las sombras de la percepción sensorial. Tiene la sensación de que existe un mundo real que acecha "allá afuera", pero para él es como un fantasma. Él se pregunta: "¿Es real?" Y en cuanto esas, sus propias palabras, se le regresan como eco, se desvanece. Hoy, la mayoría de los líderes de las naciones son muy parecidos a Hamlet, o al Felipe II, Posa o Don Carlos de Schiller, o peor. Carecen de ese sentido de convicción personal por asegurar su lugar permanente en la historia, que es el requisito para enfrentar la certeza de la dura realidad. Así, cuando podrían tratar de reunir la convicción necesaria para actuar de forma eficaz contra una crisis sistémica, se desvanecen. Huyen trágicamente de ese reto, por algo similar a un juego de patio escolar, y esperan, aunque con desesperación, como cuando Hamlet marchaba tercamente hacia lo que adoptó como su ruina inevitable, que al ganar alguno de esos meros juegos, o la muerte, por magia compasiva, haría desaparecer la sugerencia de una amenaza inminente de inmortalidad. Nos muestran, de ese modo, que todavía no son verdaderos adultos, sino sólo, como el patético presidente George W. Bush, hijo, almas puerilmente inmaduras cuyas mentes escapan de la realidad hacia el refugio mental de juegos infantiles, como escaparan de la guerra o de la crisis económico–financiera terminal que los ha alcanzado, hacia los juegos deportivos. Se evaden, ya sea de manera simbólica, o incluso literal. Así, como espectadores que huyen del mundo real a la visión de un mundo de fantasía desde los asientos del estadio, esperan con desesperación que la victoria de sus campeones del momento en dichos juegos infantiles, reales o de ensueño, sanará la temible expectativa que les aguarda en el mundo real desgarrado por la crisis, del cual escaparon. Cuando la economía real de los EU se derrumba, se concentran en las alzas temporales de lo que en esencia es un juego irreal, un juego del mercado financiero en imitación del juego de mesa infantil del "Monopolio" y, en sus chanzas, se pregunta uno al otro: "¿Cómo está hoy el mercado? ¿Qu hay de mi dinero?" Reacios a enfrentar la crisis del mundo real, como la turba que perdió billones apostándole a la burbuja de la "tecnología" del lunático Norbert Wiener y el chiflado John von Neumann, tratan de ganar un juego irreal cuyas reglas fantásticas prefieren. La excitación histérica momentánea en torno a un juego de locos de cortes de impuestos en los EU, o a ganar guerras simbólicas inútiles e interminables, ideadas por lunáticos para lugares tales como Afganistán e Iraq, típica de tales fugas de la realidad clásicamente trágicas. Vean tales ejemplos de comportamiento patético como los que Shakespeare y Schiller, y el Esquilo del Prometeo encadenado, presentaban a su público. Shakespeare revela el secreto del drama clásico en las observaciones que hace el Coro directamente al público al principio de Enrique V. Como en la ciencia, lo que se percibe en el escenario clásico no son más que las sombras de una realidad que proyecta un universo real invisible, un universo conocido como la imaginación noética. Como nos advierte el Coro de Shakespeare, los acontecimientos que ocurren en el escenario percibido de esa representación no son más que meras sombras de las sombras de la realidad del drama que Shakespeare pretende mostrar. Este principio de toda ciencia física competente es también el principio que gobierna, no sólo el drama clásico, sino toda la composición artística clásica y, también, todo recuento veraz de la historia y de su ley natural. ¿Despierta ese pensamiento un sentimiento de pavor, de un universo fantasmagórico? Comparen esto con el sentimiento espantoso del estudiante cuyo experimento debe, por primera vez en su experiencia, abordar una presencia eficiente de alguna "cosa" que se vislumbra de manera eficiente en alguna remota pequeñez del dominio microfísico nuclear. Luego, imaginen a un estudioso del trabajo sucesivo de Louis Pasteur y Marie Curie, quien debe discernir la presencia eficiente de la vida con un aparato experimental compuesto de materia no viva. Luego, piensen en la formación de una hipótesis validada de forma eficiente, ubica experimentalmente, ella misma, en los confines de la biosfera, y que expresa un principio de noesis no característico de ningún proceso vivo distinto de la eficiencia de la mente humana individual. Tales sensaciones de pavor deben evaluarse en tres grados sucesivos de aproximación:
Por ejemplo, el Hamlet de Shakespeare, cuyo sentido de identidad se ubica en el mundo de sombras de la percepción sensorial, sabe que los principios existen, pero, para él, están fuera del círculo de la certeza sensorial y, por tanto, le parece pálidos fantasmas apenas percibidos. No puede decirse a sí mismo que no existen, y los siente como un hombre ignorante que se queda pasmado ante la sensación de una gravitación de cuyos principios no tiene ni idea. No obstante, para él, los principios existen sólo en la forma de supersticiones habituales, no como conocimiento. De hecho, para dicha persona, como lo muestra cualquier "fundamentalista" del caso, cualquier superstición enseñada puede suplantar principios universales demostrables mediante experimentos. Hamlet está tan aterrorizado por la inmortalidad, que acallará a ese fantasma precipitándose él mismo en el medio de escape más eficiente de la sensación de esa presencia, incluso con su propia muerte. Así, en tanto la amada Ofelia se aproxima, él expresa el deseo de morir al que lo ha llevado el razonamiento de su soliloquio. Así, la buena interpretación de todo gran drama procede tal como propone el razonamiento del Coro de Enrique V. La función de la inicio del drama, y de su interpretación, debe transportar la mente del público, y también al estado mental de los actores, de una visión de la escena, y desde una sensación del teatro en el cual se realiza la interpretación, a un lugar de la imaginación en el que se desenvuelven todos los acontecimientos subsiguientes. La mente del público y de los actores, procura cada una descubrir un principio que define una unidad que satura al drama que se desenvuelve. De este modo,, como señala Schiller, al adoptar esa mejor posición de ventaja el público sale del teatro como mejores personas de lo que eran cuando entraron. Ningún drama decente se representa nunca como obra de una patética Jane Austen o cosas parecidas, como si fuese propaganda para enseñar ciertas nociones vulgares de "moralidad"; en el entretenimiento popular actual, un despliegue de una inmoralidad más o menos bestial. La moralidad de la composición artística clásica es la del referido ataque de Gauss de 1799 a la necedad común de D'Alembert, Euler y Lagrange. En el drama clásico, esa feliz consecuencia que experimentan público y actores por igual, es el cambio en su sentido de identidad personal hacia la perspectiva de de ver el intercambio entre personas y acontecimientos en escena, lejos de la posición ventajosa de la percepción sensorial como tal, hacia ese dominio de la universalidad en el que los principios universales de hecho existen. La moralidad no es una lista de lo que se debe hacer y lo que no, ni se expresa nunca como una simple lista de "temas particulares". La moralidad es esencialmente una perspectiva, a lo más, un lugar apropiado para un sentido inmortal de identidad personal, lejos de la necedad terrenal que Hamlet expresaba. Lo que la gente prefiere creer así se determina. Así se determina lo que están acostumbrados a hacer, o lo que pueden descubrir la voluntad para hacerlo. Cuando los dioses eran malvadosLa fraudulenta acusación de arrogancia que Zeus le imputa a Prometeo, muestra la naturaleza de la maldad que encarna el panteón de esos dioses paganos. La intención que expresa esa acusación y su ejecución es un miedo y odio legendarios de la oligarquía a la igual semejanza del hombre y la mujer con el Creador. El Olimpo de Zeus expresa, así, el odio satánico de sus imitadores modernos, como los empiristas. Expresa el odio de Frnaçois Marie Arouet Voltaire, Kant, Hegel, Friedrich Nietzsche, H.G. Wells, Bertrand Russell, Martin Heidegger, Hannah Arendt, Leo Strauss y los lacayos de Cheney, contra la idea misma de veracidad. Es también el reflejo actual de la vida real, de la condena de Socrátes por un consejo del Partido Demócrata de la antigua Atenas. Tanto los casos literarios de esta clase, como los de la vida real, expresan formas sistémicas de odio oligárqiuco contra la idea del potencial del individuo humano para hacer hipótesis veraces, ese poencial que, por sí solo, ubica a la humanidad aparte de las meras bestias, ese potencial que constituye el principio activo de la semejanza de la persona individual con la personalidad soberana del Creador. El principio de la tragedia clásica en la vida real, que plantean los casos legendarios e históricos combinados, tiene esencialmente dos aspectos. Primero, el panteón legendario de esos dioses constituye la imagen apoteósica de cualquier oligarquía gobernante similar, y también de su séquito de lacayos asistenes. Segundo, los tontos que, aún hoy, se someten por cobarde precaución a una forma imaginaria o real de semejante oligarquía, diciendo que el dominio constante de tales poderes era inevitable, se han transformado, por ese hecho, en nada mejor que ganado humano y, de ese modo, invitan a la destrucción de su nación, para que caiga sobre ellos mismos. Así como la trágica ciudadanía de los EU, sometida a la alternativa demente entre dos aspirantes para las elecciones presidenciales de noviembre de 2000 Gore–Lieberman y Bush–Cheney, o simplemente no votar, los "vices", de forma paradójica, han mostrado ser desde entonces igual de malvados en los tres casos. Esa, mis amigos, es la verdadera tragedia, el padecimiento clásicamente trágico de una ciudadanía estadounidense culpable de cometer opinión popular. El modelo olímpico trágico de un orden de cosas oligárquico, tiene su eco en la costumbre de la turba jacobina de la vida real de hacer un insulto satánico, con su gorro frigio, contra el Creador. Puede reconocérsele en el tribunal jacobino real condenando a muerte al gran Antoine Laurent de Lavoisier, con las palabras espetadas de la boca de un agente de la Oficina de Relaciones Exteriores de Bentham: "La revolución no necesita hombres de ciencia". Se exhibe como la orgía de las Furias legendarias en los líderes jacobinos de la vida real, cortándose la cabeza unos a otros. Es el bandido común de la vida real en Europa, el otrora agente de Maximilien Marie de Robespierre, Napoleón Bonaparte, en sus alborotos cesaristas, como los de los lacayos del bandido fascista Dick Cheney en la desvergonzada carnicería y saqueo de cualquier nación del mundo a su alcance hoy. Es el casi irreal procurador general Ashcroft imitando el dogma jurídico fascista del Carl Schmitt de la Alemania nazi, mientras que, según la leyenda actual, unge su automaldecida cabeza con aceite marca Crisco. Es la encarnación de cada maldad desenfrenada, oligárquica y en extremo necia de la vida real. A ese respecto, la crónica de Diodoro sobre los orígenes del Olimpo es provocativamente veraz. Como han puesto de relieve este hecho Esquilo, Goethe, Shelley y otros notables, la persecusión de los olimpos contra Prometeo no es un mito ocioso. Es uno de los hechos verdaderos más esenciales de toda la existencia humana conocida. Es también una receta activa, como lo fue para Adolfo Hitler, para degradar a los hombres y mujeres a la condición de ganado humano, y matar a los seleccionados para desecharse del rebaño humano. Ess es lo que Dick Cheney y esa banda de lacayos fascistas conocidos como neoconservadores están en proceso de intentar hoy. Lo peor de todo no es lo que Cheney y compañía le tienen asignado a los seres humanos dentro, así como fuera de estos EU; lo peor es lo que los cómplices religiosos de Cheney pretenden inducir a sus víctimas, en especial a nuestros ciudadanos, a hacérselo a sí mismos; eso, en nombre del "fundamentalismo" fascista panteístico que he señalado desde el comienzo de este informe. Fuera suficiente convencer a los necios de creer en semejante forma de religión "fundamentalista" fascista panteónica, para reclutarlos ya ya como tropas de choque fascistas. El mecanismo mediante el cual se intenta ahora lanzar ese fascismo panteístico, puede catalogarse de forma útil como "demencia teológica sistémica de masas". En otras palabras, representa una forma pagana de panteón, como el de la antigua Roma imperial, o el programa de H.G. Wells y Bertrand Russell de "La conspiración abierta", ahora en marcha, para crear un gobierno mundial mediante guerras preventivas o el terror nuclear. Las mecanismos involucrados en esas malvadas empresas se entienden mejor desde arriba, adoptando, como hago aquí, la posición ventajosa de mi aplicación de un enfoque riemanniano a la esquematización sistémica de una cultura, en términos del conjunto de hipótesis del caso que la fundamentan. Para fijar el marco para lo que ha de presentarse aquí, comiencen con un conjunto hipotético de una serie de principios físicos universales del universo, tanto conocidos como por conocer. Aunque en realidad sólo conocemos algunos de toda esa serie de principios, y eso de forma muy imperfecta, no estamos indefensos. Por ejemplo: sabemos que mucho de esto no lo conocemos. Por otro lado, hemos descubierto que muchos de los que suponíamos eran principios, resultaron ser falsos. También sabemos, como en el caso del fraude conocido como empirismo, que a las sociedades las han llenado de supuestos axiomáticos que no sólo eran falsas en cuanto a los hechos, sino falsedades premeditada y maliciosamente insertadas en la serie de lo que se convirtió en supuestos subyacentes ampliamente aceptados. En el caso anterior, debemos hablar de supuestos malintencionadamente falsos. En suma, la trágica cultura trasatlántica que examinamos es un sistema axiomático mixto, que no sólo carece de muchos principios universales veraces aún por descubrir, sino que incluye supuestos falsos, entre los que se encuentran algunos importantes incorporados con mala intención. La inclusión de esta última clase de supuestos falsos con una autoridad implícitamente axiomática, define una cultura clínicamente demente. El sistema nazi derivado del existencialismo de Hegel y Nietzsche fue una de tales culturas dementes. Aun peor que los nazis, es la forma existencialista de panteón "fundamentalista" propia de de la base política principal de Dick Cheney. Hay que considerar a ésta peor que los nazis, en parte porque ha utilizado, y pretende hacerlo, el arsenal de armas nucleares. Es peor también por razones más profundas. Las armas nucleares pueden destruir los cuerpos de los hombres; el delirante sistema panteónico, que constituye un elemento fundamental de la base principal de Cheney, destruye tanto cuerpos como almas. La distinción decisiva de ese sistema axiomático fascista es su origen francamente sintético, como lo prueba la literatura fascista de los círculos del fascista Leo Strauss y su compinche el sinarquista Alexandre Kojève. No sólo repite muchos de los peores aspectos de culturas del pasado, sino que estudia esos precedentes del modo en que un laboratorio de armamento militar utilizaría un ya de por sí peligroso agente infeccioso como base para desarrollar uno mucho más mortal. La maldad que contiene tal patógeno seleccionado del pasado, se usa como modelo para crear una forma de agente cultural con la intención de que sea más malvado que cualquiera del pasado. Así, sin más pruebas que su propia intención copiosamente expresada, la pandilla de Cheney es más perversa que la de Hitler, del modo que la misma espera ansiosa poder demostrárnoslo "como el perro antes de morder el hueso", por así decirlo. La maldad esencial de ese sistema se ubica en una especie de caldo de cultivo cultural de oligarquismo y panteísmo, que incluye estratagemas de guerras religiosas genocidas sacadas, principa | ||||||||||
